TAUROBOLIO DE LA VILLA ROMANA DE ARELLANO. 
UN CURIOSO RITO INICIÁTICO EN LA NAVARRA ANTIGUA

Carmen Jusué Simonena
UNED Pamplona

 

La llegada de la romanización a Navarra además de la instalación de ciudades de cierta importancia, las zonas rurales aparecen cubiertas de un denso entramado de residencias de propietarios agrícolas, las villae, que originalmente eran viviendas rurales cuyas edificaciones formaban el centro de una propiedad agraria y más tarde se convirtieron en grandes residencias aristocráticas combinando funciones residenciales y productivas de tal manera que desde el punto de vista arquitectónico y artístico constituyen una de las modalidades más notables de edificación romana, dado que frecuentemente son no solo lujosas residencias sino centro de una sociedad en ocasiones autárquica, tendente, cuando menos, al autoabastacimiento. La villa de Liédena, las de Falces, la de Arellano o la del Ramalete de Tudela son ejemplos de esta nueva concepción de estructuración demográfica de la época bajoimperial, aunque muchas de ellas hunden sus raíces en siglos anteriores. 

Entre ellas destaca la villa de Arellano, explotación agrícola de carácter rural, donde vivía la aristocracia romana que contaba con una elegante y suntuosa mansión. Está situada en el término municipal de Arellano, a 6,5 kilómetros del casco urbano. La existencia de este yacimiento arqueológico era conocida desde finales del siglo XIX, pero no fue hasta 1985 cuando comenzaron las excavaciones sistemáticas bajo la dirección de Mª Ángeles Mezquíriz que han dejado al descubierto las estructuras que actualmente pueden visitarse. 

Dentro del amplio conjunto de edificaciones de la villa romana de Arellano se descubrió un taurobolio. La palabra taurobolio designa el sacrificio ritual de un toro para conseguir un bautismo de sangre. Se trata de una práctica oriental, importada a Roma por los adoradores de la diosa Cibeles a la que se dedicaba el sacrificio del toro. 
 

Taurobolio de la villa romana de Arellano


El toro, animal poderoso que produce en el hombre temor y admiración y, consecuentemente, una atracción difícil de apartar de su lado, semejante a la de un abismo abierto a sus pies, lo encontramos presente desde la más remota antigüedad en las diversas culturas nacidas en torno al Mediterráneo y Oriente Medio. Tanto en los Balcanes como en Grecia, Italia, Península Ibérica, Egipto, África sahariana, Caldea, etc., aparece como una fuerza singular y misteriosa, lo que ha hecho que se muestre de manera sustancial, una y otra vez tanto en las relaciones de los hombres con la divinidad, como en la mitología, en las primeras manifestaciones del arte, en los sacrificios rituales, en la guerra, en los juegos de anfiteatro, en la caza, en la alimentación o en la muerte. 

Símbolo de potencia fecundante, de fuerza genésica o de propagación vital, ha sido asociado por su cornamenta con la luna y sus influjos. Entroncado con la figura mítica del Minotauro, con el toro egipcio Apis, con las danzas taurinas de la antigua Creta, o con el culto de Mitra que era practicado por los soldados romanos dado que poseía ritos de iniciación en uno de sus momentos fundamentales que era el sacrificio del toro. Acto de gran envergadura simbólica, que remite a una fiera primordial en la que se concentraban las energías iniciales de la vida. 

Pero juntamente con el culto de Mitra asociado al sacrificio del toro, existen también otros dioses romanos que mantienen esta asociación. Es el caso de la diosa Cibeles y de Attis, cuyo rito en torno al sacrificio taurino se conoce en esta villa romana de Arellano.

El edificio que alberga el lugar en que se realizaban estos ritos es de planta rectangular, porticado y organizado en torno a un patio. En el centro del mismo se localizó una estructura en forma de “U”, en cuyos extremos aparecieron dos aras o altares grabados con cabezas de toro. La estructura del edificio y las aras taurobólicas indican que nos encontramos ante un lugar de culto a Cibeles, un centro religioso con espacios para la celebración de ritos iniciáticos relacionados con el toro, procesiones y banquetes. 

Aras del taurobolio de Arellano


Planta del edificio que albergaba el taurobolio
(Foto: Panel de la villa de Arellano. 
Gabinete Trama)


Resulta realmente llamativa la adoración a la diosa Cibeles en la villa de Arellano pero hay que tener en cuenta que en la temática de los mosaicos que cubrían los suelos de diversas estancias está muy presente el mito de Cibeles y Attis. Según la leyenda Cibeles había quedado prendada de Attis, adolescente de gran belleza. La diosa le llenó de regalos y le hizo prometer que permanecería siempre a su servicio y que jamás amaría a otra mujer. Pero un día Attis se encontró con la ninfa Sangaritis y traicionó a Cibeles. La diosa al enterarse de lo ocurrido mató a la ninfa y extravió el espíritu de Attis quien, en un acceso de locura, se cortó los genitales. El taurobolio era ceremonia procedente del Asia Menor; pero se unió a varios cultos, en primer lugar al de Cibeles.

La ceremonia tenía establecido un rito en el que la persona que debía recibir el bautismo de sangre entraba en una fosa cubierta con un suelo agujereado, después se conducía al toro sobre el suelo y se le sacrificaba hundiendo en el pecho del animal un largo cuchillo. La sangre que salía se colaba en la fosa cubriendo al devoto que se encontraba debajo. Después el personaje salía de la fosa y se presentaba delante de la gente como un ser nuevo.
 

Rito del taurobolio. Sacrificio del toro y bautismo de sangre
 

A este sacrificio le precedía una procesión con música, seguida de los adoradores de la diosa Cibeles, figurando en primer lugar los destinados a participar en el taurobolio. Estas curiosas prácticas debieron de pervivir en la villa de Arellano hasta el siglo V, pues la aristocracia que moraba en ella fue la conservadora de los valores religiosos tradicionales quizá como reacción a la política de los emperadores cristianos.
 

Procesión previa al rito del taurabolio
(Foto: Paneles expositivos de la villa de Arellano. 
Gabinete Trama)

Actualmente se ha procedido a la recuperación de la villa romana de Arellano lo que ha permitido conocer el devenir histórico de este lugar que, en los primeros tiempos del Imperio, se dedicó a la producción agropecuaria y contó con un completo sistema para la elaboración del vino, además, con el transcurso de los siglos acabó convertida en una lujosa residencia de campo de una familia de la aristocracia local. Todas las ruinas, a excepción del Taurobolio y un establo, están cubiertas por un edificio de reciente construcción que tiene por objeto proteger las estructuras arqueológicas de su exposición a la intemperie y facilitar a los visitantes la observación de la villa romana a través de un recorrido de pasarelas y de la observación de didácticos murales realizados por el Gabinete Trama. De esta manera, este importante yacimiento arqueológico ha sido transformado en un centro de interpretación que permitirá a los viajeros conocer la historia de esta villa rural que en el siglo IV d.C. se convirtió en un lugar religioso de culto a Cibeles y Attis.


BIBLIOGRAFÍA
-MEZQUÍRIZ IRUJO, M. A., La villa romana de Arellano, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2003.