EL HOMBRE QUE ESCONDE LA CARA DE MARIANO SINUÉS

 

José Mª Muruzábal del Solar
Doctor en Historia del Arte

 

Mariano Sinués (Zaragoza, 1935-Pamplona, 2017) forma parte de la gran generación de pintores navarros nacidos a finales de los años veinte y principios de los treinta del siglo XX. Esos pintores, quizá la más grande generación de la pintura navarra, son Muñoz Sola, Ascunce y Lasterra, Echauri, Beunza, Buldain o Martín Caro, Eslava, Apezetxea y Viscarret, por citar únicamente algunos de los más conocidos. En definitiva, Sinués forma parte de la generación artística que ha protagonizado la pintura navarra de la segunda mitad del siglo XX. Ellos recogieron el testigo pictórico de la generación nacida a fines del XIX y principios del XX y llenaron con su obra el ambiente cultural navarro de la segunda parte del siglo. Parte de ellos han desaparecido ya, algunos muy prematuramente como Martín Caro, pero otros, gracias a Dios, continúan ocupando su hueco, en pleno vigor artístico y productivo, dentro de nuestra Comunidad. Entre los artistas de esta generación conviven estilos y personalidades muy diferenciadas. Parte de ellos han trabajado el paisaje en su línea más tradicional, como son los casos de Lasterra, Beunza o Viscarret por ejemplo. Otros tomaron líneas estilísticas mucho más evolucionadas, como pueden ser los casos de Eslava, Martín Caro o Buldain. Y existen también artistas de registro propio, de un estilo inconfundible, como es el caso del artista que nos ocupa en estas líneas, Mariano Sinués. Una obra profunda, reflexiva y muy elaborada, a caballo entre el expresionismo y el surrealismo, caracteriza a Sinués dentro del panorama pictórico navarro.

Mariano Sinués nace en Zaragoza el 7 de febrero de 1935, inmediatamente antes de la Guerra Civil Española. En 1940 está asentado ya en Navarra, concretamente en Elizondo, para fijar su domicilio desde 1942 en Pamplona. Es un artista aragonés por su nacimiento pero navarro por su residencia, sentimiento y adopción. Estudió con los Hermanos Maristas en el viejo caserón del Colegio San Luis, sito en la calle Navas de Tolosa. Ya en su estancia en el colegio demostró su vocación artística, a pesar de que en su familia no existían antecedentes artísticos, con las ilustraciones que realizaba para la revista colegial “Juventud”, en tiempos del hermano Santiago Erro. Tras concluir sus estudios secundarios con éxito, cursó la carrera de Derecho en la entonces naciente Universidad de Navarra.

 

Mariano Sinués en 1989. Fotografía de Belén Sinués.

 

Paralelamente a la carrera universitaria siguió profundizando su dedicación al mundo del arte. Durante esos años, en el SEU actuaba como diseñador e ilustrador de carteles, catálogos, programas, así como decorador de obras teatrales e interiores. Asistió en Madrid a cursos de perfeccionamiento sobre psicología del color, publicidad, fundamentos del poster, conociendo las lecciones magistrales de J. R. Cid y de S. Valverde sobre principios de estética. A pesar de ello hay que considerarlo un artista plenamente autodidacta. Al final de la década de los años 50 viajó por París, Madrid y Cataluña, empapándose del mundo del arte, visitando artistas y museos. Obtuvo diferentes premios, como pueden ser el Premio San Jorge de pintura libre en 1959 o el Premio Zaragoza en 1960. En 1961 tiene lugar su primera exposición individual, en la sala de arte de la CAMP de García Castañón de Pamplona. Durante la década de los años 60 se relacionó con el grupo artístico SAAS de Soria, fundado por el ceramista Antonio Ruiz y por el pintor Molinero Cardenal.

