GLORIA LAUS ET HONOR TIBI SINT. UNA ESCENA DEL DOMINGO DE RAMOS EN LA CATEDRAL DE PAMPLONA (1933)

Alejandro Aranda Ruiz
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

“Es el Domingo de Ramos. Siempre acudió a la Catedral en tan señalado día, un concurso muy nutrido de fieles. Siempre la pequeña grey estuvo presente en la gran festividad que inicia la dolorosa evocación de la Pasión y Muerte del Divino Redentor. Pero este año los habituales y ya viejos visitantes de la Catedral en los días solemnes, hemos visto de tal manera aumentado el concurso de fieles en este Domingo de Ramos […]. Había en la catedral centenares de niños, muchos más que otros años, pero había también centenares de padres y madres acompañando a sus hijos, que es la principal nota del acontecimiento”. Con estas palabras describía un reportero de Diario de Navarra la procesión celebrada por el claustro de la catedral de Pamplona el domingo 9 de abril de 1933 con motivo de la festividad de Ramos a la que corresponde esta fotografía. 

En concreto, la imagen, conservada en el Museo de Navarra, fue tomada por el famoso fotógrafo pamplonés Gerardo Zaragüeta en aquel domingo de 1933. Nacido en 1895, Gerardo Zaragüeta Zabalo fue hijo de Agustín Zaragüeta Colmenares quien, procedente de San Sebastián, fundó en 1879 un conocido estudio de fotografía en Pamplona. Es en ese mismo estudio donde su hijo Gerardo se iniciaría en el arte de la fotografía en 1908. Tras la muerte de su padre en 1929, Gerardo heredó el negocio familiar donde realizaría fotografías hasta los años 60. La fotografía que se muestra encaja muy bien con las características propias de la producción de Zaragüeta quien sentía una predilección especial por el tema de la fiesta. De hecho, la imagen es un fiel reflejo de las palabras con que Francisco Javier Zubiaur describe la obra del autor. “En todas estas imágenes, entre creativas y documentales, Gerardo capta un mosaico social riquísimo con una frescura y espontaneidad innegables […]. Le interesan todas las capas sociales, que se definen gracias al ambiente y la indumentaria que visten. En sus características fotografías de conjunto, no obstante la escala de plano escogida, logra individualizar a cada persona con su espontánea expresión”. 

Procesión del Domingo de Ramos en Pamplona el 9 de abril de 1933,
obra de Gerardo Zaragüeta
Fondo Zaragüeta. Museo de Navarra

Así pues, la fotografía reproduce un momento de la procesión del Domingo de Ramos en el claustro de la catedral pamplonesa presidida por el entonces obispo diocesano don Tomás Muniz y Pablos (1928-1935). Es la identificación del prelado la que ha permitido datar con precisión la fotografía siguiendo un proceso de deducción. La figura del obispo sitúa el acontecimiento fotografiado entre los ocho años de su pontificado. Si se consulta la hemeroteca de estos años, se comprueba que la procesión siempre solía celebrarse en el exterior del templo salvo que las causas meteorológicas o la legislación civil vigente lo impidiesen. Teniendo en cuenta estos dos hechos, una de las posibles fechas de esta fotografía es la del 9 de abril de 1933. La hipótesis queda confirmada al comprobar que la crónica de la festividad, recogida el 11 abril en el Diario de Navarra, se acompañaba de una fotografía de Galle en la que aparecen los mismos personajes. Zaragüeta supo captar y transmitir con su objetivo toda la solemnidad y magnificencia de la liturgia preconciliar. Aunque la imagen corresponde a 1933, podría haber pertenecido a siglos anteriores. Únicamente la indumentaria de los fieles revela que el acto que se contempla no traspasa los umbrales del Novecientos. 

Diario de Navarra, 11 de abril de 1933
La crónica sobre el Domingo de Ramos se acompañó con fotografía de Galle, según se ve al pie 

Sin embargo, los años pasados entre la obtención de esta fotografía y el día de hoy hacen que lo mostrado por la imagen, que hasta hace no tantos años era comprendido por el público general, aparezca ante el espectador del siglo XXI como algo ajeno e indescifrable. Aunque, al igual que antaño, las celebraciones litúrgicas y ceremoniales siguen siendo una de las principales razones de ser de la catedral, el modo de celebrarlas ha cambiado notablemente. Muchas de las ceremonias han desaparecido o se han simplificado en sus gestos, ritos y número de ministros, fruto de la reforma litúrgica y de los cambios en los usos sociales, culturales y religiosos. Es por este motivo por el que es necesario acercarse a los textos ceremoniales con el objetivo, no solo de conocer este importante patrimonio inmaterial, sino también de dar sentido a imágenes como esta y a las manifestaciones materiales de todo ese patrimonio inmaterial como son los bienes suntuarios o el patrimonio monumental y mueble. 

