GRABADO DE SAN MIGUEL EXCELSIS

Naiara Ardanaz Iñarga
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

La devoción a San Miguel Arcángel, bajo la advocación del ángel de Aralar, gozó en su santuario, desde la Edad Media, de la predilección y protección de los reyes y nobles. Sin embargo, ésta pareció languidecer en los siglos de la Edad Moderna. Fue a partir de 1750 cuando D. Juan Lorenzo de Irigoyen y Dutari, prior de Velate, dignidad de la catedral de Pamplona, actuó como apoderado del marqués de Viana, Caballero profeso del Orden de Santiago del Consejo de su Majestad, su Secretario Agente y Prior General en la Corte de Roma, que estaba casado con María Josefa González Cosío. Dicho marqués era padre, tutor y curador de Troyano Norberto de Viana y Eguíluz, chantre y abad de San Miguel de Excelsis y patrono del santuario. D. Juan Lorenzo de Irigoyen prácticamente intervino como patrono, haciéndose por iniciativa suya cuatro obras importantes: la construcción del camino del santuario, el arreglo de la cruz relicario de San Miguel, la limpieza y restauración del retablo de esmalte y la composición de la historia de San Miguel.

Esta última, labor encomendada al padre capuchino Tomás de Burgui, y fue la más costosa de todas. Debido a la escasez de medios de financiación del prior, su publicación se retrasó once años, hasta que, siendo obispo de Pamplona, recurrió al mecenazgo del chantre Troyano Norberto de Viana y Eguíluz, entonces marqués de Viana y abad de San Miguel de Excelsis. Al comienzo de esta obra, en el tomo primero, encontramos el presente grabado de la aparición de Arcángel San Miguel en el monte Aralar. Éste no fue realizado para esta edición, sino que se reaprovechó uno anterior, encargado por el marqués de Viana, José Antonio de Viana y Eguiluz, que residió en Roma como agente de Su Majestad y atribuyó al arcángel San Miguel el nacimiento de su hijo, Troyano Norberto, siguiendo el consejo de encomendarse al arcángel para tener descendencia, dado por un sacerdote navarro residente en la misma ciudad. 

Asimismo, esta devoción por el santo ángel le llevó a obtener del Papa una de las dignidades de la catedral de Pamplona, y la dispensal correspondiente, por tener su hijo en el momento de la concesión tan sólo once años, circunstancia que escandalizó al cabildo pamplonés por violentar sus privilegios y las normas establecidas por el Concilio de Trento. La dignidad obtenida por el marqués no fue una cualquiera, sino la de la Chantría, a la que le correspondía el abadiado del Santuario de San Miguel de Excelsis de Aralar. Es entonces cuando entró en juego la persona de don Juan Lorenzo de Irigoyen, que había residido en la corte romana hasta hacía bien poco y tomó parte en las trámites de toma de posesión de la dignidad, el 8 de mayo de 1748, y ejerció como poder habiente del menor.

El marqués, en agradecimiento, encargó la lámina a tres artistas hispanos que se estaban perfeccionando en Roma, tal y como aparece en el grabado: “creado por Francisco Preziado, dibujado por Michael Fernández, y grabado en Roma por Michael Sorello en 1749”.
 


 

Curiosamente, el grabado recoge la concesión de indulgencias por el Cardenal don Ventura de Córdoba y por el obispo de Pamplona don Juan Lorenzo Irigoyen, es decir en fecha posterior al año 1768, cuando se inició el pontificado de este último. Esto hace pensar en un regrabado de letras.

La estampa se decoró con motivos arquitectónicos clasicistas, a modo de retablo. En el basamento encontramos los escudos del marqués de Viana y su esposa, dejando de manifiesto la identidad del donante oculta con la escueta frase de “la dedica un devoto al arcángel” y sobre esta una cartela en la se narra la leyenda de don Teodosio de Goñi:

“Verdadero retraro de la milagrosa imagen de S. Miguel de Excelsis venerada en la cumbre del monte Aralar del Reino de Navarra y aparecida allo al noble y arrepentido caballero D. Teodosio de Goñi natural del mismo Reino año de DCCVIV en que haciendo penitencia con una argolla y cadena de hierro, por mandado del Papa, y viéndose acometido de un Dragón espantoso implorando el auxilio del ARCANGEL S. MIGUEL experimentó luego su protección favoreciéndole el cielo con su imagen milagrosa, quedando sepultado el Dragón rotas las cadenas y perdonadas sus culpas”.

