PROYECTO DE EDIFICIO PARA ARCHIVOS, MUSEOS, BIBLIOTECAS Y CONSERVATORIO DE NAVARRA. 
JOSÉ YÁRNOZ LARROSA. PAMPLONA, JUNIO DE 1942
 

José Javier Azanza López
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

Tras la Guerra Civil, en el marco del impulso cultural experimentado en Pamplona que había dado lugar a la institución Príncipe de Viana, se estudió la posibilidad de construir un gran edificio en un extremo del parque de la Media Luna capaz de albergar el Archivo, la Biblioteca y el Museo de Navarra. En el mes de junio de 1942, el arquitecto pamplonés José Yárnoz Larrosa firmó un anteproyecto acompañado de una memoria informativa que tituló: Ideas generales sobre el agrupamiento y distribución del nuevo edificio proyectado para archivos, museos, bibliotecas y conservatorio de Navarra. En ella recogía los puntos más significativos en cuanto a emplazamiento, materiales y distribución del edificio propuesto, que finalmente no llegó a hacerse realidad.

Ajustándose a la forma del terreno, Yárnoz proyectó un edificio que constaba de un cuerpo central, dos laterales y uno posterior, con lo que resultaba una planta simétrica con relación al eje principal de la nueva construcción; eje que constituía la bisectriz del ángulo formado por las alineaciones de las calles del Ensanche en donde había de ir emplazado.

El cuerpo central quedaba destinado a ingreso y Gran Sala de Audiciones. Los laterales, de mayor superficie, a Museos, Archivos, Bibliotecas y dependencias de la Institución Príncipe de Viana. Y el posterior, a Conservatorio de Música, dependencias del Orfeón Pamplonés, Imprenta Provincial y Oficinas de Turismo. Todos ellos mantenían cierta independencia, si bien se relacionaban entre sí y formaban parte de un mismo conjunto cuya disposición se ajustaba a las alineaciones de las calles del Segundo Ensanche al contacto con la Media Luna donde iba emplazado.

En alzados, el edificio proyectado constaba de tres plantas, excepto en la Sala de Audiciones con sus dependencias anexas, que mostraban una única altura proporcionada a sus dimensiones, capacidad y condiciones acústicas. Yárnoz no había dispuesto planta de sótanos por no considerarla necesaria; encarecería mucho la construcción y este aumento de coste no quedaría compensado con su aprovechamiento, por cuanto, teniendo en cuenta las condiciones del subsuelo en Pamplona, resultaría difícil y costoso lograr un saneamiento completo. En todo caso, podría habilitarse una parte de sótano en la zona más conveniente para los servicios generales de calefacción y otros que fuesen necesarios, tomando las oportunas precauciones a fin de mejorar sus condiciones de sequedad y ventilación. 

En cuanto a la distribución interior, se destinaba a Museos toda la planta baja de los cuerpos laterales con sus galerías. Consideraba el arquitecto la conveniencia de aislar en lo posible esta parte por ser la más frecuentada por el público, cuya comodidad habría que procurar evitándole la fatiga de visitar salas localizadas en diferentes alturas; con ello se conseguiría además un mejor efecto de conjunto en el visitante. En cuanto a la naturaleza de las colecciones museísticas que albergaría el edificio, éstas podrían ser las del Provincial, Diocesano, Municipal de Pamplona, de Recuerdos Históricos, etc., relacionadas entre sí, pero con la independencia necesaria. 

En la segunda planta de los cuerpos laterales estaba previsto instalar, en una de las alas, las dependencias de la Institución Príncipe de Viana, con sus despachos, oficinas y salas de juntas; y a continuación la Biblioteca Provincial, con su Sala de Lectura y depósito de libros, capaz para unos 40.000 volúmenes. En la misma segunda planta, pero en el otro lado del edificio, se proyectaban las dependencias del Archivo Provincial, que por su importancia y volumen requerían gran espacio; su capacidad estaba calculada tendiendo en cuenta las necesidades actuales y una posible ampliación futura, criterio seguido en general en las restantes dependencias. Finalmente, el tercer piso de los cuerpos laterales estaba destinado a Biblioteca y Archivo Diocesano, Archivos Municipales –de los que una parte importante lo constituiría el de Pamplona-, y a los Archivos Notariales. 

El cuerpo central se destinaba principalmente a la Sala de Audiciones, con capacidad para unas 1.250 personas, dotada con un amplio escenario para conciertos de conjunto, estando prevista la posible instalación de un órgano como complemento de los grandes festivales sinfónicos. La sala venía precedida de un gran vestíbulo de entrada que era también el general del edificio, y las galerías destinadas a Museos podían utilizarse igualmente para los descansos de los conciertos. 
Por último, el cuerpo de edificación posterior tenía su entrada independiente por el parque de la Media Luna, además de la general de ingreso al edificio, pues en toda la planta baja se establecía la comunicación entre las diversas dependencias por medio de amplias galerías. En la planta baja se situaban las oficinas de Turismo, la Imprenta Provincial y otros locales para el Orfeón Pamplonés. Los pisos segundo y tercero se destinaban a locales para el Conservatorio y Orfeón (salas de ensayo, clases de instrumental, archivo musical, pequeña biblioteca, y dependencias para la administración, profesorado y dirección), además de viviendas para el personal de vigilancia del edificio.

