Pieza del mes de diciembre de 2019

 

EL MISSALE TIRASONENSIS (1500)
Y EL MISSALE PAMPILONENSIS (CA. 1501) IMPRESOS EN PAMPLONA POR ARNAO GUILLÉN DE BROCAR

 

Javier Itúrbide Díaz
Doctor en Historia

 

 

Los dos primeros libros con escritura musical

En el último año del periodo incunable, en 1500, sale a la luz en Pamplona el misal de la diócesis de Tarazona –Missale Tirasonensis, tal y como se lee en el colofón–. Este tipo de libros recoge los textos sagrados que se leen en las misas de todo el año, las indicaciones litúrgicas que ha de seguir el oficiante y los cantos propios de las fiestas más relevantes, como es el caso de los oficios de la Semana Santa. Por este motivo, el Misal Tirasonensis incluye composiciones musicales; este hecho es relevante pues la impresión de piezas musicales requiere la utilización de tipos especiales, mucho más numerosos y de más difícil composición que los empleados para los textos.

Acto seguido, en torno a 1501, al comienzo del periodo que se ha dado en llamar postincunable y que en España concluye de forma convencional en 1520, la imprenta de la capital navarra saca un nuevo misal, en este caso destinado a la diócesis de Pamplona –Missale Pampilonensis se lee en el Incipit–, que también contiene música litúrgica.

Son las primeras publicaciones de la imprenta navarra con notación musical y ponen de relieve que al inicio del arte tipográfico gozaba de un alto nivel de calidad.

La Iglesia es una de las principales promotoras de la imprenta desde los primeros tiempos de su aparición. Hasta ese momento se había recurrido a los libros manuscritos para sistematizar la liturgia, cuya elaboración requería, como es sabido, personal especializado y llevaba mucho tiempo, motivo por el que eran tan escasos como caros.

En cuanto a su aspecto formal, los incunables no pretendieron romper con las pautas de los códices, sino repetir sus características de objetos de lujo con la importante diferencia de que su precio era mucho más bajo. Por este motivo reproducían el formato, la mancha de la página en la que predominan dos columnas de texto, el uso reiterado de ligaduras de letras y abreviaturas de palabras, los márgenes amplios, la signaturización de los pliegos, la distinción del texto mediante tintas negras y rojas, la ornamentación de las iniciales –“capletrado”– y, en su caso, la notación musical; incluso se imprimían ejemplares en vitela si se pretendía ofrecer una tirada especialmente lujosa.

Cuando la imprenta permite la multiplicación de los ejemplares –se estima que las tiradas de los incunables oscilaban entre trescientos y seiscientos ejemplares– con costes más bajos, es posible difundir los textos sagrados y litúrgicos. Prueba de ello es que una de las primeras ediciones de Gutenberg, fechada hacia 1456, es precisamente la Biblia –denominada Mazarina o de las 42 líneas– y que entre los títulos más frecuentes se encuentran los destinados a la liturgia, en los que, como se ha adelantado, resultaba imprescindible incluir los cantos de la misa.

De esta manera, entre las primeras obras impresas con figuras musicales se encuentran el Psalterium Benedictinum, impreso en Mainz en 1459, y el Gradual de Constanza, fechado en 1473. En cuanto a los misales como los aquí comentados, se da la circunstancia de que la primera obra impresa por Gutenberg fue el Misal de Constanza, datado en torno a 1450. A partir de este momento, las diócesis de la Cristiandad se esforzaron por editar sus propios misales, en los que incluían sus peculiaridades litúrgicas. El primero en editarse en España fue el Missale Cesaraugustanum, que el 27 de octubre 1485 acabó de imprimir en Zaragoza el renombrado impresor alemán Pablo Hurus. En esta línea cronológica de difusión de la imprenta y de los libros litúrgicos se inserta la impresión en la capital navarra de los misales de las diócesis de Tarazona y de Pamplona. Pero ¿quién es el impresor? ¿Por qué en Pamplona?


