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Cruz Novillo en 3 tiempos

El diseñador gráfico Emilio Gil recuerda en este obituario a Cruz Novillo, fallecido el pasado 2 de mayo, referente en el Diseño español y uno de sus maestros

1996
Un encuentro

Hace casi 30 años, en diciembre de 1996, la revista para la cultura del proyecto, “Experimenta” publicó la monografía “Observatorio fin de siglo – 25 años de Diseño gráfico español (1970 – 1995)” que tuve el privilegio de dirigir. Un número extraordinario de doscientas páginas en el que se hacía un recorrido por temas variados como entrevistas con diseñadores de la importancia de Cruz Novillo o Daniel Gil. En ese número se trataban aspectos como la situación de nuestro diseño en los sectores editorial, periodístico o tipográfico; cómo se percibía el diseño español desde fuera de España, los centros de formación, Escuelas, Grados Universitarios; el coyuntural boom de la identidad corporativa, diseñadores/ilustradores, artistas colaboradores en proyectos de diseño, la gráfica de los partidos políticos, las asociaciones de diseñadores, los pioneros, la entonces naciente autoedición...

En la larga conversación con Pepe Cruz Novillo recogida en ese monográfico afloraron algunas de las interesantes reflexiones del diseñador sobre aspectos variados de la profesión contemplados desde su posición de protagonista. Mis recuerdos de aquel encuentro son dos: la brillantez de sus comentarios y el desvelamiento, por su parte, de trabajos absolutamente desconocidos, incluso para los que habíamos seguido su trayectoria desde muchos años antes.

Cruz Novillo destacaba, de forma paradójica, como veinticinco años atrás en un mercado más pequeño, sin embargo había más necesidad cualitativamente de los servicios de un diseñador al ser la relación con empresarios responsables y la no existencia de estructuras piramidales en las empresas. Hacía notar que el consumidor o usuario del diseño había cambiado menos que los diseñadores con el consecuente desajuste que eso creaba. Insistía en la falta de comprensión, entonces, por parte de la sociedad española, hacia una actividad que “pese a las revoluciones habidas en todos los campos, los resultados no serán tan distintos (...) hasta que se consiga estructurar la sociedad en lo básico como es la educación, por ejemplo”. Evidenciaba como en épocas anteriores los diseñadores eran dibujantes, algo “casi prescindible”, mientras que en el momento de la entrevista debido al cambio de las herramientas de trabajo el acceso a la profesión era posible sin la necesidad del aprendizaje de habilidades manuales.

Ante la pregunta de sí el panorama para los diseñadores era la necesidad de especialización, Cruz Novillo respondía: “Cada vez me cuesta más hablar del diseño especializándolo. Me resulta muy incómodo hablar de diseño gráfico. La demanda de diseño deber ser especializada, pero la oferta profesional, no. Es un poco paradójico. Es el que encarga el que tiene que estar especializado”. Me pregunto sí Cruz Novillo, mantendría hoy esa misma opinión.

En aquella misma conversación lanzaba, con sentido del humor, ideas provocadoras como “la necesidad de crear escuelas superiores de consumidores de diseño” o afirmar que “lo que antes hacíamos en tres días ahora lo hacemos en tres minutos”.

2012
Juego de espejos

Luis Suñén, el director y presentador del programa de Radio Clásica de Radio Nacional de España “Juego de espejos”, se refirió a Cruz Novillo como Académico de BBAA de San Fernando, como diseñador, escultor, pintor, artista plástico, además de compositor musical. Sobre un tema del pianista Bill Evans que servía de sintonía al programa, Suñén siempre introducía a sus invitados como “alguien que no vive de la música pero que vive con la música”. Ese alguien hacía una selección de temas y dialogaba con el presentador sobre las razones de su elección, lo que esa música suponía para ellos, sus recuerdos, sus sensaciones.

El 12 de octubre de 2012, el invitado en “Juego de espejos” fue José María Cruz Novillo en un espacio radiofónico de una hora que permitió y permite al oyente de Radio Clásica conocer facetas del diseñador más íntimas, descubriendo a la persona detrás del artista y diseñador de éxito. 

