VIRGEN DE TRAPANI: PERVIVENCIA DE UN MODELO GÓTICO

Santiaga Hidalgo Sánchez
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Esta bella imagen de la Virgen con el Niño, que se conserva actualmente en el Museo de Navarra, procede del convento del Sancti Spiritus de Puente la Reina, donde se guardaba hasta su adquisición en la década de 1920 por la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Se trata de una escultura en alabastro, que conserva aún la policromía en oro de los vestidos y restos de color en los rostros y los cabellos. Su tamaño es de 45 cm., de los cuales 11 corresponden al pedestal, si bien hemos de suponer que su altura se vería incrementada por la corona de la Virgen, hoy en día desaparecida, al igual que la del Niño. La figura de María sostiene sobre el brazo izquierdo al Niño y deja entrever una sonrisa, en tanto que el Niño, completamente de perfil al espectador, dirige su mirada a la Madre y su manita al pecho de la misma. Pese a que la mano derecha de la Virgen se ha perdido, podemos suponer, por comparación con otros ejemplos que luego presentaremos, que con ella acariciaría la izquierda de Jesús.


Foto 1. Copia anónima de la Madonna di Trapani. Museo de Navarra. 
Foto: Larrión y Pimoulier.

 

Como ya señaló Julia Ara Gil, esta estatua es una copia de la célebre Madonna di Trapani. Esta imagen, que se venera en la iglesia carmelita de l’Annunziata de la ciudad siciliana que le da nombre, ha constituido un tema ampliamente debatido por la historiografía del arte, sobre todo en lo que se refiere a su autor. Diversas autorías se han propuesto, siendo quizás la más extendida la atribución a Nino Pisano, o a algún seguidor suyo, en una fecha en torno a 1350. Esta teoría coincide con una inscripción que, según un autor del siglo XVI, se podía leer en el manto de la Virgen, que fechaba la imagen en 1352 e indicaba que había sido realizada por encargo de un sacerdote de Endithet, ciudad de Chipre.
 
Nuestra pieza es un ejemplo más de la amplia difusión que ha tenido esta iconografía. Impulsado su culto sobre todo por la orden Carmelita –muchas veces las copias de la Madonna di Trapani aparecen bajo la advocación de Virgen del Carmen, siendo ambas muy veneradas por los marineros- ya desde el siglo XV el santuario se convierte en lugar de peregrinación. En ese mismo siglo se realizan interpretaciones de la imagen gótica por conocidos autores renacentistas, como Francesco Laurana y Domenico Gagini. A lo largo del siglo XVI y sobre todo en el XVII, el auge de la devoción a la Madonna di Trapani propicia una nueva oleada de copias, si bien estas presentan un carácter diferente a las del siglo XV y principios del siglo XVI. La primera diferencia es que durante el siglo XV se realizaron “interpretaciones” de la imagen, con la introducción de atributos, cambios estilísticos, iconográficos, etc; por el contrario, a partir de finales del XV y a lo largo de los siglos XVI y XVII se realizarán auténticas copias del original, en talleres donde la producción puede calificarse casi de “en serie”. Otra diferencia es que las copias del segundo momento están entre el metro y los 40 cm., por lo que son bastantes más pequeñas que la original y sus secuelas de la primera época, que eran de tamaño natural. Este cambio en las dimensiones está relacionado con un cambio de función, ya que las copias del primer momento estaban destinadas a ser figuras de altar, mientras que las segundas eran ejemplares destinados a la devoción en oratorios privados o conventos. Además, en estas últimas se aprecia una disminución de la calidad artística y de los materiales, con el fin de abaratar costes, ya que estas figuras estaban destinadas a la venta y exportación. Como hemos señalado, sabemos que en Trapani y en otros lugares existían numerosos talleres donde se fabricaban estas copias “en serie” de la Madonna, llegando a coexistir en un momento de la Edad Moderna unos 40 sólo para piezas de alabastro.
 

Foto 2. Pedestal de la copia anónima de la Madonna di Trapani. Museo de Navarra. Foto: Larrión y Pimoulier.
 

