LOS USOS DEL TEMPLETE DE LA CATEDRAL DE PAMPLONA Y EL ALTAR EUCARÍSTICO-MARIANO

Alejandro Aranda Ruiz
 

El Concilio de Trento (1545-1563) tuvo una especial repercusión en el terreno de las artes al rubricar la afirmación de San Gregorio Magno de “querer mostrar lo invisible por medio de lo visible”. Así pues, el arte de la Contrarreforma contribuyó a reforzar y difundir todas aquellas verdades de fe promulgadas por el Concilio y negadas por la Reforma, como el culto a la Eucaristía y a la Virgen. 

Este hecho tendría su expresión en la catedral pamplonesa durante el pontificado de Antonio Zapata y Mendoza que ocupó la mitra de San Fermín entre 1596 y 1600. Sin embargo, hay que puntualizar que ya en tiempos anteriores a Zapata y a Trento, a principios del siglo XVI, había un deseo de engrandecer el culto catedralicio y de proveer a la seo pamplonesa de los efectos necesarios a tal objeto. El 5 de abril de 1501 el papa Alejandro VII otorgó una bula que pretendía que la catedral fuese “conservada como es debido, y dotada de cálices, libros, patenas, ropas y otros ornamentos eclesiásticos”. Para ello, el pontífice concedía numerosas indulgencias con motivo de la fiesta de la Asunción. Así pues, la intervención de Antonio Zapata supuso un primer hito dentro del proceso de renovación y ampliación del ajuar litúrgico de la catedral que se extendería hasta el siglo XIX. El obispo, buscando potenciar el culto eucarístico y mariano, proyectó una serie de creaciones artísticas entre las que se encontraban la realización del retablo mayor, el templete eucarístico y la sacristía capitular. Las trazas del retablo y del templete fueron encomendadas al platero pamplonés José Velázquez de Medrano en 1597. El retablo, de clara inspiración escurialense, dotaba de mayor dignidad y realce a la capilla mayor y evitaba que las miradas de los fieles se distrajesen con la visión de la girola. Asimismo, era un manifiesto de las enseñanzas tridentinas con la presencia Santísimo en el tabernáculo, la Asunción de la Virgen, San Pedro o el calvario, en clara alusión al carácter sacrificial de la misa. 

El templete eucarístico, de gran envergadura, es una obra realizada en plata de estilo bajorrenacentista que combina arquitectura y escultura. La pieza responde a la tipología de custodia de andas o templete con precedentes en Tarazona y Madrid. A pesar de que la custodia de andas no estaba muy extendida en aquel entonces, se escogió esta tipología debido a que debía albergar a una custodia ya existente. Además, el templete aportaba mayor visibilidad a la sagrada forma y creaba una especie de dosel de respeto. El templete tiene plan central cubierto por una cúpula semiesférica apoyada sobre pechinas y columnas. La iconografía, con temas del Antiguo y del Nuevo Testamento, hace continuas alusiones a la Eucaristía. Sin embargo, la ampliación de la abertura central para poder introducir la imagen de Santa María la Real no fue realizada en el siglo XVIII como tradicionalmente se ha afirmado sino en el siglo XVII. Ya en tiempos de Juan Queipo del Llano, obispo de Pamplona entre 1639 y 1647, hay constancia de que se colocaba a la virgen en el templete. De hecho, fue durante su estancia en Pamplona cuando se registra por primera vez la advocación de Virgen del Sagrario. Para la fiesta de la Asunción “a las ocho y media se dice prima y misa por el señor Queipo [...] en el altar donde está la santa imagen [...] para vísperas se pone la santa imagen en el trono de la fiesta del Corpus”. De este modo, la reforma se tuvo que hacer en la primera mitad del siglo. Asimismo, tal y como apunta Jesús Criado Mainar, el templete nunca formó parte del retablo como expositor o tabernáculo.
 

Apertura del Año mariano, 1 de enero de 1946
 

Respecto al uso y la función, el templete servía para albergar la custodia en la fiesta y octava del Corpus y, desde el siglo XVII, la imagen de Santa María la Real en la solemnidad de la Asunción y durante su octava. Para estas dos festividades, relata don Juan Ollo, el trono o templete se colocaba coronando un grandioso altar portátil erigido sobre una base cuadrada dotada de un frontal con estatuillas amarillas y un graderío en forma de pirámide escalonada de plata que terminaba en el templete que cobijaba la custodia o la imagen de la Virgen. Este impresionante altar, que se podría englobar dentro de los llamados altares de aparato, se situaba en el centro del presbiterio adornado “lo más magníficamente posible con floreros y muchos candelabros con velas”. En un inventario de 1771 se recoge “un graderío de plata con su frontal de lo mismo para formar el altar en medio o plano de la capilla mayor en las dos octavas de Corpus y Asumpción [...] el trono grande también de plata que se pone en el remate de este altar”.