El primer tema elegido por Cruz Novillo fue un fragmento de su “Opus 14” sonando en directo, composición a lo que se refería como un “diafragma dodecafónico” cuya duración produce vértigo por su dilatada extensión y sobre la que anunciaba humorísticamente que cuando se completase el concierto dentro de tres millones de años, se celebraría una gran fiesta en la que estaba decidiendo de “qué sabores serían los canapés”. El diseñador se planteaba en antena sus series de variaciones de color, nota musical y tiempo tras una reflexión sobre las limitaciones de la obra gráfica repetitiva. El objetivo para él era conseguir el ideal de “que cada estampa que sale del tórculo sea distinta” a base de variaciones y combinaciones a partir de un número limitado de elementos.

Cruz Novillo encontraba en todos los temas seleccionados para el programa de radio aspectos capaces de extraer en él, reacciones inesperadas, escalofríos decía. Buscaba piezas de música no culta, tan naturales como el aire que respiramos y las relacionaba con su trabajo que consiste en “esencializar”, explicar de la forma más sencilla posible, desvelar; calificando las músicas elegidas como monódicas y las relaciones en modo “sinestésico” con los colores planos, sin “química”, haciéndolos fáciles de percibir.

Abundando en estas metáforas se autodefinía a sí mismo como un “cantautor plástico” que prefiere el silencio mientras diseña y nos regalaba con una de sus reflexiones sencillas y profundas a la vez: “el diseñador trabaja con las cosas que sabe, el artista lo hace con las cosas que ignora”.

En un momento de su intervención en “Juego de espejos”, Cruz Novillo lamentaba no ser capaz de expresarse mejor, no encontrar las palabras adecuadas para explicar los conceptos que pueblan su cabeza, un lamento fruto de una exigencia intelectual admirable. El diseñador no solo destacaba por sus trabajos, también por su discurso verbal acompañado, en su caso, de una voz grave llena de armónicos que reforzaban su autoridad profesional.


Cruz Novillo y Emilio Gil en "Tertulia para hablar de arte y diseño", Auditorio de Roca Madrid Gallery, Madrid, 09/09/2014

2026
“Me debes un libro”

Cuando el autor de estas líneas, un joven de 18 años estudiante de Arquitectura Técnica en la Universidad Complutense de Madrid, intentaba aproximarse a la profesión a la que luego he dedicado mi vida, empezó un largo rastreo. En aquellos tiempos no era fácil introducirse en el Diseño. Alguien en una agencia de publicidad de la época me puso en la pista de hablar con un tal Cruz Novillo y me facilitó la dirección de su estudio. Con la desfachatez de la edad me presenté una buena mañana “a puerta fría” en aquella dirección y me abrió el diseñador del que me habían hablado. Pepe -ahora sí me atrevo a escribir su nombre con esta cercanía- me dedicó unas horas con una generosidad que siempre he agradecido y que me ayudaron a confirmar mi intuición de que “lo mío” era el Diseño.

Años más tarde, en 2011, intervine en CaixaForum Madrid dentro de un ciclo de conferencias bajo el título “Lo mejor del mundo” organizado por Ibercrea y coordinado por el escritor y periodista Arcadi Espada. En 2007 se había publicado mi libro “Pioneros del Diseño Gráfico en España, 1939-1975” en el que yo no había incluido a Cruz Novillo al considerar que era un diseñador en activo y no con una trayectoria concluída como es el caso de los grafistas que aparecen en ese volumen. Al finalizar mi intervención estaba en la puerta del auditorio Pepe que me espetó: “Emilio, me debes un libro”. No acabé de entenderle porque ya, anteriormente, le había regalado un ejemplar de mi “Pioneros”. Cruz Novillo me lo aclaró: “No, me debes un libro sobre mi”. Después de una serie de encuentros preparatorios renuncié a cumplir con mi deuda con el diseñador. No sé bien explicar por qué.

En el idioma inglés existe un término, pass away, mucho menos trágico que nuestro equivalente “muerte”. Sugiere, para nuestros oídos tránsito, continuación, despedida, no adiós definitivo. José María Cruz Novillo ya no está aquí pero el legado de su trabajo sigue acompañándonos día a día. Una de sus frases rotundas -irónica pero cargada de sentido- era “España necesita una pasada por la Helvetica”, esa tipografía suiza omnipresente eficaz, bella útil, moderna en su atemporalidad. Este país no ha experimentado esa pasada por la modernidad, por la actualización, pero si algo ha progresado en términos de diseño se lo debemos al impresionante trabajo de este creador.

 

Emilio Gil
Diseñador Gráfico
Medalla de Oro al Mérito en las BBAA en 2015

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