UN NIÑO JESÚS PASIONARIO DE VICENTE BERDUSÁN EN CORELLA

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

En 1963, Arrese publicó la fotografía de este lienzo de las Carmelitas Descalzas de Araceli, bajo el título de Niño Jesús de la concha, identificándolo con un “quadrito del un Niño de Nápoles” que se registra en un inventario de 1701, por tanto anterior a la llegada de las religiosas a la ciudad. El lienzo se encontraba en el Oratorio de las Profesas, lugar en que lo sitúa Arrese y en el que se inventarió en el Catálogo Monumental de Navarra, pero con título de San Juan Bautista niño, en este caso relacionándolo con la pintura española de la época de Carlos II. En los últimos años, la pintura pasó a la Biblioteca de la Comunidad, en donde se encuentra.

Niño Jesús pasionario, de Vicente Berdusán
Convento de Carmelitas descalzas de Corella

Un detenido estudio de la obra nos lleva a hacer una precisión de carácter iconográfico, ya que ni se trata de un Niño Jesús con una concha, ni de un San Juan Bautista niño. La figura infantil porta clarísimamente una cruz y una corona de espinas, con lo que tenemos claro que representa a un Niño Jesús pasionario con dos de las arma Christi por excelencia. 

Sobre el estilo y origen de la pintura, no tenemos duda alguna de que se trata de una obra de Vicente Berdusán por su factura, luces, encarnación, toques de carmines y pincelada. Su datación se habrá de situar en la última etapa de su vida, a fines de la década de los ochenta del siglo XVII o comienzos de la de los noventa. El pintor había hecho algunas representaciones del Niño Jesús sólo con la cruz, como el delicado lienzo de la sacristía de San Jorge el Real de Tudela, que se exhibió en la exposición del pintor conmemorativa del centenario de su muerte en el Museo de Navarra. Pinturas ambas con numerosas concomitancias estilísticas y también de mensaje y tamaño. Ambas fueron realizadas para la imago pietatis, para la devoción privada y particular y destinadas a un oratorio particular o conventual y muy en sintonía con la época barroca, cuando se asociaba los inicios de la vida con una premonición de la pasión, a través del brutal contraste entre la placidez del Niño dormido o recostado y la contemplación de las arma Christi.

Niño Jesús pasionario, de Vicente Berdusán
Iglesia de San Jorge el Real (Tudela)

Respecto a la identificación con el pequeño cuadro de un Niño de Nápoles, nada hemos podido averiguar y posiblemente se tratase de una copia en cobre de una de las codiciadas esculturas del Niño Jesús que llegaban del virreinato napolitano que tanto gustaban en aquellos momentos.

El lienzo, con leves pérdidas de pigmento, mide 30 x 40 cms. y tiene como protagonista único y principal al Niño recostado y desnudo, cubierto en parte de las piernas por una leve tela de veladura, mientras un manto azul se deja ver recogido en el antebrazo derecho y por detrás de su figura. Sobre un fondo oscuro destacan sus anatomías potentes y nacaradas y su rostro ensimismado en la contemplación de la corona de espinas que tiene en su mano derecha, mientras que con la izquierda sostiene una cruz desnuda. El resplandor en torno a su cabellera rubia y un paisaje que se vislumbra en uno de los lados aportan a la composición el típico juego de luces al que era tan aficionado Berdusán. En marco dorado es espectacular y todo él se adorna con ricas molduras.