El impresor y su entorno

Arnao Guillén de Brocar ha impreso los misales de Tarazona y de Pamplona al filo de 1500. Desde hace una década tiene un taller de imprenta en la capital del Reino de Navarra, a donde había llegado posiblemente llamado por el cabildo de la catedral, pues su primer trabajo conocido es el Manuale secundum consuetudinem ecclesiae Pampilonensis, que salió a la luz el 15 de diciembre de 1490, tal y como se precisa en el colofón.

Hacía 40 años que la imprenta había surgido en Maguncia y 18 de su llegada a España, cuya primera manifestación tuvo lugar en Segovia, de la mano del alemán Juan Párix, con la impresión de las actas del sínodo celebrado en Aguilafuente en 1472. A partir de aquí se difundió con sorprendente rapidez: Barcelona y Valencia (1473), Zaragoza, Guadalajara, Tortosa, Lérida, Salamanca, Murcia, Toledo, Sevilla, Zamora, Huete, Tarragona, Burgos, Palma de Mallorca, Valldemosa, Híjar y, finalmente, Pamplona.

Brocar, el primer impresor en Navarra, es un hombre relativamente joven, francés, posiblemente de la zona de Orthez, del vizcondado de Bearn que en aquel tiempo estaba vinculado a la corona de Navarra. Se ha debido de formar profesionalmente en Toulouse, donde trabajan tipógrafos de reconocido prestigio.

En esta época, el negocio de la imprenta era incierto, los impresores iban en busca de contratos y montaban su taller donde los recibían y continuaban en el lugar mientras tenían trabajo garantizado. Eran nómadas, y este debió de ser el caso de Brocar.

Residió en Pamplona durante una década, desde 1490 hasta 1501, y en este tiempo trabajó mucho y bien. No solo atendió a su entorno más inmediato, sino a mercados más alejados como Lugo, Mondoñedo, Burgos, Zaragoza, Calahorra, el Burgo de Osma, Tarazona o Lescar.

Se tiene noticia de que imprimió al menos 25 libros, además de trabajos menores como impresos de bulas e indulgencias que alcanzaban grandes tiradas. Como era habitual en esta época y en las centurias siguientes, la Iglesia fue su principal cliente; así, de las 25 obras 17 son de contenido religioso, principalmente litúrgico.

Respaldado por los encargos que no cesan, Brocar se consolida en Pamplona y se casa con una vecina de la ciudad, María de Zozaya, con la que tiene tres hijos: Juan, Pedro y María. Sin embargo, los tiempos no son buenos para el negocio ya que el clima político es inseguro; la minoría de edad de la reina Juana y la abrumadora injerencia de Francia y Castilla avivan la guerra civil que padece el Reino desde hace medio siglo. El hecho es que en 1501, cuando arrecian la confrontación política y la inestabilidad social, Brocar abandona Navarra y se instala cerca, en Logroño, pero al abrigo del sosiego social y político que le ofrece Castilla.

A partir de aquí su ascenso será deslumbrante: en la capital riojana entrará en contacto con Nebrija, del que entre 1502 y 1517 editará una veintena de títulos. En 1511 deja el taller de Logroño en manos de sus hijos y, recomendado por el ilustre humanista, se traslada a Alcalá de Henares llamado por el poderoso cardenal Cisneros, que le encargará un proyecto tan ambicioso como complejo y costoso: la impresión en seis tomos de la Biblia Políglota con textos en arameo, hebreo, griego y latín. Tras llevarla a buen puerto, Arnao Guillén de Brocar, el impresor que se había dado a conocer en Pamplona, se sitúa a la cabeza de los de España y dirige un próspero negocio con implantación en Logroño, Valladolid, Toledo y Burgos, además de Alcalá de Henares, donde tiene su sede. Le ayudan sus hijos y su yerno, el estellés Miguel de Eguía, los cuales, tras su fallecimiento en 1523, mantendrán la prosperidad del negocio. Por cierto, en el taller de Alcalá trabaja Pedro Zalduendo, que probablemente, como Eguía, también era navarro.


