LABORES EN LAS VIÑAS
EN LOS CALENDARIOS MEDIEVALES DE NAVARRA

 

Carmen Jusué Simonena
UNED Pamplona

 

Los meses de septiembre y octubre son tiempo de vendimia. Esta fiesta vinícola ancestral celebra desde hace siglos la fertilidad de una tierra protegida por dioses y adorada por mortales; fascinante unión entre lo divino y lo terrenal, con esos sempiternos pero efímeros frutos brotando cada nuevo ciclo, en palabras de L. López Altares. Con el final del verano llega uno de los momentos más importantes que intervienen en la elaboración del nuevo vino. Es la vendimia, el momento del vino.

Abordar el significado de la vendimia a lo largo de la Historia supone adentrarnos en ese instante mágico en el que dioses y hombres se entremezclan, cuando la tierra se revela con toda su grandeza y generosidad, mostrando su exuberante fruto. No es de extrañar que las grandes civilizaciones miraran al cielo mientras acariciaban la tierra buscando una divinidad que explicara un acontecimiento tan sagrado como profano; en el antiguo Egipto al dios Osiris, al que se atribuyó el origen del vino, y en la antigua Grecia a Dionisio, que simbolizaba la juventud y vida eterna y en sus festividades el pueblo se entregaba al regocijo y al desenfreno durante días mediante cantos, bailes o pasiones.


Exquisita representación de la vendimia en los capiteles de la portada
de Santa María de Ujué. Foto: C. Martínez Álava.

Los romanos heredan de Grecia el amor al vino y, como los griegos, rinden culto a Baco o Liber, inicialmente dios de la vegetación y, al adquirir importancia la vid, protector de los viticultores, al que se rendía culto el 17 de marzo en la Liberalia. Otras fiestas de las que formaban parte Baco o Liber, aunque dedicadas a Júpiter y Venus, eran las Vinalia, en las que se pedía protección para las viñas y la vendimia y se ofrecía el primer mosto de la cosecha.

No hay primavera sin flores, ni verano sin calores, ni otoño sin racimos, ni invierno sin nieves y fríos, refrán que sintetiza certeramente las estaciones del año, pero no serán las estaciones el motivo de estas líneas sino, más bien, las representaciones medievales de los meses del año en los que se desarrollan las labores en las viñas, que con sus diferentes imágenes ilustraron los calendarios o mensarios que se desarrollaron en España en época románica y lo hicieron, en palabras del profesor R. Fernández Gracia, con la visión del trabajo impuesto por Dios. Además, aquellas faenas hablaban gráficamente del paso del tiempo en el devenir humano, y constituían realmente un recurso didáctico.

Calendarios – Mensarios en Navarra

Los mensarios poseen en Navarra varias versiones de época gótica, en unos momentos en que no aparecían en portadas y grandes espacios, sino que pasaron a ocupar otros lugares como claves de construcciones, pintura en los arcos o espacios en frontales de altar, como ha puesto de manifiesto en su estudio para España el profesor M. A. Castiñeiras, que considera que por su situación geográfica privilegiada y sus relaciones políticas y dinásticas con Francia, Navarra y Aragón introdujeron los nuevos modos de la pintura del gótico lineal francés aunque sin alterar el contenido de los calendarios hispanos.

Estos calendarios, que parecen obedecer a una visión positiva y edificante del trabajo, los encontramos en Navarra en el frontal de altar de Eguíllor, que perteneció al coleccionista Riccardo Gualino, que en 1928 lo donó al estado italiano y actualmente se encuentra en la sección Gualino de la Galleria Sabauda de Turín. También aparecen en los frontales Góngora y Arteta que pertenecían a la antigua colección Plandiura y, desde 1908, están en el Museo de Arte de Cataluña. En los tres frontales, las representaciones del mensario se localizan en la parte superior, siendo el del maestro de Arteta el que mejor conserva el ciclo y el de mayor calidad, dado que une en acertada síntesis la pintura románico-pirenaica, el estilo derivado del gótico parisino y la iconografía de los calendarios hispanos, según M. Castiñeiras.