Lo más probable es que este cuadro llegase a alguna casa de Corella y que el pintor lo realizase con motivo de algún de encargo en Corella. Además de las pechinas y el retablo de la parroquia del Rosario, sabemos que en 1695 realizó un San Juan Bautista que, hasta mediados del siglo XX, estaba en la colección de los Escudero. Si hemos de pensar en una familia en concreto con medios y rico ajuar en su casa que tuviera una especial relación con las religiosas, no hay otra posibilidad que dirigir la hipótesis hacia la casa de don Antonio Miguel Vayo y La Mota, que casó en Calahorra en 1709 con su sobrina doña Elena Ugarte. El matrimonio vivió en Corella, procreando dos hijos y una hija y sólo ésta llegó a la mayoría de edad ingresando en el convento de Araceli, con el nombre de Bernarda de Cristo, concluyendo el linaje de los Vayo en la ciudad. Don Miguel restauró en Corella la fortuna familiar y al quedar viudo se hizo sacerdote, falleciendo en 1735. En su casa familiar, -luego llamada casa pintada, o de los Aguado- estuvieron las Carmelitas Descalzas desde la fundación en 1722 hasta la inauguración del convento en 1724. La heredera de la casa, huérfana de madre para entonces y con seis años y medio, quiso seguir los pasos de las religiosas y entró en el convento de junio de 1724, con dispensa del Capítulo General por la corta edad, con 1.000 ducados de dote y “muy buenas galas y oros”, falleciendo en 1780. Si los bienes materiales que llegaron al convento en usufructo, a la muerte de su padre, fueron importantes, no lo fueron menos los que se trajo de la casa familiar y ahí es muy posible que llegase el cuadro del Niño Jesús. La crónica conventual afirma que a la muerte del padre de la religiosa, en 1735, “se trajeron de su casa al convento muchas alhajas”. Es muy posible que junto al lienzo del Niño Jesús llegasen entonces a Araceli otras pinturas del siglo XVII como la aparición de la Virgen a San Francisco Javier y otras obras artísticas.

Volviendo a la pintura, hemos de recordar que la representación del Niño Jesús con atributos de la pasión fue muy divulgada a lo largo del siglo XVII y de modo especial en las pequeñas esculturas del Divino Infante. El propio tema del Dulce Nombre de Jesús está muy relacionado con la Contrarreforma y los jesuitas y fue en aquel contexto en donde cristalizó la representación del Niño rodeado de los atributos pasionales, acompañado en muchas ocasiones del anagrama IHS. Interesa resaltar que la difusión de aquella iconografía fue un hecho histórico y a la vez sociológico: la universalización y entrada de los Niños Jesús en la cultura y la piedad popular. Sus imágenes en diferentes ámbitos, con diferentes técnicas trascendieron lo estrictamente religioso para encuadrarse en una dimensión más amplia: la cultural. Será en el siglo XVI, el siglo del Humanismo, tras la Edad Media en que se insistía en temas como el temor, la exaltación o el bien morir, cuando desde planteamientos diferentes, el frío Erasmo, el entusiasta Lutero o la mística Teresa de Jesús, coinciden en el punto de llegada: la visión y la vivencia cristológica

En el propio siglo XVII, coincidiendo con el auge de aquellas pinturas y esculturas del Divino Infante, numerosos escritos místicos y espirituales pusieron especial énfasis en desvelar las distintas relaciones y puntos de contacto que se dan entre la infancia y la pasión de Cristo, considerando las visiones de la monja agustina Juana Perrand como una de las principales fuentes de inspiración. Con el contraste entre el candor y dulzura del niño y el horror del instrumento de tortura de la pasión, se consigue con creces una de los principales objetivos de la iconografía barroca, el conmover los corazones y llevar por los sentimientos a la comprensión del misterio, por el corazón a la inteligencia.Los sermones y meditaciones sobre la infancia de Cristo insistían mucho en todo ello. En pleno Siglo de las Luces el mercedario fray Juan Interián de Ayala en su Pintor cristiano y erudito, clama contra aquéllos que representaban al Niño Jesús jugando o distraído de su verdadero destino que no era sino morir en la cruz. Así se expresa el citado fraile mercedario en su obra publicada en 1730 en latín y editada en Madrid en lengua vernácula en 1782: “Vemos pintado con mucha frequencia á Christo, como Niño, y aun como muchacho ya grandecillo, divirtiéndose en juegos pueriles: por exemplo, quando le pintan, que está jugando con un paxarillo, teniéndole atado con un hilo, y llevándole en sus manos; ó quando le pintan montado á caballo sobre un cordero, ó de otros modos semejantes. Todo esto, y otras cosas á este tenor son meras necedades, y bagatelas, como ya lo advirtió un grave Autor, y de eminente dignidad. No se ocupaba en esto Christo Señor nuestro, aun en la edad pueril: cosas mucho mayores, y mas graves revolvía en su mente santísima, con cuya memoria, á no haber sujetado sus pasiones con su soberano imperio, podía haberse contristado, y entristecido. Tenía además perfectísimo uso de razón, no solo desde que nació, sino desde el primer instante en que fue animado, y concebido; en tanto grado, que en aquel mismo instante, tributó á su Eterno Padre la mas reverente obediencia, y sumisión. Lo que advirtió muy bien el Apóstol San Pablo, quando ilustrado con celestiales luces, dixo de Christo Señor nuestro, no hablando solamente de quando conversaba en el mundo, sino también de su primera entrada en él: Por esto entrando (el Hijo de Dios) en el mundo, dice: Sacrificio, y oblación no quisiste, &c. De que concluye divina, y elegantemente, que por esta sumisión, y obediencia de Jesu-Christo quando entró en el mundo, fueron santificados los hombres. Por lo que, no es razón, que le imaginemos ocupándose en juegos pueriles, y de niños, sino en pensamientos, y meditaciones muy serias”.

