De todos los premios que ha recibido a lo largo de su carrera profesional, ser, junto con su esposa, padre de ocho hijos y abuelo de veintiséis nietos, es el primero en la lista de Leopoldo Gil. El pasado 11 de mayo, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le nombró académico correspondiente por Navarra.
El arquitecto, que ha dedicado su carrera profesional a la restauración de monumentos de la Institución Príncipe de Viana, así como a la docencia en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, es el cuarto académico correspondiente nombrado para esta provincia.
Una familia de arquitectos
La arquitectura ha estado presente en su vida desde que tiene uso de razón. Su padre, Leopoldo Gil Nebot, dirigió la Escuela de Arquitectura de Barcelona —donde Gil Cornet inició sus estudios— y años después la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, donde el nuevo académico se graduó en la novena promoción.
Tras licenciarse, Leopoldo se interesó por la docencia, contagiado, como tantos otros compañeros de carrera, por el arquitecto Curro Inza. Impartió clases de Historia de la Arquitectura en la Escuela de la Universidad de Navarra y a partir de 2000 de Restauración y Rehabilitación de la Arquitectura.
El arte de conservar el patrimonio
Los académicos correspondientes de esta institución artística de referencia nacional son personalidades destacadas en el ámbito del arte, la cultura, la ciencia o la literatura que actúan como representantes y enlaces de una institución en sus provincias o países.
A lo largo de su trayectoria, Leopoldo Gil ha intervenido en numerosos proyectos de restauración monumental ubicados en Navarra. Entre ellos, cabe destacar, la Real Colegiata de Roncesvalles (1982-2012), con la que ha estado vinculado durante más de tres décadas, hasta su jubilación; así como el Acueducto de Noáin (1990-2000); la Iglesia románica del Santo Sepulcro de Torres del Río (1993-1994); el Frente de Francia de las murallas de Pamplona (2000-2009); el Conjunto monumental de Santa María de Ujué (2001-2011); la Torre medieval de la iglesia de San Pedro de Olite (2012-2013); o la restauración de la torre Dorrea, en Irurita (2015-2018).
También ha trabajado en los accesos, recepción, aseos y ascensor para el palacio Real de Olite (2019); el descubrimiento y consolidación de los restos de Elizaberría, s. XI, en Salinas de Ibargoiti; y la restauración del claustro de la catedral de Pamplona (2015-2020).
Este reconocimiento se suma al Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales (1998) que fue concedido a la Institución Príncipe de Viana; la Medalla de plata de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, por la restauración de la torre del Señorío de Ayanz (2000); el Premio Internacional Unión Europea de Patrimonio Cultural-Premio Europa Nostra (2012), por su participación en las obras de restauración del frente de Francia de las Murallas de Pamplona; y el Premio de Arquitectura Clásica y Restauración de Monumentos Rafael Manzano Martos (2012), concedido por su trabajo en la conservación de la Real Colegiata de Roncesvalles entre 1982 y 2012. Además, en 2014 fue nombrado Académico Correspondiente por la provincia de Navarra de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi.
Fundación Culturas Constructivas Tradicionales
Después de su jubilación en 2021, continúa vinculado a la conservación del patrimonio a través de la Fundación Culturas Constructivas Tradicionales, dedicada a estudiar y promover las buenas prácticas de la construcción, la arquitectura y la conservación del patrimonio.
Aparición en medios
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