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26 de mayo de 2016

El arte gótico en Navarra

La pintura sobre tabla del siglo XV

Dra. Carmen Lacarra Ducay
Universidad de Zaragoza

 

La pintura gótica sobre tabla realizada en el antiguo reino de Navarra que se conoce a través de las obras conservadas posee unas características propias señaladas por la geografía y por la historia. Si bien es cierto que poco tiene que ver con la calidad y magnificencia de la pintura mural efectuada durante el mismo periodo, universalmente reconocida, es en el siglo XV cuando se lleva a cabo una pintura sobre tabla de la que quedan algunos ejemplares de notable interés y valor artístico, de los que se hará a continuación una síntesis expositiva.

Los primeros retablos desde el punto de vista cronológico pertenecen al primer tercio del siglo XV y por su estilo se incluyen en el llamado Gótico Internacional, estilo que se caracteriza por presentar influencias septentrionales y mediterráneas, de minucioso dibujo y brillante policromía efectuada con la técnica del temple. El retablo más antiguo está dedicado a los santos Nicasio de Reims y Sebastián, y se custodia en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Una inscripción, en la parte baja del mueble, informa de que fue realizado por encargo de don Martín Périz de Eulate y su esposa, doña Toda Sánchez de Yarza, vecinos de Estella, en 1402. Su interés reside en su iconografía, poco común, y en su datación temprana que inicia el gótico internacional en Navarra.

El segundo retablo está dedicado a la Santa Cruz y fue realizado por deseo de la misma familia navarra en el año 1416, para la iglesia de San Miguel arcángel de Estella, donde estaba su capilla funeraria que todavía se conserva . Tanto en un caso como en otro, se han retratado a los donantes en un lugar destacado de la obra, y recreado con minuciosa atención la iconografía de las escenas narrativas representadas, basadas en la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine.


Retablo de la Santa Cruz, 1416

Retablo de la Santa Cruz, 1416
Iglesia de San Miguel arcángel, Estella 

 

Finalmente, se cierra el grupo de las obras pictóricas pertenecientes a la ciudad del Ega, con la arqueta en madera que contuvo la sagrada imagen de la Virgen del Puy, conservada en dicho santuario, que posee una puerta decorada en sus dos frentes con pinturas góticas de un apostolado y de una Anunciación, que pudo ser un regalo de la reina doña Blanca de Navarra en agradecimiento por la sanación de su hijo don Carlos de Viana, afectado por una grave enfermedad que padeció en Estella en 1430. La ausencia de documentación referente a los autores de estas tres obras, que poco tienen en común salvo su procedencia, impiden la atribución a un determinado taller. Sin embargo, su sola presencia en Estella y la referencia documental a otros retablos de la misma ciudad, nos informa de la presencia de pintores sobre tabla en las primeras décadas del siglo XV.

A continuación el interés se centra en la ciudad de Tudela, y en su colegiata de Santa María la Blanca, que alcanzaría el rango de catedral en 1783. Durante el siglo XV la iglesia mayor de Tudela pertenecía a la mitra de Tarazona (Zaragoza), gobernada por un deán, lo que sería determinante para la presencia de artistas de origen aragonés en el embellecimiento de sus altares y capillas.

Dos son los ejemplos destacados de retablos pertenecientes al estilo Gótico Internacional, el retablo de Santa Catalina de Alejandría, ubicado actualmente en la capilla del ábside colateral izquierdo, y el retablo de la Virgen de la Esperanza entre san Gil abad y san Francisco de Asís, que preside la capilla del ábside colateral derecho, su lugar de destino.

