En esta entrevista Raquel Cascales, filósofa y profesora de Diseño en la Escuela de Arquitectura, profundiza en su investigación sobre la estética y su importancia en disciplinas como la arquitectura y el diseño.
1. ¿Qué objetivo persigues con la divulgación de la estética de lo cotidiano?
El objetivo principal es recuperar una comprensión más profunda de la estética. A veces, la estética se ha reducido, por un lado, a lo extraordinario, a lo artístico. Por otro lado, se ha entendido como estilización, como mera apariencia o decoración.
Sin embargo, toda la realidad tiene una dimensión estética que influye en cómo percibimos, en cómo nos relacionamos y, en definitiva, en cómo vivimos. La estética está en lo cotidiano y todos configuramos el mundo con nuestras decisiones diarias: con la manera en la que trabajamos, nos relacionamos o cuidamos.
Se trata de preguntarnos qué tipo de mundo estamos construyendo con nuestras decisiones materiales, formales y espaciales. La estética de lo cotidiano nos ayuda a comprender que diseñar, ordenar, iluminar, cuidar o disponer un espacio son modos concretos de hacer el mundo más habitable.
2. ¿Cómo surge la idea de revitalizar los distintos espacios del hogar?
La casa tiene una presencia muy importante por ser el lugar donde habitamos, sin espectáculo, cotidianamente, pero que precisamente por eso, muchas veces dejamos de mirar. No obstante, aunque el recorrido por las distintas habitaciones ayuda a reflexionar sobre lo que tenemos más a mano, también me permite cuestionar algunos hitos importantes de la historia de la estética.
Durante mucho tiempo, la estética se ha centrado en lo artístico y ha menospreciado lo cotidiano o lo que tuviera utilidad como el diseño. La metáfora del hogar me permite cuestionar esa jerarquía. Cada espacio hace que nos preguntemos cómo nos relacionamos con los objetos, con el cuerpo, con la naturaleza o con los demás.
Revitalizar los espacios del hogar significa, por tanto, volver a mirar esas realidades no para oponerlas al arte, que sigue siendo fundamental, sino para ampliar nuestra percepción estética y reconocer que también en lo cotidiano hay belleza, sentido, creatividad y responsabilidad.
3. ¿Qué aportan los alumnos a la publicación? ¿Y a tu investigación?
El libro está muy marcado por mi experiencia docente en la Escuela de Arquitectura. Durante estos años he leído, investigado y conversado mucho buscando cuál era el estatuto del diseño. En un primer momento pensaba que, si ampliábamos el concepto de arte, podríamos dignificar la disciplina del diseño. Sin embargo, el camino era otro, tal como me hizo ver la filósofa Yuriko Saito.
Más que elevar al diseño, lo que hay que repensar es nuestra manera de entender la estética y de percibir la realidad. Esto tiene consecuencias importantísimas para arquitectos y diseñadores. En mi docencia he contrastado de manera sistemática que cuando se tiene en cuenta la estética desde el principio de los proyectos tiene mucha más densidad. Atender a la estética implica pensar en cómo los elementos elegidos van a influir en todas las personas. No solo si los espacios posibilitan encuentros, sino si van a ser fáciles de limpiar, si acogerá bien a quienes lo usen, si generará calma o incomodidad. No se trata solo de preguntarse si un objeto es atractivo y comercializable, sino si responde verdaderamente a una necesidad profunda de la persona y hace su vida mejor.
En ese sentido, mis alumnos y compañeros han aportado mucho a mi investigación. Ahora también espero que el libro nos ayude a todos a generar un modo de habitar el mundo de forma más atenta, responsable y humana.
