Sara Dorregaray (ARQ’19 y MUA’20) busca los porqués desde que era pequeña. Durante la carrera, le surgió la oportunidad de sumarse al proyecto de investigación SAVIArquitectura, hasta que “la semilla que plantó esa oportunidad creció y sentí la necesidad de hacer la tesis doctoral”, un proceso de construir conocimiento que ha resultado ser “genuinamente apasionante”, explica.
En esta entrevista, Sara explica su iniciación a la investigación y en qué consiste su tesis, “Metodología Técnica y Económica para la desconexión energética de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, dirigida por César Martín-Gómez, catedrático de la Escuela de Arquitectura y Mónica Aguado, ingeniera y profesora de la Universidad Pública de Navarra.
1. ¿Cómo describirías el proceso de investigación de la tesis?
Respecto a el proceso, la investigación parte de una pregunta muy concreta: ¿es posible que un edificio universitario en uso, con décadas de antigüedad y con valor patrimonial reconocido, deje de depender de la red energética?
Para responderla, fue necesario construir una metodología propia, porque no existía un protocolo específico que abordara simultáneamente las dimensiones técnica, económica y patrimonial de ese reto. Fue un reto, un proceso largo, extenso estudio de antecedentes para encontrar un punto intermedio con el que medir y valorar el equilibrio de los tres aspectos.
2. ¿Cómo surgió la idea?
La propuesta surgió de la Cátedra Fundación Saltoki, una colaboración entre la empresa Saltoki y la Universidad de Navarra que financia investigación doctoral y define sus líneas temáticas. En una reunión celebrada en junio de 2021, el comité de la Cátedra identificó la desconexión energética de la Escuela de Arquitectura como una necesidad real y un reto técnico con proyección práctica. Esa propuesta llegó al rectorado y recibió respaldo institucional, además de una partida económica que hizo viable su implementación.
3. ¿Por qué en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra?
La Escuela no fue elegida al azar. Reúne condiciones únicas: es un edificio en uso continuo, construido en 1978, con una superficie de 9.486 m², y catalogado por la Fundación Do.Co,Mo.Mo_Ibérica por su valor arquitectónico. Esas condiciones lo hacen especialmente exigente como caso de estudio, pero también enormemente representativo.
Además, la Universidad lo designó como edificio piloto dentro de su Estrategia 2025: si la metodología funciona aquí, puede replicarse en los otros dieciséis edificios del Campus de Pamplona que comparten características constructivas similares. La Escuela era, al mismo tiempo, era el punto de partida más estratégico.
4. Al ser un edificio de "patrimonio arqueológico y modernista", ¿cuáles han sido los mayores desafíos?
*Nota: la catalogación es de la Fundación Do.Co,Mo.Mo_Ibérica, organismo dedicado al patrimonio arquitectónico del Movimiento Moderno; no es "arqueológico" en sentido estricto.
El principal desafío es que la catalogación impone una responsabilidad de respeto hacia los elementos que motivaron ese reconocimiento: la expresividad del ladrillo cara vista, las carpinterías acristaladas continuas de fachada, la celosía espacial de cubierta con sus lucernarios. Cualquier intervención técnica tiene que resolverse sin comprometer esa identidad.
A eso se suma la complejidad térmica propia del edificio: al presentar la misma envolvente en las cuatro orientaciones, se generan comportamientos térmicos muy distintos en función del uso y la exposición de cada zona. Identificar esas diferencias mediante monitorización y análisis fue la base sobre la que se construyó toda la estrategia de intervención.
El resultado es que los desafíos del patrimonio no son obstáculos, sino condicionantes que obligan a diseñar soluciones más indicadas
5. ¿La desconexión energética puede ser el futuro de la edificación sostenible?
La investigación demuestra que es técnicamente alcanzable. Se han desarrollado seis escenarios distintos —desde la aplicación integral de estrategias pasivas, hasta la combinación optimizada de medidas activas y pasivas— y en todos ellos la autonomía energética del edificio es cuantificable y viable.
Ahora bien, la desconexión energética no debería entenderse como un fin en sí mismo, sino como una orientación estratégica. Lo que esta investigación aporta es una metodología replicable, herramienta, que permite a cualquier institución evaluar qué combinación de medidas —según sus condicionantes técnicos, económicos y patrimoniales— le acerca de forma óptima a esa autonomía.
El futuro de la edificación sostenible no pasa por una solución única, sino por disponer de herramientas metodológicas que permitan tomar decisiones fundamentadas en cada caso concreto. Esta tesis propone ser una de esas herramientas.