El primero de ellos, es una obra exquisita, de pequeño tamaño, ofrecida por un clérigo no identificado que figura como orante a los pies de la santa titular, a la colegiata de Tudela, en la segunda década del siglo XV. El segundo retablo, de grandes dimensiones, fue un encargo personal de don Francisco de Villaespesa (+1421), canciller del reino de Navarra desde 1397, para decorar su capilla funeraria, que fue contratado con el pintor Bonanat Zahortiga, vecino de Zaragoza, que se comprometía a concluirlo el 1 de noviembre de 1412 por la suma de trescientos florines de oro de Aragón. El origen turolense del canciller Villaespesa justifica la elección de un pintor aragonés para la obra del retablo, tanto más cuanto que a principios del XV Nicolás Zahortiga gozaba de notable prestigio profesional entre los de su oficio como pintor de retablos que realizaba en su taller de Zaragoza para diversas localidades del reino de Aragón.


Virgen de la Esperanza con don Francisco Villaespesa y doña Isabel de Ujué.  Bonanat Zahortiga, 1412

Virgen de la Esperanza con don Francisco Villaespesa y doña Isabel de Ujué. 
Bonanat Zahortiga, 1412
Catedral de Tudela 

 

En la segunda mitad del siglo XV, los retablos navarros manifiestan abiertamente la tendencia naturalista de origen flamenco y germánico, recibida a través de la llegada de pintores foráneos que vienen a trabajar al viejo reino, y a la importación de obras entre las que ocupan un destacado lugar las estampas del maestro alsaciano Martín Schongauer.

De nuevo es la colegiata de Santa María la Blanca de Tudela el foco de atención, con su retablo mayor, contratado en abril de 1487 con los pintores Diego del Águila y Pedro de Oviedo, obra grandiosa que se dilatará en el tiempo, para ser terminada en 1494. Era entonces obispo de Tarazona y deán de Tudela, don Andrés Martínez Ferriz (1478-1495), cuya presencia pudo haber sido decisiva para la elección del autor principal de la obra, Pedro de Oviedo o Díaz de Oviedo, pintor del retablo de San Andrés apóstol para la capilla funeraria del prelado en la catedral de Tarazona, realizada entre 1486 y 1490, del que se conserva una tabla en el Museo de Navarra en Pamplona. 

Otros retablos realizados por Díaz de Oviedo en Navarra, de los que se conserva documentación, como el retablo de San Marcos evangelista para la iglesia de Nuestra Señora del Romero en Cascante, contratado en Tarazona en marzo de 1509 por encargo de mosén Marcos Miguel Garcés, canónigo de la catedral de Tarazona y vicario de Cascante, terminado al año siguiente, puede ser su última obra conservada en Navarra. Y a su círculo de colaboradores pueden atribuirse algunos otros importantes, como el retablo de la Visitación de la iglesia parroquial de Santa María de Los Arcos, en la Merindad de Estella.

En la catedral de Santa María de Pamplona se conservan dos magníficos retablos, cronológicamente contemporáneos y del mismo taller, que fueron encargados por don Pedro Marcilla de Caparroso, caballero pamplonés, a principios del siglo XVI, para su capilla funeraria ubicada en la primera capilla meridional de la girola. Son obra de un pintor de origen transpirenaico, conocedor del arte franco-flamenco europeo, de gran originalidad en sus composiciones iconográficas.

El primero, conocido como el retablo del Cristo de Caparroso o “de los profetas”, situado actualmente en la capilla de Santa Cristina en el lado del evangelio, lo preside un magnífico crucificado de bulto redondo al que acompañan lateralmente dieciséis figuras pintadas de los antepasados de Cristo con filacterias con textos alusivos al sacrificio de Cristo en la cruz. Su compañero, dedicado a la Incredulidad de Santo Tomás apóstol, fue terminado en el año 1507, según dice la inscripción que lo acompaña, y en él figuran los retratos de los donantes con sus hijos, acompañados de sus armas heráldicas.


Preparación de la Santa Cruz Retablo de la Incredulidad de Santo Tomás apóstol, 1507

Preparación de la Santa Cruz
Retablo de la Incredulidad de Santo Tomás apóstol, 1507
Catedral de Pamplona