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17 de julio de 2007

Ciclo de conferencias

EN TORNO A LA EXPOSICIÓN FITERO: EL LEGADO DE UN MONASTERIO

En torno al retablo mayor del monasterio

D. Pedro Luis Echeverría Goñi
Dpto. de Arte. Universidad del País Vasco


El retablo mayor del antiguo monasterio de Santa María la Real de Fitero es un excepcional conjunto manierista de fines del siglo XVI, cuyos componentes, de filiación internacional, son italianos, flamencos y cortesanos. No en vano, su autor, el pintor Rolan Mois era flamenco de nación, había estado en Roma y Nápoles y conocía bien el arte escurialense, tras su visita a la Corte. Ha sido valorada ya su traza viñolesca y palladiana, que supone la primera traslación del retablo de San Lorenzo de El Escorial a tierras del Viejo Reino. Los grupos escultóricos se adscriben estilísticamente al Romanismo miguelangelesco, en tanto que las tablas de Rolan Mois denotan su origen veneciano y los primeros ensayos pretenebristas en relación con la pintura escurialense, como ha quedado analizado por autores como Angulo Iñiguez, Pérez Sánchez, Morte García, García Gainza o Fernández Gracia. Por el contrario, los deliciosos estofados de sus frisos han pasado prácticamente desapercibidos en la casi totalidad de los estudios dedicados a este retablo. Debemos señalar que la policromía es la única especialidad que no va acorde con los dictados de la Contrarreforma al incorporar grutescos inspirados en dibujos del Codex Escurialensis y estampas nórdicas del Manierismo fantástico. Por ello también esta policromía tiene si nó un estilo, si una filiación escurialense, ya que este cuaderno o libro de antigüedades romanas, elaborado por Domenico Ghirlandaio hacia 1493, ingresó en la Biblioteca del Real Monasterio en 1576.
 

Retablo mayor del Monasterio de Fitero

Retablo mayor del Monasterio de Fitero
 

Las novedades más evidentes de su traza de 1580, obra de Diego Sánchez, son el uso del orden gigante de columnas, excepcional en la retablística navarra, la superposición de órdenes, el uso de netos, el adintalamiento generalizado, la subdivisión de calles y las pirámides escurialenses. Como corresponde a un retablo dedicado a Santa María la Real, la calle central está protagonizada por los grupos de talla, obra del escultor romanista Antón de Zárraga, de la Asunción, que repite el esquema de la Raquel de Miguel Angel, y la Coronación, para culminar la historia de la redención con el Calvario del ático. El ciclo mariano y de Infancia está compuesto, al igual que en el retablo de La Oliva, por la escena nocturna y naturalista de la Adoración de los Pastores y una colorista Epifanía, según composición de Martin de Vos y Cornelis Cort, idéntica a la de La Oliva. Son asientos simbólicos del edificio de la iglesia las Virtudes Fe, Esperanza, Fortaleza y Templanza, San Pedro y San Pablo de las puertas “del cielo”, los Padres de la Iglesia y los Santos Juanes. El papel intercesor de los santos queda recalcado aquí por las figuras emparejadas de San Lorenzo, titular del monasterio de El Escorial, y San Benito, fundador de la orden, y las devociones locales de Santa Lucía y Santa Águeda. Al fundador del Císter, San Bernardo de Claraval se le reserva un lugar privilegiado en el ático con las dos visiones más famosas: la Aparición de la Virgen con la Lactancia y la de Cristo crucificado abrazado al santo, inspirados en grabados de una hagiografía de San Bernardo, editada en Roma en 1587.
 

Rolan Moys, "Epifanía", 1590-1591

Rolan Moys, "Epifanía", 1590-1591


Bajo la dirección de Rolan Mois y con sus dibujos, la pintura dorado y estofado corrió a cargo de varios pintores-doradores aragoneses como Felices de Cáceres, quienes debieron concluir la obra en 1592, una vez fallecido el maestro. Estos motivos, concentrados como es habitual en una lectura por registros, en frisos, pedestales y contrapilastras configuran un programa neoplatónico que desarrolla el ascenso del alma hasta el cielo, tras un proceso de depuración de la materia que la aprisiona hasta la liberación del espíritu. Este contenido era, sin duda, bien conocido por fray Marcos de Villalba, el culto abad del monasterio propuesto por Felipe II. Si los frisos de las puertas, banco y primer cuerpo simbolizan la opresión del alma por la materia con figuras vegetalizadas, el dominio sobre las pasiones y psicomaquias, las miniaturas a punta de pincel del segundo cuerpo y, principalmente, del ático nos transportan al cielo mediante ángeles recostados primero y cabezas de querubines alados, símbolos del alma y de la eternidad. Varios de los dibujos del Codex Escurialensis están tomados de la Sala Dorada de la Domus Aurea de Nerón y se vuelven a reproducir aquí en una pintura arqueológica. Entre el amplio bestiario representado aquí de animales reales y fantásticos, llaman la atención por su número las aves reales y fantásticas, algunas de ellas inspiradas en series de Virgil Solis, como el ave fénix y el pelícano, símbolos cristianos de la resurrección y la eucaristía respectivamente.
 

Rolan Moys y taller, "Grutesco", 1590-1591

Rolan Moys y taller, "Grutesco", 1590-1591

Códex

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