El Missale Tirasonensis (1500)

Una vez descrito el contexto del impresor y su entorno, corresponde emprender el análisis de los dos libros con notación musical impresos en Pamplona por Brocar. Ya se ha adelantado que se trata de misales, es decir, de libros relativos a la liturgia de la eucaristía tal y como se celebraba en las distintas diócesis, donde las variantes fueron considerables hasta la unificación decretada en el concilio de Trento, que se materializó en el Misal Romano publicado en 1570. Pero hasta esta fecha las peculiaridades eran notables y, en consecuencia, cada diócesis utilizaba su propio misal, cuya distribución en las respectivas parroquias e iglesias fue favorecida por la imprenta.

La demanda de este tipo de libros explica que Brocar, en su etapa en Pamplona, imprimiera misales para las diócesis de Lescar y Lugo (ca. 1496), Mondoñedo (ca. 1497) y los ya aludidos de Tarazona (1500) y Pamplona (ca. 1501). De todos ellos solo se conocen los ejemplares de las dos últimas diócesis mencionadas, mientras que del resto se tiene noticia por fuentes documentales.

El Missale Tirasonensis constituye un volumen en formato folio, compuesto por cuadernos de cuatro bifolios encajados –quaternos– signaturizados pero sin numerar, con un total de 338 hojas que equivalen a 656 páginas (en lo sucesivo, por su facilidad de consulta, se hará mención de la paginación de la versión digital de la Diputación Foral de Bizkaia, que se puede bajar de Liburuklik).

Como sucede en buena parte de los incunables, carece de portada y, al igual que los códices medievales, en el Explicit –colofón–, situado en el último folio (p. 656), se da noticia del título, autor, impresor, lugar y fecha y otras particularidades. Aquí se menciona el título –Missale secundum consuetudine ecclesie et dyocesis Tirasonensis–, el nombre del impresor –Arnaldum Guillermum de Brocario–, y la fecha en la que concluyó la impresión: 13 de febrero de 1500. También se informa de que la edición la ha encargado el obispo de la diócesis de Tarazona, Guillermo Raimundo de Moncada, un prelado particularmente activo al que se debe la construcción del claustro mudéjar de la catedral en sustitución del destruido en la Guerra de los dos Pedros (1356-1369). El patrocinio del prelado se proclama en el inicio del libro con una xilografía a toda página con su escudo episcopal, enmarcado por cuatro piezas bien ajustadas con una orla vegetal continua en la que se enredan animales diversos (p. 2). Esta es la única ilustración que adorna el Misal y que, conviene insistir, tiene como misión celebrar la figura de su promotor.

El Explicit también menciona a los responsables de las laboriosas tareas de corrección y revisión de las pruebas de imprenta; se trata del deán del cabildo catedralicio, el bachiller Juan Pedro Navarro, el “proporcionario” Antonio de Anyo y el capellán Mateo Castante. La obra se ofrece en alabanza de Dios Omnipotente, de la Virgen Santísima, de los beatos Baudilio y Prudencio y de toda la corte celestial. Cierra el párrafo la marca de impresor de Brocar, que, con mínimas variantes, se viene repitiendo en las obras realizadas en Navarra.


Missale Tirasonensis (p. 656). Explicit y marca de impresor de Brocar
(Biblioteca Foral de Bizkaia. Servicio de Reprografía).


El volumen está impreso en papel fuerte, con caracteres góticos –predominantes en la imprenta hispana de la época–, y recurre a ligaduras y abreviaturas siguiendo la práctica de los libros manuscritos. La tipografía es de calidad y en ella se distinguen cuatro cuerpos o tamaños.

El texto se distribuye en dos columnas de 37 líneas, cuenta con márgenes amplios y está impreso a dos tintas, negra y roja, al igual que las obras manuscritas. Este recurso tipográfico era particularmente necesario en los misales con el fin de diferenciar los textos sagrados y los rezos –en negro– de las rúbricas, las indicaciones dirigidas al sacerdote sobre el ritual a seguir –en rojo–; de esta manera se distinguían los dos niveles de lectura.

