EL RETABLO DEL CRUCIFICADO DEL MUSEO DEL PALACIO DECANAL DE TUDELA 
 

Jesús Criado Mainar
Universidad de Zaragoza

 

Una de las claves en la introducción del Renacimiento en Tudela y la comarca de la Ribera fue la temprana llegada a este territorio de escultores y entalladores franceses entre los que el normando Esteban de Obray (doc. 1519-1551, †1551) ocupa un papel fundamental. Tal y como documentó José R. Castro, este artífice oriundo de Saint-Omer, en Artois, participó en los trabajos de la nueva sillería coral (hacia 1517-1522) de la colegiata de Santa María y tradicionalmente se le viene atribuyendo la magnífica reja «al romano» de madera y hierro (hacia 1525) que clausura el recinto. También intervino en el proyecto del gran retablo titular de la parroquia de San Juan Bautista de Cintruénigo (1525, 1529-1530 y después) donde quizás colaboró con su compatriota Gabriel Joly (doc. 1514-1536, †1536) pues, como revela un acuerdo de 1525 que publicó Manuel Abizanda, todo apunta a que el pintor Pedro de Aponte (doc. 1502-1530, †1530), a cuyo cargo estaba el retablo cirbonero, había ajustado con antelación el concurso de este gran imaginero picardo afincado en Zaragoza para que ejecutara los elementos escultóricos del mismo.

Esteban de Obray y Gabriel Joly coincidieron por los mismos años en Calatayud, ciudad a la que el primero se había desplazado en 1525 a instancias Pedro Villalón, deán de las iglesias de Tudela y Calatayud, para hacer la portada de alabastro de la colegiata de Santa María la Mayor (1525-1528) en compañía del seguntino Juan de Talavera. La asociación de Obray y Joly en la comarca bilbilitana se concretaría en los preciosos retablos mayores de las parroquias de la Virgen del Castillo de Aniñón (hacia 1525-1530) y Santa María de Olvés (hacia 1530-1532), si bien éste último se conserva de modo incompleto a causa del robo que sufrió en 1989.

A no dudar este vínculo profesional favorecería la participación de Gabriel Joly en otros proyectos tudelanos pues, tal y como dio a conocer el propio José R. Castro, en 1537, en la recta final de su carrera, el picardo contrató un busto de San Esteban para la parroquia de San Jorge. Sin embargo, la pieza que mejor ilustra la cooperación de estos dos profesionales galos es el retablo de la Crucifixión de la iglesia de San Nicolás –como la obra anterior, expuesto en el Museo del Palacio Decanal–, un conjunto que fechamos hacia 1525-1530 pero sobre cuya realización carecemos de datos.
 

Retablo del Crucificado procedente de la iglesia de San Nicolás de Tudela (1525-1530).
Museo Decanal de Tudela

 

Tomás Biurrun identificó de modo arbitrario este conjunto con otro perdido que estuvo dedicado a San Bartolomé y que, según las noticias documentales localizadas por José R. Castro, encargó el capellán Martín de Sesma en 1564-1565 al escultor Domingo Segura y el pintor Martín de Tapia. La visita pastoral cursada al templo en junio de 1594 por el obispo Pedro Cerbuna (1585-1597) corrobora, en efecto, el patronazgo de los Sesma sobre el retablo de San Bartolomé y demuestra que éste no tiene nada que ver con el que ahora nos ocupa, propiedad en ese momento de la familia Serralta, que para 1573 había erigido una nueva capilla en la iglesia en la que se reacomodó nuestra obra sin que podamos precisar la identidad de sus verdaderos comitentes.

El retablo del Crucificado es un bello conjunto de imaginería que alberga en el banco un grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño flanqueado en las casas laterales por imágenes sedentes de los evangelistas San Lucas y San Mateo. La zona noble, integrada por tres hornacinas aveneradas entre las que la central es de superior anchura y altura, está presidida por Cristo crucificado en compañía de Gestas y Dimas entre magníficas esculturas de la Dolorosa y San Juan evangelista. Sobre las calles laterales se disponen otras tantas casas cuadradas con santas mártires entre las que tan sólo es viable la identificación de Santa Catalina de Alejandría, pues su compañera ha perdido el correspondiente atributo iconográfico. La calle central culmina en una gran venera plana con un relieve de Dios Padre entre frontones triangulares con bustos.
 

Retablo del Crucificado procedente de la iglesia de San Nicolás de Tudela (1525-1530).
Museo Decanal de Tudela. Detalle de la Dolorosa

 

Desde un punto de vista arquitectónico, nuestro retablo guarda una estrecha relación con el de Santiago apóstol (hacia 1532) de la colegiata de Bolea, un bello conjunto mixto de madera y alabastro que Carmen Morte atribuyó con acierto a Joly. Su escultura decorativa presenta, además, coincidencias muy significativas con otras creaciones seguras o que pueden asignarse con razonable verosimilitud a Obray; así, el motivo de grifos afrontados tallado en el entablamento del piso noble es idéntico al existente en la portada de alabastro de Santa María de Calatayud y muy parecido al que luce el precioso retablo de la Visitación (hacia 1523-1525) de la catedral de Tarazona, obra ésta vinculada al patronato de la familia Villalón.

También pueden establecerse correspondencias entre algunas de las esculturas del retablo tudelano y la producción de Joly. Así, en el equilibrado grupo de la Triple generación de la predela Jesús y María recuerdan de cerca la composición titular del retablo mayor (1520-1524) de la parroquia de Tauste. Por su parte, el Crucificado, la Dolorosa y San Juan –piezas todas de primer nivel– siguen prototipos habituales en el repertorio del artífice picardo. Nuestro Crucificado está muy cerca de una preciosa talla de colección particular madrileña procedente de Alagón –donde Joly hizo en 1528 un retablo que no se conserva– que dio a conocer hace apenas unos meses Fernando Tabar, si bien la escultura tudelana exhibe unas formas más calmadas que acreditan una cronología algo anterior para nuestro mueble. Por último, la Dolorosa y, en mayor medida, el San Juan Bautista de Tudela constituyen el punto de partida para el ático del retablo mayor (1532-1536) de la catedral de Teruel sin más variación que la dramática expresividad que define la etapa final de la producción de este maestro.

Retablo del Crucificado procedente de la iglesia de San Nicolás de Tudela (1525-1530).
Museo Decanal de TudelaDetalle de San Juan evangelista


El retablo del Crucificado del Museo del Palacio Decanal de Tudela es una obra maestra del Primer Renacimiento que ilustra las fluidas relaciones artísticas existentes por entonces entre la Ribera navarra –en donde tenía su residencia Esteban de Obray– y la ciudad de Zaragoza –sede del taller de Gabriel Joly–. Además, acredita la importancia que en la fase inicial de aclimatación del nuevo estilo de inspiración anticuaria en nuestro territorio jugaron los artistas provenientes del norte de Francia, responsa-bles de la introducción de un «Renacimiento septentrional» en el que el peso de la herencia borgoñona aporta una cualidad plástica específica que lo diferencia de los modelos importados de Italia.

BIBLIOGRAFÍA
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Fernando TABAR, «Un Crucificado atribuible a Gabriel Joly», Ars Bilduma, 1, Vitoria, 2011, pp. 121-128.