No obstante, los derroteros de la vida le llevaron profesionalmente por el terreno de las labores gráficas en diferentes empresas navarras. En 1960 se asoció con Jorge Ramón Sarasa, fundando la agencia de publicidad “2S Publicidad”. En 1968 fue contratado como diseñador gráfico por Litografía del Norte, donde coincidió con Jesús Jáuregui. Juntos investigaron en las Artes Gráficas; Jáuregui como especialista de impresión y calidades de papel y Sinués como diseñador especializado en el color, la forma, tipografía y visualización de las ideas. Posteriormente esa empresa fue adquirida por Grafinasa. Poco después ambos recalaron en Gráficas Castuera, donde Mariano Sinués permaneció más de 30 años, hasta su jubilación en el año 2000. Esto hizo que siempre fuera, como él mismo señala con gracia, un pintor “de media jornada”, al dedicarse a la pintura por las tardes y los días festivos. No obstante, lo hizo con una paciencia y con una constancia digna de alabanza ya que en cincuenta años no ha dejado de pintar. Esta perseverancia es algo extraordinario y digno de resaltar, ya que la mayor parte de sus compañeros de generación han sido profesionales de la pintura. Y además podemos añadir que sorprende la coordinación que logró en sus ocupaciones; su trabajo en las Artes Gráficas nunca ha estorbado a la pintura, logrando más bien una compenetración y apoyo mutuo entre ambas actividades.

A lo largo de estos sesenta años de su segunda profesión Mariano Sinués ha pintado al óleo, ha dibujado, ha realizado carteles, ilustrado libros, ha practicado el grabado,  diseñado barajas de cartas y un sinfín de actuaciones que sería prolijo recoger. Durante su carrera ha desarrollado más de 20 exposiciones individuales en Tudela, Zaragoza, Pamplona, Soria, Logroño, etc. Entre ellas hay que resaltar la antológica de 1983 en los Pabellones de la Ciudadela de Pamplona, la de 1999 en la sala de la CAN de Madrid, y la del año 2001, titulada “la danza de la muerte”, en el Museo de Navarra. Sus exposiciones colectivas suman en torno al centenar. Su relación con la Peña Pregón y su revista ha sido evidente por las ilustraciones que figuran en la revista, especialmente para acompañar textos de su gran amigo José Mª Corella. Además de ello, la propia Peña Pregón organizó una exposición para conmemorar los 50 años de trayectoria artística del pintor, en los locales del Casino Principal de Pamplona, entre mayo y junio del año 2004. El pintor falleció el 9 de septiembre de 2017 en Pamplona.

La obra artística de Mariano Sinués resulta difícil de definir dada la constante evolución que presenta. Parte, en los años 50, de una figuración de tipo expresionista. Desde sus inicios siente predilección por plasmar la figura humana. Posteriormente atravesará una etapa claramente matérica, en la que el artista experimenta con diferentes procedimientos. Esta época abarcará el final de los 60 y gran parte de los años 70. En este momento sus lienzos se van aproximando  a un estilo surrealista, aunque no abandona nunca ese profundo y personal expresionismo del que siempre ha hecho gala. Los años 80, 90 y el final del siglo XX proyectan una obra más colorista y optimista. Sus cuadros avanzan hacia la abstracción aunque nunca acaba de aterrizar en ella del todo. Finalmente tenemos que descubrir su obra final, ya en pleno siglo XXI, en la que estuvo inmerso hasta el final de su vida. Se trata de una producción distinta, atrevida, profundamente interrogativa para el espectador. Se le podrá ver experimentando nuevos procedimientos técnicos, con lavados y otros ensayos que hablan de un artista de nunca ha dejado de transitar nuevos caminos de expresión plástica. En esas obras aparece un evidente surrealismo, desbordándose hasta límites insospechados el ingenio y la imaginación que el artista posee.


El hombre que esconde la cara. Mariano Sinués.

