EL EXORNO ARTÍSTICO DE LA CAPILLA DE LOS CERVANTES ENRÍQUEZ DE NAVARRA EN LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA VICTORA DE CASCANTE

Mª Josefa Tarifa Castilla
Universidad de Zaragoza

La actual parroquia de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante fue en origen la iglesia del convento que la Orden de los Mínimos edificó tras su llegada a la localidad en 1586, constituyéndose en la única fundación que estos frailes franciscanos realizaron en Navarra. Las diferentes capillas que se abren a ambos lados de la única nave del templo fueron adquiridas en patronato por distintos miembros de la villa, desde altos eclesiásticos, nobles, como los López de Ribaforada o Miguel Cruzat, prior de la orden de San Juan de Jerusalén, a cofradías, con una finalidad funeraria, como lugar privilegiado y único de enterramiento para sí y sus familiares, quedando sus dueños obligados a dotarlas de todo lo necesario para el buen desarrollo del culto divino.

Una de las capillas más excepcionales que encontramos en esta iglesia, tanto por la consideración del personaje que la fundó como por la valía artística de la misma, es la ubicada en el lado del Evangelio junto a la capilla mayor. Fue adquirida por un hijo de la ciudad, Luis Cervantes Enríquez de Navarra, prior de Berlanga de Duero (Soria) y abad de Larza, perteneciente a uno de los linajes más sobresalientes de la nobleza navarra. De acuerdo con el condicionado presentado el 6 de mayo de 1593, el eclesiástico construyó la referida capilla bajo la advocación de San Luis, su santo patrono, quedando obligado a dotarla de altar, retablo, reja, frontal, además de los objetos necesarios para el servicio del culto divino, como cálices y casullas, dejando a su voluntad el ornato y la colocación de sus escudos en la misma. La dependencia estuvo finalizada para el año de 1602, obra que concluyó el obrero de villa Pascual de Horaa, encargando el prior de Berlanga en abril de dicho año al fustero corellano Diego Pérez de Bidangoz y Enciso la reja de madera que cerró dicha estancia y que no ha llegado hasta nosotros.


Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante
(Foto: M.J. Tarifa)

 

En el espacio del muro comprendido entre el arco de entrada a la capilla y la plementería de la bóveda se dispuso una decoración pictórica de carácter heráldico, junto con dos escudos esculpidos en yeso que delimitan una inscripción, elementos todos ellos que aluden al patronato de la misma, donde se refieren los nombres de los padres del fundador, Alonso Gómez de Cervantes, militar al servicio de Carlos V, e Isabel Enríquez de Navarra. Blasones que nuevamente fueron esculpidos en el interior de la estancia en la parte superior de los muros, entre una cornisa moldurada que recorre todo el perímetro.

Emblema heráldico de Luis Cervantes Enríquez de Navarra en la capilla de la Asunción 
(Foto: M.J. Tarifa)

 

Para presidir la capilla, Luis Cervantes encargó a finales del siglo XVI un retablo dedicado a la Asunción de María, titularidad con la que se conoce la dependencia desde los siglos del Barroco, una de las obras de mayor calidad con las que cuenta la iglesia. La tabla principal representa la Asunción y Coronación de la Virgen, a cuyos pies se arrodilla el propio patrono junto a un libro con las armas de Navarra, entre otros personajes, como San Francisco de Paula, con el charitas franciscano, fundador de la orden religiosa de los Mínimos a la que perteneció este convento y el monarca francés Luis XI, reconocible por su escudo de tres lises en fondo azul y bajo cuya advocación instituyó Cervantes la capilla. Esta pintura había sido atribuida anteriormente a Rolan Moys (1571-†1592), pintor flamenco que llegó a España en 1559 en el séquito de Martín de Gurrea, duque de Villahermosa, como artista de cámara, sin duda por su parecido con otras representaciones del artista sobre el mismo tema asuncionista, como la tabla central del retablo mayor del monasterio cisterciense de La Oliva, que acometió en 1571 junto al también flamenco Paul Scheppers (1566-†1577), retablo que en la actualidad se encuentra en la iglesia de San Pedro de Tafalla. Sin embargo, recientes estudios adscriben la pintura del retablo de la capilla cascantina a un seguidor de Moys. Criado Mainar apunta la posibilidad de que la tabla fuese realizada, o al menos concluida en su ejecución por Francisco Metelín el joven (act. 1573-†1614) o un pintor cercano a su taller, quien colaboró con Moys entre 1580 y 1583 antes de abrir su propio obrador en Tarazona en 1588, realizando entre otros el retablo titular de la parroquia de la Asunción de la Virgen de Grisel (1591-1593), cuyas similitudes con el retablo cascantino son más que evidentes, al igual que sucede con la tabla del mismo tema del retablo de Nuestra Señora de Vera del Moncayo (1588-1590). 
 

