La pieza del mes de marzo de 2020

 

UNA POSIBLE PINTURA DE ANTONIO MARÍA LECUONA RECUPERADA: "COLOQUIO ENTRE DOS BEBEDORES" (1871)

 

Iñaki Urricelqui Pacho
Doctor en Historia del Arte

 

Antonio María Lecuona es considerado uno de los pioneros de la pintura costumbrista vasca y maestro de toda una generación de artistas. Nacido en Tolosa el 17 de enero de 1831, cursó estudios de Filosofía en el Seminario Conciliar de San Miguel de Pamplona entre 1848 y 1851, y asistió a la Academia pública de dibujo y pintura entre 1848 y 1850. Instalado en Bilbao, continuó su formación junto a Cosme Duñabeitia, pasando en 1853 a Madrid, donde estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En 1857, obtuvo la plaza de dibujante del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, cargo del que dimitió en 1866, instalándose junto con su familia en Azpeitia. En 1869, se trasladó a Bilbao, donde abrió un estudio y regentó una academia privada. Durante este período concurrió a las Exposiciones Nacional de Bellas Artes de 1856, 1860, 1864 y 1871, obteniendo en la de 1860 una mención honorífica por “Costumbres Vascongadas” (Museo de Bellas Artes de Bilbao). Debido a sus simpatías con el carlismo, abandonó Bilbao en 1873 ante el inminente sitio de las tropas leales al pretendiente Carlos VII. Tras una estancia en Bergara, donde fue nombrado “pintor de cámara” del referido pretendiente, regresó a Bilbao para continuar las clases en su academia, en la que se formaron artistas como Anselmo Guinea, Adolfo Guiard, Paco Durrio, Gustavo de Maeztu, a los que se sumó Miguel de Unamuno. En los años siguientes concurrió a algunos concursos, como la Exposición Provincial de Vizcaya (1882), las Fiestas Euskaras de Durango (1886), los Juegos Florales de San Sebastián (1886), aunque sin mucho éxito ante la incipiente modernización de la pintura vasca, lo que le hizo ir apartándose de la vida pública. A partir de 1901, Lecuona se retiró a Ondarroa junto a su familia, donde continuó trabajando hasta su fallecimiento el 26 de septiembre de 19071.

Valorada en su contexto, la obra de Lecuona es una de las aportaciones más determinantes para la cimentación del costumbrismo vasco, donde coexisten influencias de la pintura del Siglo de Oro y, sobre todo, la deuda de la pintura flamenca, a la manera de David Teniers el joven, que traspuso al universo vascongado definiendo algunos temas y tipos que serían posteriormente recurrentes en la pintura vasca de finales del siglo XIX y principios del siglo XX2. Son obras destacadas de su producción “Costumbres vascongadas” (1860, Museo de Bellas Artes de Bilbao), “Aldeana vizcaína en el mercado” (1871, Museo de Bellas Artes de Bilbao), “La bendición de la mesa en un caserío de Vizcaya” (1971, Museo de Bellas Artes de Álava, en Vitoria-Gasteiz), “Coloquio entre dos bebedores” (1873, Archivo Municipal de Pamplona), “Don Carlos de Borbón recibiendo en Durango a la representación de las Merindades de Vizcaya el 3 de mayo de 1874” (1875, Diputación Foral de Bizkaia, depositado en el Museo de Arte e Historia de Durango), “San Ignacio herido en la heroica defensa del castillo de Pamplona” (1884, Comunidad del Santuario de Loyola, Azpeitia, Gipuzkoa), “Entrática en Las Huelgas” (1898, Museo de Bellas Artes de Bilbao). Además, se sabe que en 1875 pintó el “Juramento de don Carlos de Borbón bajo el árbol de Guernica como señor de Vizcaya el 3 de julio de 1875”, que fue confiscado y destruido por las tropas alfonsinas tras su entrada en Guernica.

Uno de los episodios más dramáticos de su biografía tuvo lugar la tarde del día 13 de enero 1877, cuando se declaró un incendio en su estudio que, si bien fue dominado por los bomberos, provocó la pérdida de muchas de sus pinturas, “originales del señor Lecuona, alguno de ellos premiado en la exposición de Bellas Artes de Madrid”, mencionando las crónicas de manera expresa títulos como “La limosna”, “La bendición de la mesa”, “La niña de la calceta”, “La romería”, así como otras pinturas, entre ellas catorce bocetos copias de Lucas Jordan que Lecuona había tomado durante la restauración que realizó en otros tantos originales conservados en la sacristía de la Basílica de Begoña, y “otros [cuadros] de costumbres”, igualmente destruidos3.

