UN RETRATO COSTUMBRISTA DEL PINTOR NAVARRO EMETERIO TOMÁS HERRERO

Iñaki Urricelqui Pacho
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Durante el tránsito del siglo XIX al XX, la pintura costumbrista alcanzó en Navarra un importante impulso, similar al que recibió en el resto de España. Dentro de la primera generación de pintores contemporáneos navarros, nacidos con anterioridad a 1875, destacaron en este género figuras como Eduardo Carceller, Nicolás Esparza, Andrés Larraga o Inocencio García Asarta -estos dos últimos, sin duda, los pintores navarros más interesantes de su tiempo-. A ellos les seguirían los integrantes de una nueva generación, denominada “generación puente”, entre la que destacaron en el género costumbrista autores como Javier Ciga, Miguel Pérez Torres o Francisco Echenique. Fueron pintores nacidos entre 1875 y 1900, formados en focos nacionales (Madrid, Barcelona) e internacionales (Roma y París), que desarrollaron una pintura que, pudiéndose calificar de tradicional (por la importancia concedida al dibujo, a la composición, al uso de un cromatismo realista y sin estridencias), coincidió con la estética moderna en el uso de una pincelada suelta, de sabor impresionista, y en el interés por temas de actualidad. De este modo, combinaron un “casticismo” en lo temático, con atención a lo local y cotidiano, con una pintura que sin ser moderna resultó tal para el ambiente artístico navarro y, en algunos casos concretos, alcanzó verdadera modernidad pictórica, como sucede con Javier Ciga o Jesús Basiano. 

A esta segunda generación de pintores navarros pertenece Emeterio Tomás Herrero, nacido en Mendaza en 1886. Gracias a su solicitud de una pensión para formación artística elevada a la Diputación foral y provincial de Navarra el 27 de septiembre de 1905 sabemos que cursó estudios durante cuatro años en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona bajo la dirección de Enrique Zubiri, en cuyo estudio particular también recibió lecciones. En certificado del propio Zubiri, adjuntado a su solicitud, el maestro pamplonés expresaba: “he podido apreciar sus extraordinarias facultades en la Copia del Antiguo, sus rapidísimos progresos, su excepcional talento para el arte á que se dedica”. Aparte, durante los meses de febrero a mayo de 1905, estuvo matriculado en la Escuela Superior de Barcelona, recibiendo clases de Vicente Borrás, que certificaba sobre el joven navarro sus “muy visibles adelantos gracias á su constante aplicación y clarísimos dotes que ha demostrado”. La pensión solicitada por Emeterio Tomás tenía como objetivo permitirle matricularse en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, “con el fin de hacer más llevadera esta difícil y costosísima carrera” puesto que, en caso de no recibirla, “se vería privado de algún triunfo que pudiera conseguir durante ella y tal vez tener que abandonarla por no poder hacerla con la rapidez que debiera”. Pese a todo, la Diputación acordaba el 28 de noviembre que se le denegara la ayuda. No obstante esta decisión, hay que precisar que no se debía tanto a las aptitudes del solicitante, que eran notables a juzgar por los informes adjuntados a la petición, sino al hecho de que la corporación provincial no contaba en esas fechas con un sistema estable de ayudas a la formación artística que, habiendo sido ensayado sin mucho éxito en las décadas de 1880 y 1890, no se concretaría mediante un reglamento hasta la década de 1920. 

Pese a esta negativa, Emeterio Tomás no cejó en su empeño de viajar a Madrid y, por noticias aportadas por su familia, finalmente acudió a la Escuela de San Fernando, posiblemente como alumno libre, esto es, sin matrícula oficial pero con acceso a determinadas clases. Aparte, también gracias a esta fuente, conocemos que viajó a París con ayuda económica familiar, precisamente en el contexto histórico en el que allí confluían la herencia del Impresionismo y de las tendencias estéticas de fin de siglo, con la propuesta de vanguardia de movimientos como el Fauvismo, el Expresionsimo o el Cubismo. 

Finalizada su formación artística, Emeterio Tomás se instaló en Estella, localidad en la que permanecería toda su vida. Allí abrió su estudio, dedicándose a la pintura, especialmente el retrato y la escena costumbrista, muchas veces combinando ambos géneros en lo que podría denominarse “retrato costumbrista”, así como el paisaje. Sus trabajos revelan a un artista bien dotado y capaz de captar la esencia de la figura y de la escena. Inmerso en el ambiente artístico de su época, tuvo relación con Gustavo de Maeztu y con Jesús Basiano, dos referentes de la pintura en Navarra de su generación. 

Como sucedió con otros pintores, Emeterio Tomás acabó derivando hacia la fotografía, abriendo un estudio fotográfico en la Plaza de los Fueros de Estella y convirtiéndose en un notable retratista. Una fotografía, posiblemente de los años 30-40, nos muestra al pintor-fotógrafo trabajando en su estudio, rodeado de sus retratos fotográficos y de algunas de sus pinturas, entre otras, la que vamos a comentar a continuación. Emeterio Tomás Herrero fallecía en Estella en 1954 dejando un importante legado pictórico y fotográfico que bien merece un estudio. 
 