Frontal de Arteta y detalles del mismo. Las representaciones de los meses se sitúan en la parte superior del frontal.

Un tercer calendario aparece –excepto el mes de junio– en las claves del claustro de la catedral de Pamplona, con temas del repertorio del románico castellano, ocho de ellos en la galería septentrional y los restantes en la galería oeste; esta extraña disposición se debe, según la profesora C. Fernández Ladreda, al hecho de que quizá se proyectó el ciclo completo en una galería y más tarde dicho plan se vio alterado.

Un cuarto ejemplar, con pinturas murales, aparece en un arco fajón de la parroquia de san Martín de Ardanaz de Izagaondoa que han sido estudiadas por C. Martínez Álava y fechadas por M. Zuza entre 1354 y 1361. Por último, gracias al gusto de la corte y de la pequeña nobleza hacia los temas profanos, comienzan a aparecer calendarios en la decoración de objetos de uso personal, siendo ilustrativo el bellísimo Libro de Horas de la reina María de Navarra, primera esposa de Pedro IV el Ceremonioso, ilustrado entre otros artistas por Ferrer Bassa y que cuenta entre otras miniaturas con un calendario al que se añaden signos del zodiaco.

Poda, preparación de toneles, vendimia y pisado de uvas

Tras el frío invierno, marzo trae las primeras temperaturas templadas que propician el comienzo de las faenas en el campo. Desnudos y secos, los sarmientos necesitan un cuidadoso trabajo que evite una pésima vendimia. Es el momento de reparar y enderezar las vides e iniciar las labores de poda para que se puedan recoger sus frutos al final del verano. Todos los calendarios navarros, excepto el de Ardanaz en el que la escena no se ha conservado, representan a un campesino que coge con una mano un sarmiento de una cepa, mientras que con la otra acomete un corte con una gran podadera. A diferencia de otros calendarios peninsulares, los personajes de los navarros, ante la crudeza del frío, aparecen arropados y tocados con capucha o sombrero, excepto en el Libro de Horas en el que, aunque encapuchado, porta una ligera túnica.

 

Representaciones del mes de marzo en una clave de la catedral pamplonesa,
en el Libro de Horas de María de Navarra y en el calendario de Ardanaz
del que solo se conserva el nombre del mes.

Llega el momento de separar el grano de la paja. Agosto es el mes de la trilla, representada en el claustro de Pamplona por la figura de un campesino que, sentado en un trillo y apoyado en un bastón, dirige un par de yeguas, escena muy similar a la de Ardanaz y los frontales de Arteta, Góngora y Eguíllor en los que el artista ha querido subrayar el calor presentando a los campesinos con cortas túnicas o faldellines. Sin embargo, en el Libro de Horas el mes de agosto aparece representado con dos campesinos preparando una cuba, labor que debía realizarse justo antes del inicio de la vendimia.


Representación del mes de agosto, con la preparación de toneles,
en el Libro de Horas de María de Navarra.

En los calendarios romanos se prescribe para el mes de septiembre la brea de las tinajas y en la Edad Media los momentos anteriores a la cosecha de la uva se aprovechaban para ajustar los cinchos de cubas y toneles. Es además el mes de comienzo de vendimia y de pisado de uvas. En los mensarios navarros, exceptuando el Libro de Horas en el que el mes de septiembre está representado por la vendimia, el trabajo realizado se ciñe exclusivamente a la preparación de las cubas o al trasiego del vino. En Ardanaz se presentan dos personajes: uno de ellos se sitúa tras el tonel y el emplazado en primer término sostiene un martillo con el que se dispone a ajustar los cinchos, labor idéntica a la que se observa en los restantes frontales en los que una sola persona agarra con una mano el borde de la cuba y con la otra arregla los cinchos con un martillo.


 

  

Representaciones del mes de septiembre en una clave de la catedral pamplonesa,
en el calendario de Ardanaz y en el Libro de Horas de María de Navarra.