El ejemplar aquí estudiado se guarda en la Biblioteca de la Diputación Foral de Bizkaia; perteneció a Enrique Aubá Meseguer (1882-1943), farmacéutico y erudito de Zaragoza, y fue donado por su heredero a esta institución. Se conservan otros ejemplares, aunque más incompletos, en las bibliotecas de la Colegiata de Calahorra y de la Catedral de Tarazona.


Iniciales ornamentadas

Si en los códices el pergamino era caro, ahora, con la imprenta, el papel también tiene un coste elevado y, por este motivo, se apura su empleo para acoger la mayor cantidad posible de texto; en consecuencia, se recurre a una composición tipográfica apretada, con tipos pequeños e interlineados estrechos para, de esta manera, aprovechar al máximo el espacio. Con el objeto de diferenciar los apartados del Misal Tirasonensis, además de las tintas, se emplean, al igual que en los códices, letras iniciales o capitulares de distintos tamaños en función de la relevancia del pasaje que introducen.

En esta ocasión se emplean cuatro tipos de letras. Las más destacadas son unas capitulares xilográficas, impresas en negro, de gran formato –ocupan siete líneas de texto– e inspiración gótica. Representan la Natividad (por ejemplo, en la p. 39), la Ascensión (p. 241) y Pentecostés (p. 252); otras reproducen la Trinidad (p. 262), la Virgen con el Niño representada de medio cuerpo (p. 508), dos personajes decapitados que sostienen sus cabezas con las manos, que posiblemente representen el motivo de los santos cefalóforos (p. 19), aunque Martín Abad apunta a que se trata de verdugos; y, por último, a un fraile con tonsura (p. 45), que Martín Abad considera que se trata de san Esteban a pesar de que en el grabado no aparecen las piedras del martirio como corresponde a la iconografía de este santo. Las iniciales con escenas evangélicas y las de la Trinidad y María con el Niño se emplean para abrir las fiestas respectivas, mientras que la del supuesto fraile se utiliza para motivos diversos: La Epifanía, Corpus Christi o la festividad de san Esteban. Cabe apuntar que esta capitular –la del fraile– la empleó Brocar en la Crónica Troyana, impresa por las mismas fechas que este Misal.


Missale Tirasonensis (pp. 240-241). Capitular con la representación de la Ascensión empleada en la liturgia de esta festividad
(Biblioteca Foral de Bizkaia. Servicio de Reprografía).

A un segundo nivel de iniciales, que ocupa cinco líneas, pertenece la representación de un sacerdote arrodillado ante el altar (p. 350) y se utiliza para abrir el apartado del Ofertorio. Tiene un diseño y factura semejantes a las de siete renglones y, como ellas, está impresa en negro. Hay que precisar que esta es la única capitular con altura de cinco renglones.

El tercer nivel –ocupa tres renglones– corresponde a un abecedario con las letras, el marco y la ornamentación vegetal en blanco que destacan sobre fondo negro (p. 32). Se emplea para el comienzo de secciones o párrafos. Por su tamaño y función equivaldría a las iniciales lombardas, que en los códices aparecen ornamentadas caligráficamente.

Las iniciales del cuarto nivel tienen la altura de dos líneas de texto, presentan únicamente la letra, sin marco ni ornamentación, y van impresas en rojo.


Notación musical

Las partes cantadas del Missale Tirasonensis se concentran en la liturgia de la Semana Santa, concretamente en el Sábado de Pasión (pp. 144-147), el Domingo de Ramos (pp. 150-152) y el Sábado Santo (pp. 191-206), aunque también incluye los cantos del Gloria y Credo (pp. 335-349) así como del Ite misa est (pp. 357-361). La presencia de la música se puede considerar marginal, toda vez que de las 656 páginas que contiene solo 45 llevan escritura musical –menos del siete por ciento–.

Al igual que el texto principal, la notación musical está distribuida en dos columnas, con siete pentagramas en cada una de ellas impresos en rojo. Conviene subrayar que el empleo del pentagrama es rasgo innovador, dado que en esta época se utilizaba con carácter general el tetragrama. Por lo que se refiere a los signos musicales, se registra una media de 21 caracteres por pentagrama, que van impresos en negro al igual que la letra cantada.

