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20 de marzo de 2013

Ciclo de conferencias

ARQUITECTURA SEÑORIAL Y PALACIAL DE PAMPLONA

Nuevas mansiones y espacios urbanos para la burguesía pamplonesa

D. José Javier Azanza López.
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

El tema propuesto nos da pie a responder a tres cuestiones ya formuladas en su enunciado.

Primera: ¿Quiénes habitan estas mansiones? Una nueva clase social: la nueva burguesía pamplonesa.

En un contexto de crecimiento y elevada densidad demográfica, en la segunda mitad del siglo XIX asistimos en Pamplona al surgimiento de una burguesía de provincias compuesta básicamente por tres grupos sociales procedentes del ámbito de la abogacía y la política, de la actividad financiera, y del sector industrial y empresario, todavía incipiente. Para esta nueva burguesía, la esfera pública constituía un importante marco de cohesión: círculos, cafés y casinos por una parte, y asociaciones culturales, caritativas y religiosas, por otra, eran lugares de encuentro donde el ocio compartía espacio con el negocio. Y, en esta conciencia de clase, entra también en juego la casa. Qué duda cabe que, entendida como espacio donde actúa el individuo, la casa comprende una dimensión privada; pero, al igual que ocurría en siglos pasados, manifiesta al exterior la prosperidad social y económica de su propietario. Desde este punto de vista, una buena parte de los miembros de la burguesía pamplonesa, escogerá el Ensanche interior como lugar de residencia, para proyectar una imagen de pertenencia a una nueva clase social. Contemplemos por tanto el Ensanche como un ámbito urbano de cohesión social, de conciencia de grupo de esta nueva burguesía.

Segunda: ¿Dónde se construyeron estas mansiones? Un nuevo espacio urbano: El Ensanche Interior.

Emplazado en el espacio comprendido entre Ciudadela y Taconera, el denominado Ensanche interior resultó atípico por su carácter intramural que no llega a desbordar los límites amurallados de la ciudad; por las dos zonas militar y civil que lo componían; y por el escaso desarrollo en superficie de la zona civil, configurada por una fila de seis manzanas distintas entre sí. Fue el arquitecto municipal Julián Arteaga quien diseñó el proyecto y redactó las Condiciones de enajenación de los solares, que abarcaban aspectos tanto de tipo administrativo como urbanístico y arquitectónico. La sensación de limpieza e higiene, el afán de monumentalidad, y la búsqueda estética de la belleza, constituyen los grandes principios que definen la arquitectura del Ensanche desde el instante mismo de su ejecución, tanto en los edificios públicos como en las viviendas de pisos y en las residencias burguesas unifamiliares. Algunos aspectos así lo certifican: se modifica la normativa urbana para autorizar la construcción de edificios en atención a su aporte decorativo y monumental; se enmascaran al exterior los edificios de uso industrial, dotándolos de cierto porte noble; y se emplean similares conceptos en los inmediatos cuarteles para no desdecir del entorno urbano en que se levantan, tal y como comprobamos en la memoria descriptiva del autor del proyecto de los cuarteles, el comandante de ingenieros y navarro de Sangüesa Antonio Los Arcos.
 

Vista general del Ensanche, 1903

Vista general del Ensanche, 1903
(Archivo Municipal de Pamplona)

 

Tercero: ¿Cómo son estas mansiones? Un nuevo lenguaje arquitectónico: el Eclecticismo.

Al igual que en la mayoría de las ciudades españolas, también en Pamplona el Ensanche servirá de marco para el florecimiento de una variada arquitectura protagonizada por el Eclecticismo, corriente que constituye el fenómeno más sugestivo de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Se trata de un tipo de arquitectura que no se inspira únicamente en un modelo puro, sino que actúa con absoluta libertad a la hora de fusionar en un mismo edificio diferentes lenguajes arquitectónicos. Son obras que no habían sido vistas nunca en la historia de la arquitectura, en las que se pone a prueba el talento del arquitecto que escoge el camino de lo desconocido; por ello son más estrepitosos los fracasos en esta línea pero, por la misma razón, la arquitectura más fresca del siglo XIX vendrá de su mano.
 

Vista general del Ensanche, 1908

Vista general del Ensanche, 1908
Aquilino García Deán
(Archivo Municipal de Pamplona)


Vayamos cerrando por tanto el círculo, o mejor dicho, el triángulo: una nueva clase social, un nuevo espacio urbano, un nuevo lenguaje arquitectónico. En efecto, el Eclecticismo gozó de la predilección de la burguesía urbana pamplonesa para la construcción de sus conjuntos residenciales; no en vano, los ideales estéticos que lo presidían, con una marcada tendencia a la ampulosidad, se muestran sumamente ilustrativos de la categoría social de sus propietarios. Políticos, banqueros y hombres de negocios abrazaron el proyecto ecléctico por resultar acorde con sus intenciones de apariencia y monumentalidad, a la vez que lo asumían como prueba de modernidad y puesta al día en materia arquitectónica. Así queda de manifiesto en algunos edificios que analizamos, tanto en su decorativo aspecto exterior, como en su acertada distribución interior: la actual Cámara de Comercio (proyecto de Florencio Ansoleaga, 1891); Nemesia-Enea, residencia particular del alcalde Joaquín Viñas Larrondo (Julián Arteaga, 1899, desaparecido); y el edificio de viviendas sede de la Escuela Municipal de Música (Manuel Martínez de Ubago, 1900).
 

Edificio de la Cámara de Comercio

Edificio de la Cámara de Comercio (Florencio Ansoleaga, 1891). Exterior

Edificio de la Cámara de Comercio

Edificio de la Cámara de Comercio (Florencio Ansoleaga, 1891). Interior

Edificio de la Escuela Municipal de Música

Edificio de la Escuela Municipal de Música
(Manuel Martínez de Ubago, 1900). Exterior

Edificio de la Escuela Municipal de Música

Edificio de la Escuela Municipal de Música
(Manuel Martínez de Ubago, 1900). Vestíbulo


Edificio de la Escuela Municipal de Música

Edificio de la Escuela Municipal de Música
(Manuel Martínez de Ubago, 1900). Vestíbulo