Diferente es el representado en la catedral de Pamplona, hermosa imagen que durante varios años fue logotipo del Consejo Regulador del vino de Navarra. La escena corresponde al trasvase o trasiego del vino que se realizaba con la ayuda de un odre de piel y un embudo, y consistía en llenar de vino las cubas medio vacías tras la fermentación, labor que se desarrollaba generalmente en el interior de las bodegas que formaban parte de la casa, monasterio o palacio. La clave presenta a un personaje de perfil y mirada al frente que encorva su espalda por el peso del odre y trasiega el vino a la cuba.

Será la labranza, momento del año agrícola en el que se ara la tierra y se siembra, la que figura en el mes de octubre. Mientras que en el Libro de Horas la representación de este mes está nuevamente relacionada con la vid, dado que muestra el pisado de uvas y la extracción del mosto, los restantes calendarios navarros presentan las labores de preparación de la tierra y siembra.


Representación del mes de octubre, con el pisado de las uvas,
en el Libro de Horas de María de Navarra.

Esta relación o descripción de meses no es exclusiva del arte pictórico o escultórico, dado que existen extraordinarios ejemplos literarios del mismo motivo. Así, por citar un ejemplo, el Libro de Alexandre, obra en verso del primer tercio del siglo XIII que narra con abundantes elementos fabulosos la vida de Alejandro Magno, hay una curiosísima parte en que se describen los meses del año como si estuvieran representados justamente en la tienda del rey, aunque en realidad lo que se describe es la decoración de un templo medieval o un tapiz de aquella época, posiblemente el tapiz románico de la Creación, del siglo XI −pieza única y excepcional entre los pocos bordados que se conocen y que se conserva en la catedral de Gerona−, en el que las representaciones de meses están dispuestas de manera especial. El tapiz tiene unas dimensiones de 3,58 x 4,50 metros. Respecto a los meses de marzo, septiembre y octubre, dice:

2.521. Marzo avie un grant priesa de sus viñas labrar,
priesa con podadores et priesa con cavar,
fazie aves et bestias ya en çelo andar,
los dias e las noches fazielas igualar.

2.527. Setienbre traye varas et sagudie las nogueras,
apretava las cubas, podava las minbreras,
vendimiava las viñas con falçes podaderas,
non dexava los paxaros llegar a las figueras.

2.528. Estava don octubre sus missiegos faziendo,
ensayava los vinos que yazién ya firviendo,
iva como de nuevo sus cosas requiriendo,
iva para sembrar, el invierno viniendo.

Asimismo, el arcipreste de Hita, en el Libro del Buen Amor del siglo XIV, introduce el calendario campesino al hablar de la tienda en la que se instala Amor, y a propósito de los meses en que se realizan labores de vendimia relata:

“Tres labradores vienen todos a una carrera
El primero [agosto] comía ya las uvas maduras
El segundo [septiembre] adoba e aprieta carrales
Comienza a vendimiar uvas de los parrales
Pisa los buenos vinos el labrador tercero [octubre]
finche todas sus cubas como buen bodeguero”.


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

CARO BAROJA, J., “Representaciones y nombres de meses. A propósito del menologio de la Catedral de Pamplona”, Príncipe de Viana, VII, núm. 25, 1946, pp. 629-653 + 21 láminas. Ampliado en el número 56.
CASTIÑEIRAS GÓNZALEZ, M. A., El calendario medieval hispano. Textos e imágenes (siglos XI-XIV), Salamanca, Junta de Castilla y León. Consejería de Educación y Cultura, 1996.
JUSUÉ SIMONENA, C., “En torno al vino y las uvas. IV. Bien valdra como creo, un vaso de bon vino. Trabajos del campo en calendarios medievales”, Diario de Navarra, 1 de agosto, 2020.
MARTÍN, J. L., Vino y cultura en la Edad Media, Zamora, UNED, 2002.
PÉREZ SUESCUN, F. y RODRÍGUEZ LÓPEZ, M.ª V., “Aportaciones al estudio de los calendarios medievales navarros”, Tercer Congreso General de Historia de Navarra. Área II, Corrientes artísticas, Pamplona, 1994, pp. 2-16.