Llegamos a España con una mezcla de emoción y vértigo. Para algunos era la primera vez en el país; para otros, un destino familiar al que siempre se vuelve. Apenas antes de iniciar el curso tuvimos una reunión virtual donde nos anunciaron el primer reto: un workshop en Granada para proyectar un café‑mirador en la Alhambra, ese lugar mítico que tantas veces estudiamos durante la licenciatura en nuestros países.
Una cuestión de mirada
Así nos encontramos allí los cuatro estudiantes internacionales del máster —un libanés, un argentino, un ecuatoriano y un guatemalteco— junto al director del Máster Universitario en Teoría y Diseño de Arquitectónico, Rubén Labiano. Recorremos la ciudad, aprendemos arquitectura caminando, conversando, observando. Conocimos a Ramón Fernández‑Alonso, profesor invitado para el taller, y empezamos a proyectar mientras los profesores nos abren panoramas y nos empujan a mirar más lejos. Descubrimos la Alhambra desde la plaza más transitada hasta desbloquear los candados de los aljibes, en cuya cubierta se emplazaría nuestro proyecto. Y, como buen cierre andaluz, terminamos la semana con una paella que supo a celebración.
Antes de llegar a Pamplona aprovechamos para seguir descubriendo arquitectura, así que nos escapamos a Córdoba para visitar su mezquita, un viaje que marcó el tono de lo que vendría: aprender viendo, viajando y compartiendo.
Primeros pasos en la Escuela de Arquitectura
El primer cuatrimestre pasó volando. Recibimos tres cursos teóricos que nos introdujeron de lleno en el mundo académico. Con el profesor Héctor García‑Diego nos adentramos en la metodología de la crítica arquitectónica. El propio campus se convirtió en una escuela paralela: una especie de exposición universal con obras de Moneo, Sáenz de Oiza, Vicens y una facultad que se siente fresca, nueva y atemporal. Los talleres abiertos permiten aprender de todos los niveles a la vez, en una relación horizontal entre alumnos y profesores que enriquece cada día.
Con Miguel Ángel Alonso del Val exploramos la tradición hispana de la arquitectura y las raíces que conectan Latinoamérica con Europa y el mundo moderno. Y con José Miguel Rodrigues, profesor invitado desde Portugal, emprendimos un viaje narrativo por la arquitectura italiana, entendiendo la crítica desde la filosofía y la honestidad de las formas.
En paralelo desarrollamos el Taller Integrado de Proyectos Arquitectónicos, que nos llevó hasta un antiguo pueblo industrial en Gipuzkoa. Entre los paisajes del País Vasco, el profesor nos sacó de la zona de confort: dejamos atrás las técnicas de representación habituales para explorar procesos creativos nuevos. Empezamos pensando en todo lo que no fuera arquitectura, haciendo collages rasgando papel con las manos para imaginar escenarios posibles. Semana a semana el trabajo evolucionó hasta culminar en una presentación a gran escala en Legazpi, donde pintamos en directo, sobre lienzos gigantes y con la ayuda de invitados, un gran apunte‑collage que sintetizaba las ideas exploradas durante el workshop.