UN BELÉN CONVENTUAL EN LA COLECCIÓN ARRESE DE CORELLA

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

La historia del belén en Navarra forma parte de un conjunto de tradiciones, en torno a la Navidad, que hay que interpretar, correctamente, como manifestaciones de la personalidad espiritual y cultural de un pueblo, sumergiéndose en el alma de un grupo humano e intentando redescubrir un poco de su identidad, definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura. Precisamente por ello, algunos belenes constituyen verdaderos bienes culturales y pueden resultar específicamente aptos, como condensadores de estos valores, por su presencia material y singular, ya que frente al carácter incorpóreo de algunos elementos culturales, la escenografía de un belén tradicional y popular, constituye un objeto físicamente concreto, revestido de un elevado valor simbólico, que asume y resume el carácter esencial de la cultura a la que pertenece.

Navarra no permaneció ajena a la difusión del belén en tierras europeas y en otras regiones españolas, a partir del siglo XVII. La nobleza y, particularmente, algunas instituciones religiosas se esmeraron por poseer destacados conjuntos, algunos de los cuales se han conservado y constituyen hoy un magnífico referente del arte belenístico en los siglos del Antiguo Régimen. 

Los primeros montajes tridimensionales del nacimiento de Cristo, que eso es precisamente un belén, fueron en Navarra los de las Carmelitas Descalzas de San José de Pamplona, en el primer tercio del siglo XVII y el de los Jesuitas de la misma ciudad, a mediados de aquella centuria. El mejor ejemplar de los conservados es el monumental belén de las Agustinas Recoletas de la capital navarra que llamó poderosamente la atención en con motivo de la procesión de inauguración de la capilla de la Virgen del Camino, en 1776. 

Se conservan obras del siglo XVIII muy destacables, especialmente en vitrinas o escaparates, así como un conjunto en madera policromada realizado por el escultor Juan José Vélaz en 1825 para la parroquia de Mendigorría. Capítulo especial merecen todos los barros murcianos que se importaron en el siglo XIX, cuando el belén se popularizó en los hogares de pueblos y ciudades.




Campana con la Epifanía de la Colección Arrese de Corella, procedente de las Carmelitas de Araceli, siglo XVIII


Presentamos en la ilustración que acompaña a este texto un fanal que contiene en su interior un bello conjunto que se exhibe en la Colección Arrese de Corella y procede del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Araceli de la misma ciudad. La escena compone una Epifanía en miniatura, dentro de una campana de vidrio, con figuras de barro y terracota de delicada factura, adquiridas fuera del convento o realizadas con ayuda de moldes por las propias religiosas. Al respecto hemos de recordar que dos conventos femeninos de clausura, las Carmelitas Descalzas de Araceli de Corella y las Capuchinas de Tudela han sido los dos grandes centros de vida contemplativa ligados a la religiosidad popular en la Ribera de Navarra. No es casualidad, ni mucho menos que en ambos se hayan conservado delicados escaparates, los de Corella actualmente en la Colección Arrese y los de Tudela in situ. De Corella salieron en el pasado muchísimas figuras de barro ya policromadas de numerosos santos, tanto de la Orden como de advocaciones populares. Los seculares moldes, muy destrozados por su uso y el paso del tiempo, dan buena fe de ello. Entre las capillitas de artesanía conventual que las hijas de Santa Teresa distribuían entre sus devotos, se encontraban las de San José, la Virgen del Carmen, la Virgen de Araceli, San Miguel arcángel, amén de otras como San Sebastián, Santa Teresa, San Juan de la Cruz o el Niño Jesús. La contemplación de la campana de cristal que contiene la Epifanía y el escaparate que presentamos, la acompañamos de un villancico que aún interpretan las religiosas a la subida al coro en la Nochebuena.
 

Zagalas del Carmelo,
corramos, corramos a Belén,
pues ya están en la cueva, 
la Virgen y San José.
Zagalas del Carmelo,
corramos, corramos a Belén,
hacerles compañía,
con la mulita y el buey.
El portalico sucio estará,
el bendito Santo lo limpiará
no le dejemos este quehacer,
pues todas a porfía,
con grande y viva fe, 
e inundadas de gozo,
lo hemos de barrer.
Está la Virgen en oración, 
muy elevada en contemplación, 
pues que la hora se acerca ya,
la rodean los Ángeles,
que harán la corte al Niño Rey,
también tus zagalitas, 
le harán detrás de la mula y el buey.
Zagalas del Carmelo…..