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Belenes históricos en Navarra.
Figuras para la memoria

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Presentación por Letizia Arbeteta

8

Introducción

10

I. Orígenes y desarrollo del belén en España

13

Consideraciones generales

14

Los siglos del Barroco

17

La popularización de los belenes desde la época de Carlos III

25

El siglo XIX: el belén en los hogares

27

II. Belenes históricos en Navarra

31

Introducción

32

Los primeros ejemplos

34

Belén y Misa del Gallo

37

Navidad oculta en Pamplona: tradiciones seculares en los conventos de clausura pamploneses

44

Los carmelitas de San José

45

En las Sales: la Corte del Rey Jesús

47

En torno a un belén monumental: las Agustinas Recoletas

50

Escaparates de las Agustinas Recoletas

55

Los belenes parroquiales: el caso de Mendigorría

62

Belenes de los siglos XVIII y XIX

66

III. A modo de catálogo: comentario y textos para ilustraciones

87

El belén de Recoletas

88

En las Carmelitas Descalzas de San José de Pamplona

110

Los escaparates de Araceli de Corella y Capuchinas de Tudela

116

Los belenes parroquiales: Mendigorría

126

Otros escaparates con el tema de la Navidad

132

En plena tradición franciscana: cantos populares y belenes

138

Figuras de barro policromadas del siglo XIX

146

IV. Relación de imágenes

178

El libro, editado por la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, con el patrocinio del Gobierno de Navarra, está dedicado a los nacimientos existentes en Navarra de los siglos XVII, XVIII y XIX. Cuanto en él se contiene es un adelanto de una recopilación de materiales que no ha hecho sino comenzar, ya que la tarea es larga y de difícil ejecución. El despoblamiento rural y el abandono de tantas casas rurales ha traído como consecuencia la pérdida para siempre de numerosos belenes, al igual que ocurrió en el siglo XIX con las exclaustraciones de religiosos. Las figuras y conjuntos belenísticos que se recogen en este libro se relacionan con el belén simbólico hispano y, por tanto, poco tienen que ver con un mundo de dioramas, proporciones y supuesto historicismo, características de la gran mayoría de los belenes actuales. 

Navarra no permaneció ajena a la difusión del belén en tierras europeas y en otras regiones españolas, a partir del siglo XVII. La nobleza y, particularmente, algunas instituciones religiosas se esmeraron por poseer destacados conjuntos, algunos de los cuales se han conservado y constituyen hoy un magnífico referente del arte belenístico en los siglos del Antiguo Régimen. 

Los primeros montajes tridimensionales del nacimiento de Cristo, que eso es precisamente un belén, fueron en Navarra los de las Carmelitas Descalzas de San José de Pamplona, en el primer tercio del siglo XVII y el de los Jesuitas de la misma ciudad, a mediados de aquella centuria. El mejor ejemplar de los conservados es el monumental belén de las Agustinas Recoletas de la capital navarra que llamó poderosamente la atención con motivo de la procesión de inauguración de la capilla de la Virgen del Camino, en 1776, en que se exhibió públicamente, siendo calificado por un cronista contemporáneo como “muy especial, con animales muy extraños y perfectos, que causó admiración…”. 

Se conservan obras del siglo XVIII muy destacables, especialmente en vitrinas o escaparates, así como un conjunto en madera policromada realizado por el escultor Juan José Bélaz en 1825 para la parroquia de Mendigorría. Capítulo especial merecen todos los barros murcianos que se importaron en el siglo XIX, cuando el belén se popularizó en los hogares de pueblos y ciudades.

La historia del belén en Navarra forma parte de un conjunto de tradiciones, en torno a la Navidad, que hay que interpretar, correctamente, como manifestaciones de la personalidad espiritual y cultural de un pueblo, sumergiéndose en el alma de un grupo humano e intentando redescubrir un poco de su identidad, definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura. Precisamente por ello, algunos belenes constituyen verdaderos bienes culturales y pueden resultar específicamente aptos, como condensadores de estos valores, por su presencia material y singular, ya que frente al carácter incorpóreo de algunos elementos culturales, la escenografía de un belén tradicional y popular, constituye un objeto físicamente concreto, revestido de un elevado valor simbólico, que asume y resume el carácter esencial de la cultura a la que pertenece.