En lo que respecta a la ceremonia representada, el Domingo de Ramos se celebraba en la catedral de Pamplona en 1933 según disponía el Reglamento de Coro aprobado por el obispo Muniz en 1931. No en vano, durante el pontificado de este prelado el Cabildo se remozó aprobando ese mismo año unos nuevosEstatutos. Pues bien, según este texto que compilaba prácticas ya seculares, la bendición de palmas y ramos tenía lugar a las nueve de la mañana en la catedral. Tras la bendición y distribución, se realizaba la procesión que, partiendo de la capilla mayor, salía por la puerta de San José y, recorriendo la plaza del mismo nombre, entraba en el atrio por la primera puerta lateral. Frente a la puerta principal, que permanecía cerrada, se realizaba uno de los ritos más significativos del día. Al llegar allí, la Capilla de Música cantaba desde el interior del templo el himno Gloria laus et honor tibi sint y el crucífero o portador de la cruz procesional golpeaba con el astil en la puerta. Una vez abierta, se cruzaba y el cortejo procesional recorría la nave de la derecha y la girola entrando al altar mayor por el mismo lugar por el que había partido. El ceremonial catedralicio contemplaba que en el caso de que las condiciones meteorológicas fuesen adversas, la procesión debía realizarse por el claustro de la seo trasladándose la ceremonia de la puerta a la del Amparo. De este modo se realizaría la procesión que se observa en la fotografía. Sin embargo, el motivo de circunscribirla a la catedral y al claustro no obedecía a causas meteorológicas sino a las restricciones del Gobierno para celebrar manifestaciones religiosas en la vía pública. 

Por lo tanto, una vez realizada la solemne bendición y distribución de los ramos por parte del obispo, la procesión había partido de la capilla mayor y, saliendo a la nave de la izquierda, había transitado por la girola y había entrado al claustro por la puerta del Amparo. En el claustro la procesión giraba a la izquierda por la crujía Norte. Es en la crujía Este en donde se realizó esta fotografía tal y como indica el sepulcro gótico del matrimonio Garro al fondo. En el centro se sitúa el obispo de Pamplona a modo de punto de fuga y rodeado de toda la chiquillería a la que hacía referencia el “repórter” del Diario. El prelado asiste a la ceremonia como celebrante y por este motivo viste de pontifical con alba rizada de encaje, cíngulo, estola, cruz pectoral, capa pluvial y mitra. El báculo propio de la dignidad episcopal es sustituido por una palma al tratarse de la procesión de Ramos. De la indumentaria del obispo merecen destacarse los rizos del cuerpo del alba muy empleados hasta la reforma del Concilio Vaticano II en todo tipo de prendas litúrgicas como albas, roquetes y manteles. Según el Diccionario de Autoridades el rizar consistía en “hacer dobleces pulidos y menudos, en la ropa y otras cosas y se suelen formar de ello varias figuras”. 

El celebrante es flanqueado por dos diáconos de honor o gremialistas que eran dos figuras propias de la liturgia pontifical y su función primordial era servir de asistentes del pontífice. El carácter honorario de esta función hacía que en la catedral se encomendase a las dignidades más altas del Cabildo. En Pamplona, por ejemplo, los Estatutos y el Reglamento de Coro de 1931 especificaban que esta labor debían desempeñarla el arcipreste y el arcediano que eran los dos canónigos de mayor dignidad tras el deán de la seo. Al vestir el obispo capa pluvial era obligación de los dos diáconos el sostener en los desplazamientos las fimbrias o extremos de la capa, gesto que realiza uno de ellos. Habitualmente los dos diáconos de honor vestían dalmática, pero en este caso la liturgia exigía que se mudase por la planeta o casulla plicada. La forma de la planeta se diferenciaba de la de la casulla en que la prenda estaba recortada por delante. Como eran ornamentos que apenas solían tener uso, lo más habitual era emplear casullas plegadas por medio de algún mecanismo tal y como se puede observar en la fotografía. 

Delante del diácono de honor de la derecha del obispo se sitúa el presbítero asistente que viste los ornamentos que la liturgia destinaba a esta función: la capa pluvial sobre el roquete y la sotana. De los servidores del obispo era el de mayor dignidad por lo que su función era ejercida por el deán de la catedral. Frente al presbítero asistente se identifica otro canónigo que, al igual que los diáconos de honor, viste casulla plicada. Es el diácono de la misa que se distingue del subdiácono, situado a la izquierda de la imagen mirando a un grupo de niños, por la estola que asoma bajo la casulla plegada. El Reglamento de Coro asignaba la función de diácono y subdiácono de la misa pontifical a los canónigos por turno. Finalmente el cortejo se cierra por la derecha con el ministro de báculo que era el clérigo encargado de este atributo en la misa pontifical. Vestía sotana, roquete, capa pluvial y banda. La banda, muy similar al paño de hombros o humeral, se empleaba y se emplea por los ministros de báculo y mitra para sostener las insignias pontificales sin tocarlas directamente con las manos. Estos oficios eran considerados inferiores por lo que solían encomendarse a beneficiados. En la derecha de la imagen sobresalen dos canónigos con el hábito coral del Cabildo de Pamplona en aquel tiempo. Sotana filetata o con botones y ojales de color carmesí, roquete, capa y muceta con embozos y antepecho de seda o terciopelo carmesí y bonete con borla roja. 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
-Diario de Navarra, 11 de abril de 1933, p. 4. 
-Estatutos Capitulares de la Santa Iglesia Catedral de Pamplona, Pamplona, Editorial Aramburu, 1931, pp. 48-51. 
-Reglamento de Coro de la Santa Iglesia Catedral de Pamplona, Pamplona, Imprenta de Jesús García, 1931, pp. 46 y 61-62.
-ZUBIAUR CARREÑO, F.J., “El fondo fotográfico Zaragüeta del Museo de Navarra” en Zaragüeta Fotógrafos. Exposición Museo de Navarra. Pamplona 29 de diciembre 2010-2 de mayo de 2011, Pamplona, Gobierno de Navarra. Departamento de Cultura y Turismo. Institución Príncipe de Viana, 2010, pp.15-28.