"ACTO OFICIAL DE LA COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA DEL PALACIO DE LA AUDIENCIA DE PAMPLONA EL 13 DE JULIO DE 1890", POR AGUSTÍN ZARAGüETA COLMENARES (MUSEO DE NAVARRA) 
 

Esther Elizalde Marquina
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

Agustín Zaragüeta Colmenares (San Sebastián, 29/8/1859 - Pamplona, 6/7/1929) dedicó su vida a la fotografía, una dilatada carrera que desarrolló desde 1879 hasta principios de la década de 1920. Fue en París donde aprendió su oficio junto a Leopoldo Ducloux, un fotógrafo de origen francés con el que se asoció, para, posteriormente, establecerse en Pamplona y abrir su estudio “Zaragüeta Fotógrafos” en un ático de la Plaza del Castillo en 1885. Su llegada a la capital navarra pudo deberse tanto a los lazos familiares que le unían con la ciudad pues, parece ser que José Javier de Colmenares y Vidarte, alcalde de Pamplona en tres ocasiones (1872-1873, 1874-1877 y 1881-1883), era pariente cercano, como a las relaciones empresariales de su padre con una empresa harinera pamplonesa. Al retirarse, fue su hijo Gerardo Zaragüeta Zabalo, quien tras años de trabajo a su lado, se hizo cargo del negocio, manteniéndolo hasta 1960. 

Agustín Zaragüeta, especializado en retrato de estudio de personajes de la alta sociedad realizados a la luz natural, sin focos, alcanzó cierta popularidad por sus trabajos de fotografía de la clase militar. Su obra fue adquirida junto a la de su hijo por el Museo de Navarra en 1935. En total, la Colección presenta 4.838 unidades, la mayoría pertenecientes a Gerardo Zaragüeta Zabalo pues, las atribuibles a su padre Agustín Zaragüeta Colmenares no superan las 40. Estas últimas recogen su faceta como fotógrafo y reportero gráfico.

Es este aspecto el que se manifiesta en la fotografía presentada. Captada al aire libre, nos muestra la colocación de la primera piedra del Palacio de la Audiencia de Pamplona el 13 de julio de 1890, Palacio de Justicia hasta 1996 y, desde 2002, sede del Parlamento de Navarra. Acto que, como se puede comprobar en la imagen, congregó a un gran número de curiosos pamploneses en un caluroso día de Sanfermines. Para ese momento, se habían construido varios emplazamientos para dar cabida a los asistentes alrededor de la grúa de la que pendía el gran sillar, protagonista del acontecimiento, ubicada en el mismo lugar donde se edificaría posteriormente el Palacio de la Audiencia. De esta forma, podemos apreciar una especie de plataforma o tablado para los vecinos, un quiosco para albergar a la orquesta y, por último, un vistoso pabellón, de unos 25 metros de frente por 8 de fondo, obra del industrial Santiago Martinicorena. La tribuna estaba engalanada con los colores nacionales, las banderas y escudos de armas de Navarra y Merindades, destacando la parte superior del frente del pabellón, donde se había utilizado una crestería semejante a la que iba a coronar la fachada del Palacio de Justicia, sobresaliendo la representación de la Prudencia y la Justicia. Según la prensa de la época, la balaustrada mostraba los planos del proyecto formado por el arquitecto municipal.

Asimismo, en frente de la tribuna, lugar asignado a los personajes más distinguidos de la sociedad pamplonesa, se encontraba la grúa de la que pendía la gran piedra de sillería, con la que iba a ser bendecida la obra. Igualmente, en la misma anilla de la que colgaba la piedra, se habían atado doce cintas de raso, que habían de ser sujetadas por las primeras autoridades cuando llegase el momento de colocar la piedra en el ángulo donde supuestamente se unirían las calles de Navas de Tolosa y Yanguas y Miranda. 

Tal y como relatan los periódicos locales, tras la llegada de la Comitiva encabezada por el Alcalde Fausto Elío y Mencos y, precedida por los gigantes y cabezudos como en todo acto pamplonés que se precie, se bendijo la piedra y se firmó el acta notarial, la cual se introdujo en una caja de plomo junto a un ejemplar de los periódicos del día, así como monedas de oro, plata y cobre de la última acuñación. Seguidamente, tuvo lugar la colocación de la piedra y un banquete en su honor. 
 

Acto oficial de la colocación de la primera piedra del Palacio de la Audiencia de Pamplona el 13 de julio de 1890 (Museo de Navarra).
Gelatina y bromuro de plata / placa de cristal. 29,27 x 24 cm.
Inventario 3.151 (C.1, 15)


 

Pues bien, la colocación de la primera piedra del nuevo Palacio de la Audiencia en el Primer Ensanche de Pamplona, es decir, la construcción de un nuevo edificio que acogiese tal función en la capital navarra se debe al estado semi-ruinoso del anterior, localizado en la actual Plaza de San Francisco, y a la campaña promovida por el Presidente del Tribunal Supremo en 1882, el navarro Eduardo Alonso Colmenares, para levantar modernos Palacios de Justicia. 