Emeterio Tomás Herrero en su estudio-taller. Década de 1930-1940 
 

El Museo del Carlismo posee entre sus fondos una pintura de este artista estellés, hasta ahora desconocida y que desde el pasado 15 de abril se exhibe, junto a otros objetos, en la exposición temporal “Comprometidos con la Historia. Donaciones y depósitos en el Museo del Carlismo”, abierta hasta el próximo 15 de febrero de 2015. Se trata de una pintura que, en la estela de artistas como Javier Ciga y Miguel Pérez Torres, ahonda en el costumbrismo local a través de una escena cotidiana como es la lectura del periódico. En una sencilla composición aparece un personaje, de medio cuerpo y de perfil, sentado y vestido con blusa blanca, camisola azul, chaleco pardo y boina negra, que lee un ejemplar de El Pensamiento Navarro. En la mesa, junto a él, se dispone un sencillo bodegón formado por una jarra de loza y un vaso de cristal con un tercio de vino tinto. Es una escena sencilla y plácida en la que se presenta un momento cotidiano, dominado por los tonos ocres y por una luz general que matiza los volúmenes.

Este tema, la lectura de la prensa (así como la lectura de cartas, libros y otros escritos) fue habitual en el costumbrismo del período de entre siglos, pero lejos de ser un hecho anecdótico, posibilita una lectura más profunda de la obra y nos aproxima, en este caso, al mundo familiar y cotidiano del carlismo, como movimiento social y político relevante en la Navarra de principios del siglo XX. De este modo, como sucede con otras pinturas costumbristas de autores como los mencionados Ciga o Pérez Torres, la escena costumbrista adquiere un significado que va más allá de lo representado y que ahonda en su contexto histórico, social e ideológico. 

El Pensamiento Navarro fue fundado en 1897 en Pamplona como sucesor de La Lealtad Navarra y estuvo dirigido en su primera etapa por Eustaquio Echave-Sustaeta. Nació como “diario carlista” siendo subtitulado a partir de 1911 como “diario tradicionalista”. Fue el órgano de expresión del carlismo navarro hasta su desaparición en 1981 formando parte de este modo de la cotidianidad de muchos hogares durante casi un siglo. Este periódico, leído por un personaje, nos induce a pensar en la posible relación de éste con el carlismo. 
 

Emeterio Tomás Herrero, Retrato de José Miguel, teniente honorario, leyendo el Pensamiento Navarro, h. 1912
Museo del Carlismo (Depósito de Fernando Tomás Abaigar y Ana Tomás Rodríguez)


La pintura que nos ocupa fue reproducida en 1940 en la revista Vida Vasca con el título “José Miguel, teniente honorario”, pero incluyéndose en ella algún retoque fotográfico, en particular en la boina, a la que se le añadieron estrellas de oficial. Con ello, se remarcaba la identidad del retratado al que se identificaba como un requeté y por lo tanto, como un participante en la Guerra Civil española. Sin embargo, varios hechos nos ayudan a matizar esto. En primer lugar, la fotografía del estudio de Tomás Herrero que hemos mencionado y que incluye esta pintura, la muestra tal y cómo la conocemos hoy, sin las referidas estrellas en la boina. Por lo tanto, la reproducción publicada en Vida Vasca debe interpretarse como un “montaje fotográfico”, con fines propagandísticos, a partir de la pintura original. Además, en la portada del periódico se lee “Año XV”, lo que permite datar el cuadro hacia 1912, esto es, 15 años desde la aparición del periódico en 1897. Ello lo confirma la imagen del requeté que aparece en la cabecera del ejemplar de El Pensamiento Navarro que ojea el retratado y que fue habitual en la prensa carlista de principios del siglo XX. Lo mismo puede decirse del trilema carlista “Dios, Patria y Rey”, parte del cual leemos en la página.

En cuanto a la identidad del retratado y su condición de “teniente honorario”, ésta debe aludir más bien a su participación en la última guerra carlista (1872-1876) en las filas de don Carlos VII. De este modo, la escena representa a un veterano de las carlistadas (aunque tocado con una boina negra y no la carlista encarnada) leyendo el órgano de expresión del carlismo en Navarra y, de este modo, informándose de los acontecimientos de su tiempo. La imagen del soldado carlista o requeté de la cabecera, nos sitúa, además, en el proceso de paramilitarización que acompaño al desarrollo del carlismo durante el mandato de Jaime de Borbón (Jaime III), entre 1909 y 1931, preludio de la época republicana y de la participación del requeté en la Guerra Civil española.

Publicación del cuadro de Emeterio Tomás Herrero en la revista Vida Vasca, 1940



FUENTES
-Archivo General de Navarra, AAN DFN CJ 37417: expediente de Emeterio Tomás Herrero. 
-Conversación mantenida con Fernando Tomás Abárzuza, en Estella, el 13 de noviembre de 2013.
 

BIBLIOGRAFÍA
Comprometidos con la Historia. Donaciones y depósitos en el Museo del Carlismo (catálogo de exposición), Pamplona, Gobierno de Navarra, 2014, pp. 24-25.
- IMBULUZQUETA, G., Periódicos navarros en el siglo XIX, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1993.
- URRICELQUI PACHO, I., “Pintura costumbrista en Navarra en el período 1875-1940: aproximación a un género pictórico”, Ondare, n. 27, 2009, 407-496.
- URRICELQUI PACHO, I., La pintura y el ambiente artístico en Navarra (1873-1940), Pamplona, Gobierno de Navarra, 2009.
Vida Vasca. Revista Regional Española, nº XVII, 1940, p. 159.