Las composiciones corresponden al canto figurado o canto de órgano, que está integrado por notas de duración distinta –notación musical mensural–, que se indica mediante cuatro figuras: longo, un cuadrado negro con plica vertical; breve, un cuadrado negro; semibreve, un rombo negro; y mínima, un rombo negro con plica. El compás es binario y se acota mediante las correspondientes líneas divisorias. Cabe destacar que el Ite misa est presenta la particularidad de estar compuesto para ocho tonos, a la manera gregoriana, con los que se daba especial solemnidad al final de la misa.


Missale Tirasonensis (pp. 197-198). Liturgia del Sábado Santo con notación cuadrada sobre pentagrama
(Biblioteca Foral de Bizkaia. Servicio de Reprografía) 


Evidentemente, la composición tipográfica de piezas musicales presentaba mayor dificultad que la de los textos comunes: requería caracteres cuya diversidad gráfica era mucho mayor que los alfabetos, el trabajo de componedores adiestrados y la “impresión doble”: habitualmente primero se imprimía en rojo la pauta musical y posteriormente en negro el texto general y los signos musicales.

En los primeros tiempos se emplearon planchas xilográficas y también de zinc o estaño que reproducían una página con notación musical, de tal manera que su impresión era similar a la de los grabados; pero esta técnica –“impresión de bloque”– solo era viable en obras de poca extensión por el elevado coste de la apertura de las planchas.

También se recurrió a imprimir las líneas musicales, el pautado, para más tarde añadir las notas a mano como los amanuenses lo venían haciendo en los códices.

Posteriormente se empleó la “impresión doble”, que es la seguida por Brocar en el Missale Tirasonensis, en el que imprimió en negro el texto principal, las notas musicales y la letra cantada, para después imprimir en rojo las cabeceras de los folios, las rúbricas, las iniciales pequeñas y la pauta musical. Todo ello requería, conviene repetirlo, gran pericia en el “registro”, el ajuste de la página.

Por las mismas fechas que el Missale Tirasonensis, concretamente a partir de 1501, el impresor de Venecia especializado en ediciones musicales Ottaviano Petrucci de Fossombrone introdujo la “impresión triple”: la primera para el pautado, la segunda para las notas musicales y la tercera para el texto, las iniciales ornamentadas y el número de página. Con este procedimiento obtuvo las ediciones más relevantes de su época.

Este proceso se simplificó en 1527 cuando el impresor parisino Pierre Attaingnant comenzó a utilizar caracteres musicales que llevaban incorporada la correspondiente línea del pautado, lo que permitía imprimir de una sola vez, con un golpe de prensa. A partir de este momento la impresión de libros de música se hizo menos trabajosa, aunque durante la época de la imprenta manual se mantuvo circunscrita a un reducido número de talleres europeos, entre los que los venecianos se situaron a la cabeza.


El Missale Pampilonensis (ca. 1501)

A continuación del Misal de la diócesis de Tarazona, en torno a 1501, Brocar imprime el de Pamplona. Su título aparece después de los seis folios que desgranan el calendario eclesiástico mes tras mes; en este punto se lee: Incipit Missale mixtum per totum anni circulum secundum usum ecclesie et diocesis Pampilonensis. No se conservan la primera hoja ni la última, por lo que se ignora si tuvo colofón; sea como fuere, se desconoce el lugar de impresión, el impresor y la fecha, aunque las características formales señalan sin duda a Arnao Guillén de Brocar.


Missale Pampilonensis (p. 17). Incipit con el título (Biblioteca Navarra Digital).