Retablo de la Asunción y Coronación de la Virgen
Detalle de la tabla central con San Luis de Francia, Luis Cervantes Enríquez de Navarra y San Francisco de Paula
(Foto: M.J. Tarifa)

 

Nuevas coincidencias compositivas se aprecian en el banco, cuya predela central representa la escena de la Sagrada Familia, con la Virgen y Santa Ana sosteniendo el Niño, flanqueadas por San José y San Joaquín, muchos de cuyos elementos se perciben en la tabla del mismo tema del banco del retablo de la Asunción de Grisel, lo que lleva nuevamente a apuntar la autoría de la pintura navarra a Francisco Metelín el joven. Esta tabla central del banco queda flanqueada a la izquierda por las pinturas de San Lorenzo mártir, un santo entronizado sedente, con el libro entreabierto en su regazo, quizás el rey Salomón, que ha perdido parte de la capa pictórica y a la derecha por un pontífice escribiendo, iluminado por el Espíritu Santo y San Juan Bautista con el atributo del cordero en la mano.

Por otra parte, el hallazgo de datos documentales inéditos localizados en diferentes archivos navarros nos permiten aportar información inédita referente al rico exorno textil y argénteo con el que la capilla fue proveída para el buen servicio del culto divino. De acuerdo con un inventario fechado el 23 de junio de 1626, la capilla de los Cervantes Enríquez de Navarra había sido dotada desde su fundación en 1593 con una serie de objetos litúrgicos necesarios para el buen desarrollo de los oficios divinos, refiriéndose un cáliz de plata dorada, “la copa para adentro con su escudo de armas al pie, con su patena, mas una salbilla de plata con sus armas y dos vinajeras de plata”. A ello se sumaban una serie de ornamentos textiles, como “una casulla de damasco verde con su cenefa de brocado y dorado con un escudo de sus armas bordado, con su estola y manipulo. Mas otra casulla de gorgaran negra aforrada en tafetan encarnado, con sus pasamanos de oro por cenefa con su escudo de armas bordado, y su manipulo y estola. Mas otra casulla de red sobreposada aforrada en tafetán amarillo y su manipulo y estola. Mas un alba de olanda con sus puntas y randas y amito. Mas dos bolsas de corporales negras sin corporales. Mas un misalico pequeño a lo biejo y un caxon para tener todas estas cosas”. 

La mayor parte de las piezas desaparecieron en noviembre de 1808, al igual que el resto del rico ajuar argénteo con el que contaban las otras dependencias del templo, como consecuencia del brutal saqueo del que fue objeto el convento por parte de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, que tan nefastas consecuencias tuvo para el patrimonio histórico-artístico, situación que se agravó tras la exclaustración de los frailes mínimos en 1836 como resultado de la aplicación de las medidas desamortizadoras de Mendizábal. De todo el ajuar donado por los patronos de la capilla de los Cervantes Enríquez de Navarra, tan sólo nos ha llegado un ornamento textil, la casulla (fig. 4) que actualmente se conserva en uno de los armarios de la sacristía del templo conventual, con las armas del fundador bordada en la espalda (fig. 5). El blasón, similar al escudo central que campea sobre la decoración pictórica colocada sobre el arco de entrada a la capilla, corresponde a los Enríquez de Navarra: cuartelado, primero y cuarto de gules, con las cadenas de oro de Navarra; y segundo y tercero de azur, con un león rampante coronado, de gules. En la parte central del escudo e colocan tres escusones: en el flanco derecho, de azur, el castillo de oro; en el centro, de sinople, dos ciervas; y en el flanco izquierdo, de azur, una banda de gules con dos cotizas de oro, acompañada de dos crecientes de oro, y bordura con ocho sotueres de oro. Son las armas de los Rivadeneira, de los Cervantes y de los Amézcoa, los antecedentes familiares del prior de Berlanga.

Esta pieza central blasonada es lo único que se corresponde con la vestimenta litúrgica de fines del siglo XVI, ya que el resto de la preciosa tela que le sirve de base a la orla es posterior, del siglo XVIII, solución muy habitual con el fin de seguir utilizando piezas muy costosas que estaban en parte deterioradas.

Casulla donada por Luis Cervantes Enríquez de Navarra
(Foto: M.J. Tarifa)

 


Detalle de la casulla con escudo de Luis Cervantes Enríquez de Navarra
(Foto: M.J. Tarifa)
 



BIBLIOGRAFÍA
- CRIADO MAINAR, J., Francisco Metelín y el retablo mayor de Grisel, Tarazona, Ayuntamiento de Grisel y Centro de Estudios Turiasonenses de la Institución “Fernando el Católico”, 2006.
- FERNÁNDEZ MARCO, J.I., “Nuestra Señora de la Victoria. Cascante”, Temas de Cultura Popular, nº 348, Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
- GARCÍA GAINZA, M.C., HEREDIA MORENO, C., RIVAS CARMONA, J. y ORBE SIVATTE, M., Catálogo Monumental de Navarra, I. Merindad de Tudela, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1980, pp. 49-53.
- TARIFA CASTILLA, M.J., La arquitectura religiosa del siglo XVI en la Merindad de Tudela, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2005, pp. 340-362.
- TARIFA CASTILLA, M.J., “Un itinerario genealógico: las armas de los Cervantes Enríquez de Navarra en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante”, Revista Hidalguía, nº 334-335 (mayo-agosto 2009), pp. 495-525.