Letizia Arbeteta Mira

Siempre es un placer -y un honor- prologar un libro. CIertamente, es lugar común hablar de ello, pero, en este caso, manifestarlo es imprescindible, porque pocas veces se tiene la fortuna de prologar un libro como el presente, ameno, encantador, de suma excelencia por su autor y contenido.

Ricardo Fernández Gracia, sistemático en la investigación, ojo y mente rápida, siempre llega al fondo de las cosas, siempre sitúa al lector ante escenarios ya perdidos que, a modo de egiptólogo decimonónico, hace revivir con todo su esplendor y colorido. Colorido, sí, porque la investigación científica puede aportar color y belleza, puede ser fascinante y conmovedora, puede hacer vibrar al lector y aportarle sentimientos diversos, a la vez que estimula al raciocinio y la lógica. El tema de los belenes es muy propicio a ello, es un tema cercano al corazón, siempre lo fue, desde los tiempos de la piedad barroca, que tan certeramente se explora en este libro, y seduce voluntades hasta el punto en que el propio autor se ha involucrado personalmente en ello, tanto como improvisado antropólogo, notario de usos y constumbres en los dispersos monasterios de su Navarra natal, como recogiendo cientos de figurillas dispersas, rescatadas de desvanes y anticuarios, hasta constituir una asombrosa colección, ceñida exclusivamente al entorno navarro, que demuestra, mejor que cualquier colorario la importancia que tuvo la constumbre católica del belén en su patria chica.

Pero todo esto de nada serviría sin la aportación documental, gala de sus textos o las noticias recogidas y la sistematización de una serie de fenómenos iconográficos vinculados al origen del belén, popularizado en varias zonas de la Península Ibérica a finales del siglo XVI, cuando ya se cumplían más de doscientos años de su presencia en las instituciones eclesiásticas.

Por otra parte, lo que, en su grata compañía, hemos apreciado de los belenes en Navarra, parece, en una primera impresión, resolver algunos enigmas y llena vacíos en la investigación general ya emprendida.

La intensidad de las convicciones religiosas de los navarros en el siglo XIX, unida a su disponibilidad económica, hace posible que se encuentre en estas tierras lo más granado de la producción murciana, hoy perdida al haberse arrasado buena parte del Patrimonio Histórico en el centro y levanta españoles. También se rastrean los pasos de los vendedores de santibelli provenzales y una cierta influencia de lo francés en ciertos belenes antiguos, especialmente los de finales del siglo XVII y algunos escaparates del siglo XVIII, tan parecidos a los realizados en la época de los últimos Luises.

Pero el núcleo de la costumbre no es foráneo, sino propio, y obedece a las antiguas tradiciones, mantenidas amorosamente en los monasterios, tradiciones que formaban parte de un ciclo de vivencias espirituales basado en los tiempos litúrgicos, que tiene como centro la devoción a Jesús infante.

Fernández Gracia se ocupa ampliamente de analizar ejemplos concretos, algunos singulares, especialmente el gran armario-belén de las Agustinas Recoletas de Pamplona, delicia del público en la exposición “Oro, incienso y mirra”, celebrada en Madrid el año 2001. Este belén se encuadra en el mapa de belenes monumentales barrocos de las distintas órdenes monásticas y, es por sí mismo, todo un referente de la visión de sus creadoras, a la par que constituye un antiguo testimonio de la vitalidad del fenómeno que se estudia.
Aspectos artísticos, documentales, antropológicos, nada escapa a la sagaz mirada del autor, quien nos brinda un panorama completo de los testimonios materiales del belén, sin olvidar el patrimonio inmaterial que lo rodea y le dota de sentido.