Así pues, las similitudes con el Misal de Tarazona son tan elocuentes como constantes: también el formato es en folio y está compuesto por quaternos signaturizados, pero sin numerar. Tiene 316 hojas, que equivalen a 632 páginas (por su fácil consulta, en lo sucesivo se indica la paginación de la versión de la Biblioteca Navarra Digital); la letra también es gótica, limpia e igualmente presenta cuatro tamaños. La composición de la página, como en el ejemplar de Tarazona, es a dos columnas con 37 líneas, impresas a dos tintas, con el empleo del negro y rojo para los mismos fines; pero en esta ocasión, al contrario de lo realizado en el Misal de Tarazona y siguiendo la pauta habitual entre los impresores de la época, primero se ha impreso la tinta roja y después la negra.

El Archivo Biblioteca del Cabildo de la Catedral de Pamplona conserva dos ejemplares, ambos incompletos; uno impreso en vitela, que pertenecería a una tirada tan lujosa como corta, y el otro en papel correspondiente a la edición ordinaria.


Los grabados

En cuanto a las ilustraciones, mientras que la edición de Tarazona únicamente muestra el escudo del obispo que promueve la obra, en esta ocasión, puesto que no hay referencia al editor, se recurre a grabados religiosos a toda página. El primero reproduce la Crucifixión, con María y san Juan de pie, flanqueando a Jesús, en un paisaje descrito con sobriedad (p. 340). Está bien ejecutado, presenta una composición sobria y equilibrada a la que da cierto dinamismo el paño de pureza flotando al viento. Al pie se leen las iniciales del autor: “I.D”, que podrían identificarse con un grabador flamenco cuyas obras utilizan talleres de Francia y España. Lleva una orla vegetal formada por cuatro piezas deficientemente ensambladas en el ángulo inferior izquierdo. Este grabado Brocar lo vuelve a utilizar en las Constituciones provinciales provincie Cesaraugustane fechadas en 1501.

La segunda xilografía corresponde al Juicio Final, con Jesús en Majestad sobre el arco iris, flanqueado por dos ángeles que llaman con sus trompetas a los difuntos, que salen de sus tumbas (p. 341). De las trompetas brotan filacterias con la leyenda: Surgite mortui. Venite ad Iudicium; bajo el Salvador, arrodillados sobre nubes rasgadas por relámpagos, aparecen María y san Juan Bautista. Se trata de una composición arcaizante, estereotipada, aunque la ejecución es correcta. Al pie se repiten las iniciales “I.D.”. El marco de la ilustración, formado por cuatro piezas, es el mismo que adorna el del escudo del obispo de Tarazona.

Los grabados se han impreso en hojas independientes y se han insertado en la mitad del volumen, enfrentados, sin texto alguno. No tienen relación con los temas abordados en las páginas contiguas y con su presencia únicamente se pretendería un alarde tipográfico, destinado a realzar la calidad de la publicación.


Iniciales ornamentales

En lo que se refiere al empleo de iniciales, nuevamente se comprueban las coincidencias con el Misal de Tarazona. Se vuelven a utilizar las capitulares de siete líneas, ya descritas, que reproducen la Natividad (p. 36), la Ascensión (p. 225), Pentecostés (p. 236), la Trinidad (p. 248), la Virgen con el Niño (p. 551), los santos cefalóforos (p. 17) y el fraile de cuerpo entero (p. 250); la única novedad es la utilización de una capitular con el tema de la Resurrección (p. 199) que no se encuentra en el ejemplar de Tarazona. También se repite la inicial de cinco renglones con el tema del sacerdote oficiando la misa (p. 343), así como las de tres líneas con decoración vegetal sobre fondo negro.

Para resaltar la extraordinaria calidad del ejemplar del Missale Pampilonensis impreso en vitela, siguiendo el modelo de los códices medievales, las capitulares de tres y dos líneas impresas en rojo se reelaboraron: en unas ocasiones se respetaron las iniciales impresas en rojo y se adornaron con trazos azules de inspiración gótica; mientras que en otras, las iniciales rojas se rasparon y se volvieron a dibujar cuidadosamente con tinta azul, haciendo desaparecer la tinta roja de imprenta, y se adornaron con trazos rojos. Las capitulares de similar tamaño impresas en negro y que llevan el fondo ornamentado no se retocaron ya que no era posible repintarlas y adornarlas con trazos ornamentales realizados a mano. Finalmente, para reforzar la verosimilitud con los códices medievales, la caja de escritura de las columnas del texto se marcó con trazos verticales en tinta roja.