Los sermones y meditaciones sobre la infancia de Cristo insistían mucho en todo ello. En pleno Siglo de las Luces el mercedario fray Juan Interián de Ayala en su Pintor cristiano y erudito, clama contra aquéllos que representaban al Niño Jesús jugando o distraído de su verdadero destino que no era sino morir en la cruz. Así se expresa el citado fraile mercedario en su obra publicada en 1730 en latín y editada en Madrid en lengua vernácula en 1782: “Vemos pintado con mucha frequencia á Christo, como Niño, y aun como muchacho ya grandecillo, divirtiéndose en juegos pueriles: por exemplo, quando le pintan, que está jugando con un paxarillo, teniéndole atado con un hilo, y llevándole en sus manos; ó quando le pintan montado á caballo sobre un cordero, ó de otros modos semejantes. Todo esto, y otras cosas á este tenor son meras necedades, y bagatelas, como ya lo advirtió un grave Autor, y de eminente dignidad. No se ocupaba en esto Christo Señor nuestro, aun en la edad pueril: cosas mucho mayores, y mas graves revolvía en su mente santísima, con cuya memoria, á no haber sujetado sus pasiones con su soberano imperio, podía haberse contristado, y entristecido. Tenía además perfectísimo uso de razón, no solo desde que nació, sino desde el primer instante en que fue animado, y concebido; en tanto grado, que en aquel mismo instante, tributó á su Eterno Padre la mas reverente obediencia, y sumisión. Lo que advirtió muy bien el Apóstol San Pablo, quando ilustrado con celestiales luces, dixo de Christo Señor nuestro, no hablando solamente de quando conversaba en el mundo, sino también de su primera entrada en él: Por esto entrando (el Hijo de Dios) en el mundo, dice: Sacrificio, y oblación no quisiste, &c. De que concluye divina, y elegantemente, que por esta sumisión, y obediencia de Jesu-Christo quando entró en el mundo, fueron santificados los hombres. Por lo que, no es razón, que le imaginemos ocupándose en juegos pueriles, y de niños, sino en pensamientos, y meditaciones muy serias”.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
-Archivo de las Carmelitas Descalzas de Araceli de Corella. A-II-3. Libro de entráticos y profesiones de novicias desde 1722, A-II-2. Libro de Religiosas Difuntas de Araceli desde su fundación, 1725-2011, fol. 31 y F XX-21. Libro de la Hacienda de las Carmelitas Descalzas de Corella
-ARRESE, J. L., Arte religioso en un pueblo de España, Madrid, CSIC, 1963, pp. 477 y 481
-GARCÍA GAINZA, M. C. el alt., Catálogo Monumental de Navarra. I. Merindad de Tudela, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1980, p. 124
-GARCÍA GAINZA, M. C. y FERNÁNDEZ GRACIA, R., “Catálogo” en El pintor Vicente Berdusán. 1697-1997. Catálogo de la Exposición, Pamplona, Museo de Navarra, 1998, pp. 178-179
-INTERIÁN DE AYALA, J., El pintor cristiano y erudito, o tratado de los errores que suelen cometerse frecuentemente en pintar y esculpir las imágenes sagradas, Barcelona, Hijos de Subirana, 1883, p. 248
-SÁNCHEZ LÓPEZ, J. A., “Contenidos emblemáticos de la iconografía del Niño de Pasión en la cultura del Barroco”, Actas del I Congreso Internacional de Emblemática, Teruel, 1994, p. 687
-SÁNCHEZ MESA, D., “La infancia de Jesús en el arte granadino: la escultura”, Cuadernos de Arte e Iconografía (1988), pp. 39 y ss.