Por la ley del 22 de agosto de 1888, el Ramo de Guerra había concedido los glacis interiores de la Ciudadela, previa mutilación de la fortaleza en dos de sus baluartes, el de la Victoria y San Antón, para la ejecución del Primer Ensanche de Pamplona. De esta forma, al fondo de la imagen se observa el cuerpo de guardia de la Ciudadela, una vez eliminados los baluartes mencionados (1889), con rastros de las obras iniciadas, así como el trazado de la futura Avenida del Ejército. 
Este ensanche intramural consistía en la coexistencia de dos zonas, una civil y otra militar, separadas longitudinalmente por un vial que dejaba los edificios militares conectados a la parte de fortificación y, los civiles, con la población situada en la zona de los glacis. 

La imagen en cuestión recoge el solemne acto por el cual se daba por inaugurado el comienzo de las obras del único edificio de carácter oficial levantado en el Primer Ensanche en su parte civil, ya que la mayoría de las manzanas de esta zona se dedicaron a viviendas particulares. Así pues, el Palacio de la Audiencia fue ubicado en la irregular manzana E, la de mayor categoría urbanística al situarse en un extremo del Paseo de Sarasate o Paseo de Valencia, enfrentándose directamente al Palacio Provincial y, dando inicio a las vías más importantes del ensanche: la Calle Navas de Tolosa y la de Yanguas y Miranda. Además, su fachada trasera daba al vial que separaba la parte civil de la militar, es decir, la actual calle Padre Moret. 

En un principio, el arquitecto Ángel Goicoechea realizó diversos bocetos para dicho Palacio en 1888, a partir de las trazas de Blas Iranzo, el anterior arquitecto municipal, pero, finalmente, el Ayuntamiento de Pamplona decidió encomendar el proyecto a su arquitecto municipal Julián Arteaga, quien lo presentó en 1890. Iniciado en 1891, su construcción no estuvo libre de problemas al ser paralizada ese mismo año debido a los impedimentos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la cual, exigía varias correcciones en el proyecto. Finalmente, las obras se retomaron en 1894 y se dieron por terminadas en 1897. 

De esta forma, el Palacio de la Audiencia o de Justicia se organiza sobre una parcela trapezoidal y presenta tres plantas, una baja y dos pisos, más el sótano. Cuenta con dos patios centrales, uno grande y otro de forma triangular de tamaño menor, que constituyen los núcleos internos, en torno a los cuales se disponen las estancias. 

Al exterior, presenta cuatro fachadas de distintas dimensiones caracterizadas por la armoniosa distribución de los ventanales, por la combinación del tono rojo del ladrillo y el ocre de la piedra de Tafalla y por la diversidad de los marcos de los vanos, que atienden a su lugar en la fábrica y a su orientación. En conjunto, logra la unidad en la variedad. 

La fachada principal se abre al Paseo de Valencia, frente al Monumento de los Fueros y al Palacio del Gobierno de Navarra. Ésta presenta un cuerpo central realzado por su adelantamiento y el empleo de la piedra como único material. En su planta baja muestra un sillar almohadillado y en el centro la puerta de acceso se abre en forma de arco de triunfo. El primer piso de piedra más lisa, está formado por un trío de ventanas adinteladas con antepecho de balaustres de piedra, separadas por pilastras clásicas; sobre ellas un fragmento de entablamento y escudos de España, Navarra y Pamplona. Una línea de imposta lo separa del último piso que sigue el ritmo del anterior. Como colofón de la fachada principal, se exhibe un alero muy decorado y, sobre él, las estatuas de la Ley y de la Justicia, tal y como lució el palco del acto de inauguración de las obras en 1890. El resto de la fachada principal, retranqueada respecto a la central, ostenta un zócalo de piedra, mientras que los paramentos son de ladrillo rojo, y la separación entre las distintas plantas se realiza mediante una pétrea imposta moldurada. En definitiva, un lenguaje estético puramente clasicista que contrasta con el utilizado en los frontis secundarios, más próximo al Eclecticismo.
En el conjunto exterior del edificio se aprecian los vanos como elementos fundamentales, distribuidos rítmica y simétricamente en todas las plantas. La horizontalidad y la monotonía de las fachadas se rompen al utilizar pilastras verticales que fragmentan las fachadas y una diversidad de materiales que proporciona al edificio una viva policromía. 

Ya en el siglo XXI, se llevó a cabo una reforma interior para acoger la actual sede del Parlamento de Navarra ejecutada por los arquitectos: Juan Miguel Otxotorena Elicegui, Mariano González Resencio, Javier Pérez Herreras y José Vicente Valdenebro en 2002.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
ARCHIVO MUNICIPAL DE PAMPLONA, El Tradicionalista, 15 de julio de 1890, pp. 2-3.
Arrieta Elías, I., Guía de arquitectura de Pamplona y su comarca, Pamplona, Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro, 2006, pp. 84-85.
Larumbe Martín, M., El Academicismo y la Arquitectura del siglo XIX en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1990, pp. 594-598.
Orbe Sivatte, A. Arquitectura y Urbanismo en Pamplona a finales del Siglo XIX y comienzos del XX, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1985, pp. 119-136.