La construcción se había proyectado dentro de la máxima sencillez y economía, pero haciéndola compatible con la importancia cultural y representativa que requería un edificio de esta naturaleza. Por tal motivo, Yárnoz aconsejaba en su ejecución el empleo de la piedra de Tafalla y el ladrillo caravista en las fachadas, haciendo resaltar el gran pórtico de entrada que podía servir de fondo monumental a una escultura en bronce del Príncipe de Viana. En cuanto al interior, dado el fin al que se destinaba el edificio, primaba la funcionalidad sobre el ornato, cuidando en todo caso aquellas dependencias que como el Salón de Audiciones, vestíbulos y despachos requerían algún elemento decorativo. A nivel funcional, para la comunicación entre los pisos se proyectaban dos grandes escaleras con sus ascensores a los lados del vestíbulo general de entrada; y otra amplia escalera dividida en dos en el pabellón destinado a Conservatorio. 
 

José Yárnoz Larrosa. Proyecto de edificios para museos, archivos y bibliotecas de Navarra. 
Planta general de emplazamiento. Archivo General de Navarra.

 

El anteproyecto se acompañaba de un conjunto de planos y dibujos que representaban la planta general de emplazamiento, la fachada principal, y la fachada posterior del edificio, abierta al parque y asomándose a la ripa de Beloso. Nos encontramos ante una construcción que se ajusta a los rasgos de la arquitectura oficial del momento, de líneas sobrias y rotundas. En su desarrollo longitudinal describe un ángulo obtuso, limitado en sus extremos por dos cuerpos que adquieren mayor entidad a modo de cierre del conjunto; como indica Yárnoz en su anteproyecto, la disposición del edificio viene motivada por la direccionalidad de la cuadrícula del Ensanche. Destaca en planta el espacio central, que adquiere empaque volumétrico al englobar las entradas principal y posterior –la primera de ellas con su espacioso vestíbulo- y la gran sala de Audiciones.

Los alzados se acomodan a la distribución del espacio al desarrollar tres niveles en altura, si bien resueltos de manera diferente en las fachadas delantera y trasera. En la delantera se suceden verticalmente una galería configurada por amplios vanos de medio punto, una hilera de ventanas adinteladas rematadas en una moldura superior, y una fila de ventanas rectas de molduraje más sencillo. En la trasera se mantiene la galería de arcos de medio punto, pero en los niveles superiores se disponen óculos y ventanas adinteladas respectivamente. Son perceptibles además en esta última fachada dos escalinatas de acceso en los puntos intermedios de los cuerpos laterales. 


José Yárnoz Larrosa. Proyecto de edificios para museos, archivos y bibliotecas de Navarra. 
Fachada principal. Archivo General de Navarra.

 

Mención especial merecen las portadas de acceso, localizadas en el cuerpo central, en las que los órdenes arquitectónicos asumen un claro protagonismo. La portada principal queda enmarcada por dos cuerpos angulares que la protegen y diferencian del resto. El acceso se produce a través de una amplia escalinata, interrumpida en su parte central por un pedestal sobre el que descansa una estatua. El frontis mantiene la articulación tripartita, si bien la galería inferior da paso a tres puertas adinteladas. Pero el elemento destacado y unificador es el orden gigante de pilastras y columnas compuestas pareadas, sobre el que corre un entablamento que incorpora la inscripción: “Museos y Archivos de Navarra”. Solemne se muestra asimismo la fachada posterior, con escalinata y un orden tetrástilo de columnas remarcando el acceso, si bien en esta ocasión abarca únicamente los dos primeros niveles. 

La escultura también se encuentra presente en el proyecto de José Yárnoz. Acabamos de hacer mención a la estatua que sobre un pedestal se erigía en el eje de la fachada principal, a la que se sumaban otras estatuas alojadas en las hornacinas practicadas en la fachada principal, tanto en el cuerpo central, como en los extremos. Asimismo, en la parte posterior del edificio se disponía un parque-museo en el que, entre setos y jardines de trazado regular, figuraban diversas piezas escultóricas al aire libre. 

En una rápida valoración de conjunto, nos parece apreciar en el proyecto de Yárnoz influencias tanto pamplonesas como madrileñas. Las primeras vendrían proporcionadas por la fachada de la Catedral de Pamplona (pórtico tetrástilo de columnas gigantes de fuste liso y capitel corintio, tratamiento de los huecos adintelados, apertura de hornacinas) y por el edificio del antiguo Archivo Provincial de Navarra, en particular por el proyecto original diseñado en 1887 por Florencio Ansoleaga (gran sentido de la simetría, importancia del eje central y de los cuerpos extremos, zócalo corrido de piedra con pequeños vanos, sin olvidar la continuidad en el uso y función del edificio). A los anteriores se unirían los ecos de la arquitectura madrileña, principalmente del Museo del Prado (combinación de piedra y ladrillo como materiales constructivos, desarrollo longitudinal y organización de cuerpos, presencia escultórica).

En definitiva, un nuevo proyecto que añadimos a esa “Pamplona soñada”, a esa “arquitectura en papel” que, de haberse ejecutado, ofrecería una visión muy distinta de la capital, y que puntualmente asoma a las “piezas del mes” de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro.



José Yárnoz Larrosa. Proyecto de edificios para museos, archivos y bibliotecas de Navarra. 
Vista posterior del edificio y del parque-museo. Archivo General de Navarra.