 

La obra que presentamos (técnica mixta / tabla, 70 x 32 cm., ca. 1970-75), conservada en importante colección de arte navarro de Pamplona, representa bien a las claras lo más característico del quehacer estético de Mariano Sinués. Estamos ante una composición de formato vertical, dotada de un acusado sentido entre lo surrealista y lo expresionista. En primer término, ocupando prácticamente toda la composición, se presenta un extraño y deforme ser, muy en la línea de esos personajes macabros y siniestros, deformes y caricaturescos, que conformaban el universo creativo de Sinués. Dicho ser es difícilmente descriptible, con una gran cabeza, de la que emerge una pronunciada nariz añadida en relieve, con larguísimos brazos y deformes piernas. Un ser, en definitiva, caricaturesco, feo y desagradable, que parece sacado de las modernas películas del espacio que se proyectan en las pantallas cinematográficas. El propio título de la obra entronca maravillosamente con el característico humor, entre lo sarcástico y lo tétrico, del autor. “El hombre que esconde la cara” dice dicho título; resulta evidente que tiene motivos para esconderla, aunque con su volumen y el tamaño de la nariz, difícil se presenta el tema. El colorido y entonación de la obra ayudan perfectamente a su propósito, construido en tonalidades oscuras y pesadas, con amarillos, ocres y rojizos. El cuadro aparece firmado en la parte inferior del lateral derecho, con inicial de nombre y apellido del autor. Destaca también la materia y el empaste con que se elabora esta obra, construida con un perfil claramente matérico.

Estamos, en definitiva, ante un artista con una obra personal, original e inimitable; de un hombre serio, trabajador incansable, que ha sabido compatibilizar el ejercicio de otra profesión a jornada completa con la pintura, algo muy dificultoso de mantener en el tiempo. Un artista dotado de una visión entre sarcástica y lírica, sumamente original siempre, de la vida y de sus actores. Pero igual de apasionante resulta la contemplación de sus obras y el ejercicio mental que cada una de ellas procura. De su obra podrá decirse muchas cosas, como lo han dicho ya críticos e historiadores del arte; por mi parte pienso que los cuadros de Mariano Sinués gustarán, asustarán, entusiasmarán, preocuparán, parecerán horripilantes... pero, a buen seguro, a nadie dejarán indiferentes.

Termino estos breves apuntes con el acercamiento que hace a la obra de Mariano Sinués el conocido crítico de arte Salvador Martín Cruz en el catálogo de la exposición de la Ciudadela de Pamplona, del año 2007, “toda esta inventiva que mana en el hontanar de su cerebro no es fruto casual de una mente más o menos calenturienta y perversa –quede claro que Mariano tiene de todo menos de perverso– dada al disparate. Ni mucho menos. Se trata de la respuesta que da un hombre de hoy que ve, asocia, interpreta y en la medida que puede se manifiesta, a un ético compromiso con la verdad –por supuesto su verdad– y ante lo que le sugiere la contemplación del fragmento de mundo en el que la geografía y el calendario le han hecho vivir. Y eso que para muchos filósofos, psicólogos, sociólogos e historiadores este es, desde que el ángel de la espada flamígera arrojase al hombre fuera del Edén, el mejor tiempo vivido por la historia de la humanidad”.


BIBLIOGRAFÍA

MARTÍN CRUZ, S. y CORELLA, J. M., “Mariano Sinués”, Catálogo exposición en Pabellón de Mixtos de Ciudadela de Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 2007.
MARTÍN CRUZ, S. y otros, Pintores Navarros III, Pamplona, CAMP, 1981, pp. 120-127.
MURUZÁBAL DEL SOLAR, J. M. y Muruzábal Del Val, J. M., “Mariano Sinués, ilustrador”, Revista Pregón Siglo XXI, 29 (junio 2007), pp. 65-70.
ZUBIAUR CARREÑO, F. J., “Mariano Sinués”, Catálogo exposición en CAN, Pamplona, CAN, 1999.
 

OBRA PUBLICADA

Galería y casa de subastas Appolo de Pamplona, sesión nº 22 (2008).
Exposición “Artistas navarros en una colección de arte pamplonesa”, sala Conde Rodezno de Pamplona, noviembre 2013-enero 2014, nº 134.