“En un pequeño taller compartido de la zona norte de Madrid no hay cadenas de producción ni máquinas automatizadas. Hay pinceles, pigmentos, hornos de cerámica y decenas de azulejos a la espera de que una mano paciente los convierta en piezas únicas. Esa mano es la de Constanza Rosell (@consrosell_studio), una de las pocas mujeres que hoy se dedican profesionalmente a la azulejería artesanal en Madrid.
Practica un oficio centenario que parecía condenado a desaparecer, y que ha decidido rescatar azulejo a azulejo. Su historia comenzó al otro lado del charco. Creció en Lima y, desde pequeña, dibujaba a todas horas, fascinada por el arte, la biología y la historia. Llegó a España hace ocho años gracias a una beca para estudiar Diseño en la Universidad de Navarra. Allí descubrió que necesitaba trabajar con las manos”.
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