UN RETRATO DE UN ILUSTRE NAVARRO EN LA CATEDRAL: 
DON JUAN MIGUEL MORTELA Y CIGANDA, ARCEDIANO DE BERBERIEGO EN LA CATEDRAL DE CALAHORRA

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

El canónigo navarro don Juan Miguel Mortela, se va perfilando como una figura capital en el desarrollo de las numerosísimas obras artísticas realizadas en la catedral de Calahorra entre 1730 y 1770. Según su propia declaración, las rentas que percibió por sus cargos eclesiásticos, que no fueron pocos y suculentos, –arcediano de Berberiego, canónigo calagurritano, vicario diocesano, subcolector de espolios, vacantes y medias annatas eclesiásticas y prior de Falces- las dedicó al aumento del culto divino y adorno de la catedral de Calahorra y de las parroquiales de Lumbier y Falces. Con los ingresos personales adquirió numerosas tierras en Navarra y estableció un mayorazgo a favor de sus parientes de Lumbier, en donde costeó una gran casa.

Nació en Sorauren en 1687. No sabemos dónde estudió, ni apenas nada de su meteórica carrera. Sin duda el contacto con importantes personalidades y destacados ambientes, le llevaron a su afición por las bellas artes y, particularmente, por la pintura. En fecha que no conocemos, fue ordenado presbítero en la diócesis de Pamplona, posteriormente llegó a ser secretario del obispo de Calahorra don José Espejo. Fue nombrado canónigo de Calahorra y arcediano de Berberiego, dignidad de aquella catedral, en 1724. Gozó asimismo de un beneficio en la parroquia de Badostain y, en 1738, fue designado, con la anuencia del marqués de Falces, prior de su parroquial. Sus viajes a Madrid están documentados, al menos desde 1729, en que obtuvo unas Dimisoriales de su prelado don José Espejo y Cisneros, obispo de Calahorra, caballero de Santiago y señor de la villa de Arnedillo, dirigidas al primado de Toledo, ante la necesidad que Mortela tenía de ir a la capital de España y otras partes del arzobispado de Toledo. En 1752, a instancias del marqués de la Ensenada, volvió a la Villa y Corte, como veremos más adelante, al tratar de la imagen de la Inmaculada que obsequió para que fuese la titular del retablo y capilla en donde él mismo sería sepultado.

De su espléndida colección de pintura, enriquecida con cuadros que él mismo adquirió y otros que le cedió el cabildo calagurritano, como premio a sus desvelos en las obras catedralicias, nos da cuenta Gutiérrez Pastor, figurando en ella obras de Escalante, Rafael, Ribera, Cotto, Maratta, Murillo y Palomino. De su múltiple labor como promotor, supervisor o como mecenas en la seo calagurritana ha tratado Ana Jesús Mateos. La documentación que nos ha quedado de obras como el retablo de la Inmaculada o del retablo de los Mártires o del trascoro y de cuantos intervinieron en aquellos proyectos, resulta, cuando menos, sorprendente, por la cantidad de datos que nos proporciona. Por lo que respecta a la parroquial de Falces, reedificada en su tiempo, no se han hecho estudios que nos hablen de su labor, aunque sí sabemos que su intervención en la adjudicación de los retablos colaterales a Juan Tornes fue decisiva. Es muy posible que la decoración que llevó a cabo en la sacristía de Falces el aragonés Francisco del Plano, en 1738, a lo largo de ciento trece días, se debiese a la indicación del propio Mortela, teniendo en cuenta que el citado pintor acababa de realizar el programa decorativo al temple de la sacristía de la catedral de Calahorra, bajo su estricta vigilancia.

En Lumbier costeó para el mayorazgo que fundó en la villa navarra de Lumbier, fue la nueva casa, denominada como casa Antillón, uno de los edificios más interesantes de la localidad, cuyas cuentas de construcción en el tercer cuarto del siglo XVIII, se han conservado completas. Las benedictinas de Lumbier, hoy en Alzuza, conservan el famoso cuadro de la Inmaculada del pintor cordobés Juan Antonio Frías Escalante, firmado en 1666 que perteneció a Mortela y fue donado por las hijas de don Benito Antillón a las monjas en 1840.


Retrato de don Juan Miguel Mortela. Catedral de Pamplona
 

En la catedral de Pamplona se conserva su retrato. Posiblemente proceda de la propia casa de su mayorazgo en Lumbier o fuese un regalo a algún capitular de Pamplona de otros tiempos. Lo más probable es que se trate de un legado a la catedral de las hermanas Antillón que eran poseedoras del mayorazgo de Mortela en el siglo XIX, pues otras pinturas de la catedral pamplonesa poseen alguna inscripción alusiva a las citadas hermanas. El aparatoso lienzo, de grandes dimensiones, cuenta con una hermosa cartela y una inscripción dentro de ella, en donde se recogen sus principales cargos y la fecha y lugar de nacimiento.


BIBLIOGRAFÍA
GUTIERREZ PASTOR, I,: “Don Juan Miguel Mortela y el origen de la Inmaculada de Escalante en las MM. Benedictinas de Lumbier”. Actas del I Congreso General de Historia de Navarra. Vol. VI. Príncipe de Viana (1988) Anejo 11, págs. págs. 229-234
MATEOS GIL, A.J.: “La influencia artística de Juan Miguel Mortela en la catedral de Calahorra”. Kalakorikos (1996), págs. 69-84
FERNÁNDEZ GRACIA, R.: La Inmaculada Concepción en Navarra. Arte y devoción durante los siglos del Barroco. Pamplona, Eunsa, 2004, págs. 299-308.