Sobre el basamento se sitúan dos pilastras lisas decoradas únicamente con dos cartelas ovales, pendientes de unos lazos, acompañadas por unas palmas y filacterias donde se recoge el contenido de la escena que se reproduce en la cartela. En el de la izquierda la aparición al ermitaño a don Teodosio anunciándole la supuesta infidelidad de su esposa y en el de la derecha el encuentro de don Teodosio con su esposa tras haber asesinado a su padres, escena que aparece recogida en otra cartela más compleja en el remate concluida con una venera y de donde salen dos guirnaldas de flores y frutas a los lados acompañados por la presencia de dos pequeños ángeles que portan los atributos del arcángel: la espada flamígera de soldado y la balanza de la psicostasis o del pesaje de las almas.
 


 

En la parte central del grabado encuadrado en un marco con orejetas, motivo decorativo propio del XVIII, observamos al arcángel San Miguel, sin alancear o amenazar con una espada al dragón, como era habitual, sino siguiendo la rara iconografía de la imagen del ángel de Aralar sosteniendo sobre su cabeza la cruz con unos volados ropajes. A sus pies, se encuentran el dragón y Teodosio arrodillado vestido de penitente y con las cadenas rotas en el suelo.

Algunos investigadores han interpretado esta escena en el contexto de la rebelión y expulsión de los ángeles caídos por parte de San Miguel príncipe de las milicias celestiales, por el signo de poner la cruz sobre la cabeza como gesto que era, en la Edad Media, de acatamiento, en este caso de la Encarnación y muerte de Jesucristo.



 

La iconografía de San Miguel de Aralar se difundió y está presente tanto en lugares cercanos como las parroquias de Iturmendi o Huarte Araquil, o relacionadas con la leyenda como Goñi. Así mismo las historia fue plasmada parcial o totalmente en tablas como las conservadas en el Museo de Navarra u otras, en las que el pintor, probablemente Andrés de Mata, que también trabajó en alguna de las citadas parroquias, se inspiró en los grabados recogidos en el libro de San Miguel de Excelsis antes mencionado, realizados por el pintor Pedro de Rada, el tallista Silvestre de Soria y el grabador Manuel de Beramendi, junto con dos grabados de algunos grabados por el madrileño Juan Antonio Salvador Carmona, el mejor grabador español del momento, siendo el medio por el que se realizó la difusión y perduración de la devoción fuera del territorio del reino de Navarra.

Bibliografía:
Arigita y Lasa, M., Historia de la imagen y santuario de San Miguel de Excelsis, Imprenta y Librería de Lizaso Hermanos, Pamplona, 1904
Burgui, T. (O.F.M. Cap.) San Miguel de Excelsis representado como Príncipe Supremo de todo el Reyno de Dios en cielo, y tierra, y como protector excelso aparecido y adorado en el Reyno de Navarra. Libro primero, en que se representan las perfecciones de este espiritu supremo ... Oficina de Josef Miguel de Ezquerro ..., Pamplona, 1774
Fernández Gracia, R., “Iconografía moderna de los bienaventurados”, Signos de identidad histótica para Navarra, t. II Biblioteca Caja de Ahorros de Navarra. Pamplona 1996
García Gainza, M.C., “El Santuario de San Miguel de Aralar”, El Arte en Navarra, 1, Del arte prehistórico al románico, gótico y renacimiento, Diario de Navarra, Pamplona, 1994
Goñi Gaztambide, J. Historia de los obispos de Pamplona s.XVIII, t.VIII, Eunsa, Pamplona, 1989
Uranga Galdiano, J.E e Iñiguez Almech, F., Arte medieval navarro, t.1, Arte prerrománico, Aranzadi, Pamplona, 1971