ATRIL NAMBAN

Pilar Andueza Unanua
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El Ayuntamiento de Tudela posee un atril namban que, como documento histórico testimonia, entre otros muchos aspectos, las relaciones comerciales y culturales entre Oriente y Occidente a finales del siglo XVI y principios de la centuria siguiente. Cabe destacar de esta pieza, además, su excepcionalidad, pues son muy limitados los muebles de este tipo conocidos en España. Sirvan como ejemplo los procedentes del convento de Agustinas y de la iglesia de Santiago el Real, antiguo convento jesuita de San Pedro y San Pablo, ambas en Medina del Campo, dos ejemplares del monasterio de Descalzas Reales de Madrid, el correspondiente a la iglesia de Santa Cruz de Écija o el perteneciente a la iglesia de Santa María de los Corporales de Daroca. No obstante, la pieza tudelana resulta estéticamente más pobre, carece de cantoneras metálicas y presenta un peor estado de conservación.

Nos hallamos ante un atril de altar, en forma de tijera y plegable, destinado a la colocación de un libro abierto de manera estable que permitía su correcta lectura en el desarrollo de funciones litúrgicas. Las tablas que lo conforman aparecen recortadas en su parte inferior en forma de arquillo mixtilíneo. Como es habitual en el arte namban, utiliza la técnica de la laca. Sobre su superficie lacada se dispone una decoración basada en dibujos realizados con polvo de oro e incrustaciones de nácar. El tablero principal del anverso presenta una retícula realizada a base de finas hileras de nácar rematadas en los extremos laterales por una cenefa de rombos igualmente de nácar. Esta red decorativa queda interrumpida en el centro para dar acogida a un gran monograma IHS, también en nácar, acompañado de una cruz en la parte superior y un corazón con tres clavos, rodeado de una aureola de rayos alternativamente rectos (nácar) y ondulados (pintura dorada). Por su parte el reverso de la pieza presenta una delicada composición vegetal compuesta por una enredadera (kuzu) de finos tallos en cuyo trazo se combinan dos tonalidades doradas, y enriquecidos con incrustaciones de madreperla que imitan flores.
 

Atril namban. Periodo Momoyama (1573-1616). Casa consistorial de Tudela
 

El arte namban, iniciado a mediados del siglo XVI con la llegada de los portugueses a tierras japonesas, fue realizado en aquel país por artesanos locales a instancias de los europeos quienes lo destinaban al comercio en Europa. Su esencia radica en la fusión de elementos culturales y artísticos orientales con otros occidentales, en gran medida introducidos por la labor misionera de los jesuitas, a quienes seguirían otras órdenes. Este carácter híbrido se refleja en los aspectos tipológicos, técnicos, ornamentales e iconográficos de esta pieza. De hecho, el atril era una modalidad de mueble importada, pues los japoneses carecían de libros. La técnica empleada es la laca, técnica totalmente oriental, como lo es también el repertorio ornamental vegetal, frente al IHS jesuítico, que apareció por primera vez en 1549 en los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, publicados en Roma. Este arte de naturaleza mixta se extendió durante el último cuarto del siglo XVI y las primeras décadas de la centuria siguiente, momento en el que el poder japonés comenzó a aplicar una política de rechazo a todo lo que representara la presencia católica en su territorio. Coincidió por tanto esta etapa con el denominado periodo Momoyama (1573-1615), fechas en que debemos situar el atril tudelano.
 

Atril namban. Reverso. Periodo Momoyama (1573-1616). Casa consistorial de Tudela
 

Europa, y posteriormente América, donde se intentaría imitar, admiraban en gran medida la técnica de la laca que alcanzó un gran desarrollo y calidad en tierras niponas. No se trataba de una técnica sencilla. Por el contrario requería mucha meticulosidad y tiempo. Para su aplicación era necesaria una resina vegetal obtenida de determinadas especies arbóreas, caracterizada por su dureza al solidificarse. Este elemento, aplicado sobre una superficie de madera en sucesivas capas, con sus correspondientes pulimentos, se caracterizaba además por su resistencia, impermeabilidad, brillo y suave textura y podían incorporar incrustaciones y dibujos. En el caso del arte namban se empleaba la llamada laca urushi. En las capas intermedias se aplicaban repertorios ornamentales elaborados con polvo de oro, plata o u otros pigmentos, técnica conocida como maki, a la que también podía aplicarse incrustaciones de nácar, denominándose entonces raden. 

El atril de Tudela responde con exactitud a esta última técnica típica del arte namban. La presencia del monograma ignaciano nos hace pensar en su llegada a España de mano de algún misionero de la Compañía de Jesús. Desconocemos cómo fue a parar al Consistorio tudelano, si bien es muy posible que haya que relacionarlo con la exclaustración de los jesuitas en el siglo XVIII cuando, extinguida la orden, sus propiedades se disgregaron. 

Atril namban. Detalle del monograma jesuítico

BIBLIOGRAFÍA
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