EL MONUMENTO DE PERSPECTIVA DE LA PARROQUIA DE PERALTA 
 

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

A la gentileza y generosidad del párroco de Peralta, don Francisco Javier Leoz, debemos el conocimiento de la existencia de la fotografía que acompaña a este texto. La imagen resulta excepcional no por la pieza en sí, sino por su género en Navarra, en donde este tipo de escenografías se dejaron de montar en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado y sus instantáneas son prácticamente una rara avis.

Como es sabido, los monumentos de Semana Santa se colocaban para la liturgia del día de Jueves Santo. A lo largo del siglo XVIII se realizaron en su mayor parte con arcos decrecientes en profundidad y el último de perspectiva, recogiendo las ricas experiencias de los maestros italianos y sus obras, fundamentalmente de Bernini, Borromini y el Padre Pozzo, así como diversos diseños de algunos tratados de perspectiva.

El profesor Echeverría Goñi estudió esta tipología en Navarra e incluso publicó algunas trazas (“Los monumentos o “perspectivas” en la escenografía del siglo XVIII de las grandes villas de la Ribera estellesa”. Príncipe de Viana (1990). Los diseños de muchos de ellos se encuentran con las escrituras de sus contratos y otros fueron a parar, con motivo de pleitos, al Archivo Diocesano de Pamplona. En éste ultimo se conserva el proyecto del monumento de perspectiva de Garinoain, obrta por los maestros José de Ruete, pintor y Antonio de Bellostas, arquitecto.
 

Fotografía del Monumento de la parroquia de Peralta. 1942

 

El que nos ocupa de Peralta fue contratado en 1781 con el pintor de Tafalla José del Rey, prolífico maestro que hizo otras obras de este tipo y sobre todo doró y policromó numerosas obras, a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII. Tras la realización del proyecto, en 1782, fue reconocido y tasado por el maestro italiano Santiago Marsili, establecido por aquellos años en la localidad de Peralta, dándolo por bien hecho y advirtiendo que los diseños para su ejecución habían sido realizados por el pintor riojano José Bexes (1729-1785), seguramente que aprovechando su estancia en la villa navarra al objeto de policromar las alas laterales del retablo mayor que había contratado en 1780.

Si tenemos en cuenta que el propio Bexes se hizo cargo del monumento de la parroquia de San Saturnino de Pamplona entre 1778 y 1779, destruido en 1928, podremos imaginar con el de Peralta cómo era el de la parroquia pamplonesa, en el escalafón del obispado la primera de la diócesis. Una vez más los de Peralta, como las personas que ostentaban otros patronatos en singulares villas como Los Arcos, no escatimaron esfuerzos para contra con lo mejor de lo mejor. En el caso que nos ocupa, la persona que estuvo muy al tanto de cuanto se hacía en la parroquia de Peralta –caja del órgano, púlpitos, retablos, sobresalientes obras de bordado… etc.- fue don Tomás de Marichalar. Su nombre aparece en cuantas iniciativas se daban en la localidad, particularmente en lo referido al ornato del templo y el culto divino. Él mismo dejó escrito en su testamento que había cuidado, como sus antepasados, las cuentas de la primicia de la parroquia, con un interés y celo por todo lo relacionado con el culto divino.

El mismo personaje desde su responsabilidad pública como gobernador de justicia de Peralta, destacó como persona del Siglo de las Luces y hombre muy en sintonía con la política ilustrada de reformas por doquier. Quien lea sus bandos para alas fiestas de la localidad, la Semana Santa, y otros con motivo de diversos acontecimientos, no podrá sino evocar los grandes principios de reforma que imperaron en la España de Carlos III.

La fotografía del monumento de Peralta indica en su dorso que se dejó de montar a mediados del siglo pasado. Una inscripción reza así: “Este monumento se colocaba en la capilla de San José de la parroquia de San Juan Evangelista de Peralta y se empleó por última vez el Jueves Santo de 1942”. La fecha coincidirá con la de la fotografía por motivos que parecen obvios.

Como otros monumentos de perspectiva, nos encontramos con unos lienzos sujetos por sus bastidores en los que se han pintado propiamente arquitecturas y algunas figuras entre las que destaca la Verónica con la Santa Faz y posiblemente ángeles con las arma Christi. La perspectiva ilusoria se logra mediante la multiplicación de pilares y arcos decrecientes que conducen la mirada hacia el tabernáculo, en el caso de Peralta una riquísima arca de plata de origen peruano datable en la década de los veinte del siglo XVIII y posiblemente dádiva de un indiano de la familia Irigaray.

En realidad, se trataba de una falsa perspectiva que examinada de cerca, como muchas otras resultaría mucho más corta que lo que aparentaba, porque las medidas del orden de las columnas se iba acortando a medida que se alejaba del espectador. El mundo de la ilusión pertenece a la esencia de la pintura desde sus remotos tiempos, de suerte que es un ingrediente de su historia. El concepto habitual de pintura, en el pasado, es el de figuración en una superficie de dos dimensiones del efecto espacial en su totalidad, acudiendo a las normas de la óptica y de la perspectiva.

Ilusionismo y trampantojo pertenecen ya a los tiempos clásicos, mientras los pintores griegos se inclinaron por el trampantojo, los romanos lo hicieron por las vías del ilusionismo espacial. La perspectiva es un sistema de representación de un objeto o espacio tridimensional en una superficie plana, tal y como aparece a los ojos de un observador desde un cierto punto de vista. El ilusionismo arquitectónico es algo que se añade a una realidad, que se hace más grandiosa, imaginativa y monumental. Puede decirse que agranda la arquitectura a la que se aplica.