No obstante, hay que apuntar que para el Corpus el templete se empleó de dos maneras. En primer lugar, para la procesión se instalaba en una carroza de la que hablan las Relaciones del Corpus de 1609 y 1610. La Relación de 1609 señala que el templete con la custodia “se fundaba en una mesa como de altar sobre un carretón” tirado por tres hombres. Sin embargo, al menos desde la segunda mitad del siglo XVIII el templete y la carroza dejaron de emplearse para la procesión llevándose la custodia sobre “unas andas forradas en plata” mencionadas en el inventario de 1771. De hecho, en el Corpus de 1759 se registra que “se tomó al Señor en las andas” pero como al salir la procesión comenzó a llover “los sacerdotes que llevaban las andas restituyeron al Señor al trono”. Así pues, parece ser que ya entonces el templete se empleaba únicamente para exponer al Santísimo en el altar piramidal. Sin embargo, desde 1881, el templete no se instalaba en el altar piramidal hasta después de la procesión, cuando “quitan los carpinteros las andas del altar portátil y colocan el trono con la Custodia grande, en cuya forma está toda la Octava”. En otras palabras, hasta la procesión del Corpus, en el altar portátil permanecía la custodia con las andas sencillas que se podían “separar fácilmente del altar para la procesión, por medio de un sencillo aparato giratorio”. En 1946 dejó de ponerse el altar piramidal, pero entre 1950 y 1978 volvió a sacarse el templete en procesión sobre una carroza elaborada con el chasis de un coche episcopal de caballos y bordeada por bandas de plata sobrantes del altar.
Para la fiesta de la Asunción la forma del altar era la misma que en el Corpus con la única salvedad de que en el templete se alojaba a la Virgen. El altar se instalaba para las primeras vísperas de la Asunción pero con la imagen “como para llevarla en procesión”, es decir, sobre las andas forradas de plata antes mencionadas. Tras la procesión y la misa, para las segundas vísperas, que se celebraban a las tres, se “pone a la Santa Imagen en el trono de la fiesta del Corpus”. De este modo permanecía la imagen durante todos los días infraoctavos hasta la procesión de la octava en que se volvía a poner a la imagen sobre sus andas “para los señores prebendados que llevan en hombros a Nuestra Señora”.

El aspecto del altar se mantuvo sin cambios sustanciales hasta 1908 cuando, gracias a una donación realizada por Micaela Azpíroz, el canónigo Nicanor Hernán adquirió numerosos elementos que transformaron el altar: una alfombra, un frontal de plata “de Meneses”, planchas de plata para los laterales del altar, molduras para el graderío, cuantiosos candeleros y floreros y dos magníficos candelabros de veintiún brazos con dos pilastras a juego costando todo ello dos mil pesetas. Los objetos se estrenaron el 18 de junio de 1908, día del Corpus en el que no hubo procesión por lluvia. Por último, cabe destacar que el altar se instaló también para eventos extraordinarios. Debido a la brevedad de estas notas sólo se pueden citar dos ejemplos. La solemne celebración de inicio del siglo XX o la apertura del Año Mariano de 1946, ceremonia de la que se conservan las únicas fotografías conocidas este altar. 
 

Procesion del Corpus Christi en Pamplona. 1964


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
-Archivo Catedral de Pamplona. Códice 162. Manual teórico práctico de las Ceremonias de la Santa Iglesia Catedral de Pamplona en las principales festividades; Caja 1324. Rúbricas. Instrucciones y acuerdos capitulares sobre ceremonias de esta Santa Iglesia, año 1820; Caja 3017. Libro 48, Notum 2º; Apuntes sobre la Catedral de Pamplona por D. Juan Ollo; Caja 1187. Sacristía y obrería mayor. Inventario de las alhajas y ornamentos de la Sta. Iglesia. Año 1771. 
-ARIGITA Y LASA, M., La Asunción de la Santísima Virgen y su culto en Navarra, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Fortanet, 1910 y GARCÍA GAÍNZA, M. C., “Actuaciones de un Obispo Postridentino en la Catedral de Pamplona”, Lecturas de Historia del Arte, Vitoria, Ephialte 3, 1992, págs. 110-124.