Missale Pampilonensis (p. 627). Iniciales manuscritas –de dos y tres líneas–
e impresa –tres líneas– en el ejemplar en vitela
(Biblioteca Navarra Digital).


Notación musical

Las composiciones corresponden al canto llano o gregoriano y, en consecuencia, las notas tienen el mismo valor, que se indica con notación negra cuadrada situada sobre una sola pauta musical –práctica arcaica que se remonta al siglo XIII–; la excepción se encuentra en la página 237, donde se emplea el tetragrama, de uso generalizado en las publicaciones de esta época.


Missale Pampilonensis (p. 184). Notación gregoriana con una pauta para la liturgia del Sábado Santo (Biblioteca Navarra Digital).

Cada columna contiene doce pautados, cinco más que el Misal de Tarazona, y ello se debe a que solo se utiliza una línea para el pautado y, por este motivo, el espacio disponible es mayor; en lo que se refiere al número de tipos por línea de música es semejante al de Tarazona.

Las composiciones musicales por su temática corresponden a la Feria Cuarta (pp. 69-70), Feria Sexta (pp. 174-185), Pentecostés (p. 237) y los cantos del Gloria (pp. 332-338), y del Pater Noster (pp. 350-352); en total suman 33 páginas, frente a las 45 del Misal de Tarazona.


Missale Pampilonensis (p. 237). Notación musical sobre tetragrama
(Biblioteca Navarra Digital).

Tres siglos y medio de silencio, con una excepción

El primer impresor de Navarra estaba plenamente capacitado para publicar libros con notación musical, y para hacerlo además con calidad en fechas tan tempranas como las de los misales de las diócesis de Tarazona (1500) y Pamplona (ca. 1501).

Tuvo que pasar más de un siglo para que, nuevamente, una imprenta navarra sacara un libro de música: sucedió en 1614, cuando el taller de Carlos Labayen imprimió el Liber Magnificarum, un libro de coro con más de doscientas páginas, prácticamente todas con notación musical, que recogía las composiciones polifónicas del maestro de la capilla de música de la catedral de Pamplona, Miguel Navarro. Lo insólito del caso es que después de esta publicación, durante casi dos siglos y medio las imprentas navarras no publicaron –seguramente, no pudieron– otra obra con escritura musical. Al fin, en 1848, el taller pamplonés de José Imaz y Gadea imprimió el Nuevo método completo teórico-práctico de canto-llano y figurado, del “salmista” de la catedral Fermín Ruiz de Galarreta, en el que, al igual que en los misales de Brocar, se intercalaban piezas musicales. Como expone el autor en el Prólogo, los ejemplos musicales se imprimieron con tacos xilográficos que él mismo había abierto, siguiendo un procedimiento arcaico más rudimentario que el empleado por Arnao Guillén de Brocar.

En consecuencia, tras la obra de Brocar, con excepción de la singular edición del Liber Magnificarum, las imprentas navarras no imprimieron obras con notación musical y fue así porque su nivel de capacitación, humana y técnica, fue modesto, como lo era el de la mayoría de los talleres de la época. La excepción se encontraba en un reducido número de talleres instalados en los grandes centros de producción de Madrid, Barcelona, Sevilla, Salamanca o Zaragoza.


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

Missale mixtum secundum usum ecclesie et diocesis Tirasonensis [Missale Tirasonensis]. Pamplona, Arnao Guillén de Brocar, 1500. Ejemplar de la Biblioteca de la Diputación Foral de Bizkaia. Disponible en Liburuklik (consultado el 19-XI-2019).
Missale mixtum secundum usum ecclesie et dioecesis Pampilonensis [Missale Pampilonensis]. Pamplona, Arnao Guillén de Brocar, ca. 1501. Ejemplar de la catedral de Pamplona. Disponible en la Biblioteca Navarra Digital (consultado el 19-XI-2019).
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