Procedente de uno de estos talleres sicilianos es la imagen que se conserva en el Museo de Navarra. Lo sabemos por el escudo de la ciudad de Trapani que figura en el pedestal, y que anteriormente se había interpretado como el de Puente la Reina. La confusión resulta comprensible, si tenemos en cuenta que la estatua se conservaba en un convento de esta localidad, y que ambos escudos tienen elementos en común. En efecto, el de la villa navarra presenta un puente peraltado, con tres torres almenadas. Igualmente, el de la ciudad siciliana presenta un puente -si bien en este caso recto y con el último arco sin terminar-, cinco torres también almenadas, y encima una hoz, que hace referencia al nombre en griego -Drépanon significa hoz- y al origen mítico de esta villa. Todos estos elementos están presentes en el escudo labrado en el pedestal de la imagen conservada en Navarra.

Gracias al escudo podemos también proponer una fecha de realización para esta pieza. Sin aquel, dado que la estatua de la Virgen con el Niño es una copia fiel del modelo trecentista, y que estas se difunden desde el siglo XV, podríamos aceptar la fecha de primera mitad del siglo XVI sugerida por algunos autores. Sin embargo, tal y como ya propuso Ángela Franco, el estilo del escudo nos hace retrasar la fecha de ejecución en un siglo. Estamos por tanto ante una pieza realizada en el siglo XVII, datación que coincide con la de otra copia de la Madonna di Trapani, conservada en el convento de las Benitas de Toledo, muy similar a nuestra imagen –los dibujos en oro, el tipo de escudo-, aunque mejor conservada.


Foto 3. Copia anónima de la Madonna di Trapani. Monasterio de RR. Benitas de Toledo. Foto: B. Martínez Caviró.
 

Este es sólo un ejemplo de la amplia difusión que las copias de la estatua trecentista tuvieron en nuestro país. Aparecen dispersas por toda nuestra geografía, por la costa y por el interior -si bien es cierto que donde más se encuentran es en la zona mediterránea-, en conventos, oratorios privados e iglesias. A la expansión de su culto, y por ende de su iconografía, no son ajenos ni la situación política –ocupación española de Sicilia-, ni la acción de la orden Carmelita, pero sobre todo la devoción que despiertan la ternura de los gestos y la belleza formal de la imagen, tan cercanas a la sensibilidad popular. Esta difusión, junto con el carácter de piezas “en serie” destinadas a la venta y exportación que tuvieron las obras de los talleres trapanenses, hace difícil establecer cómo llegó la imagen al convento de Sancti Spiritu de Puente la Reina. Podemos suponer -aunque con reservas, ya que no disponemos de ningún dato histórico- que fue donación de un personaje destacado de la localidad – quizás algún miembro de la casa de Sarría-, como es el caso de otras piezas similares de las cuales se han conservado más datos: la Virgen de la Bona Sort, de Vic, que fue traída desde Génova para el señor de Casa Brossa, el cual la dona a las monjas que hoy en día la custodian; o la imagen bajo la advocación de Nuestra Señora de Trepana, donada al monasterio de la Encarnación de Osuna por la duquesa fundadora.
 

BIBLIOGRAFÍA
ARA GIL, C.J., Escultura gótica en Valladolid y su provincia, Valladolid, 1977.
FARIÑAS WINDELL, M.L., “La Santísima Virgen y el arte religioso”, Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra, 1927, p. 275.
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FRANCO MATA, A., “Tres copias de la Madonna di Trapani en el Museo Camón Aznar de Zaragoza”, Boletín del Museo e Instituto “Camón Aznar”,24, 1986, pp. 5-32.
KRUFT, H.-W., “Die Madonna von Trapani und ihre Kopien. Studien zur Madonnen. Typologie und zum Begriff der Kopie in der sizilianischen Skulptur des Quattrocento”, Mitteilungen des Kunsthistorischen Instituts in Florenz, 14, 1969-70, pp. 297-322.
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