Este episodio y la información aportada por las fuentes de la época han llevado a considerar que la mayor parte de la producción realizada por el artista hasta la fecha fue destruida, de manera que las obras que han llegado hasta nosotros deben de tratarse o bien de obras restauradas o bien de versiones que el propio artista habría realizado antes o después del incendio. Así pues, por ejemplo, se conocen varias versiones del lienzo “Una limosna”: una en la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao y las otras dos en colecciones particulares, y que al parecer son versiones de la obra homónima presentada en la Nacional de Bellas Artes de 1864 y que figura entre las quemadas en el incendio4.

Algo parecido debió de suceder con el cuadro titulado “Coloquio entre dos bebedores”, uno de los más deudores de la influencia de Teniers, que figuró junto con “La bendición de la mesa en un caserío de Vizcaya” en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 18715. El propio Lecuona versionó este lienzo en 1873, obra que se conserva en el Archivo Municipal de Pamplona (Imagen 1)6, y se sabe que la copiaron en su estudio-academia algunos alumnos como Benito Barrueta (colección particular) o Miguel de Unamuno (Casa Museo Unamuno, Universidad de Salamanca), cuyo contacto con Lecuona tuvo lugar a partir de 18767. Además, la pintura original de Lecuona ha sido identificada como una de las que aparece en la pared del fondo de “Retrato de la familia Lecuona-Echeverría” (colección particular), realizada por el artista entre 1874 y 1876, debajo de una Inmaculada Concepción y de “Costumbres vascongadas”8.


 Antonio María Lecuona, “Carlistas. Coloquio entre dos bebedores”

Antonio María Lecuona, “Carlistas. Coloquio entre dos bebedores”, 1873.
Archivo Municipal de Pamplona.


“Coloquio entre dos bebedores” representa una escena ambientada en el interior de una taberna e influida claramente por la obra de Teniers. En primer plano destacan dos hombres que conversan sentados en torno a una mesa y caracterizados por su vestimenta, de aspecto costumbrista, donde contrasta el blanco de la camisa y el crema de las albarcas con los pardos y azulados de chaleco y pantalones, siendo la nota de color la faja roja del contertulio que se sienta a la izquierda y agudiza el oído con la mano derecha. Especial interés tiene el tipo arratiano, a la derecha, ataviado con un gran sombrero de ala replegada por detrás y su ancho cuello de camisa, y que marcaría un etnotipo tratado por diferentes artistas vascos posteriores, algunos formados junto a Lecuona9. Tras la escena principal, se desarrollan dos anécdotas. A la derecha, cuatro personajes con boina, la de dos de ellos roja –quizá en alusión a su condición de carlistas–, conversan en un rincón; a la izquierda, una tabernera con el ceño fruncido, rellena una de las tinajas de vino.

Se ignora realmente si “Coloquio entre dos bebedores” fue una de las pinturas destruidas en el incendio, puesto que las fuentes de la época no la mencionan expresamente, como sí sucede con otros títulos, como se ha visto. Ha sido más bien la bibliografía sobre el artista la que ha supuesto y mantenido esta idea. No obstante, en 1901, Pilar de Zubiaurre, en un artículo que dedica a una visita realizada a la casa del artista en Ondarroa, informa de que conservaba entonces “una colección de pequeños cuadros que al estilo de los de Teniers reproducían escenas vascas de gran sabor popular”10. Si la mención en 1877 a “otros [cuadros] de costumbres” destruidos lleva a pensar que “Coloquio entre dos bebedores” se encontraba entre ellos, esta mención de 1901 nos mueve a pensar, por el mismo criterio, que pudiera estarse refiriendo, entre otros, al cuadro que nos interesa. Aparte, en 1904 la revista La Baskonia, de Buenos Aires, reproducía la pintura, aunque titulándola “Bautizando”11 (Imagen 2). Si se comparan la versión del Archivo Municipal de Pamplona y la reproducción en la revista bonaerense, se advierten sutiles diferencias –por ejemplo, el arratiano de primer término lleva en la revista una vara, de la que carece la pintura; varía igualmente la disposición de los tipos del fondo–, que nos lleva a afirmar que se trata de dos obras diferentes. Esta reproducción de La Baskonia pudo haberse realizado a partir de un dibujo tomado del natural, con variantes respecto al original, o de algún material preparatorio del cuadro original12.


Antonio María Lecuona, “Bautizando”

Antonio María Lecuona, “Bautizando”. Paradero desconocido,
reproducida en La Baskonia (1904).


Recientemente se ha localizado en colección particular de Pamplona una pintura idéntica a la que posee el Archivo Municipal de Pamplona (Imagen 3)13. Ambas representan la misma escena, si bien la primera no está firmada, como tampoco lo está “La bendición de la mesa en un caserío de Vizcaya”, del Museo de Bellas Artes de Álava14, obra de Lecuona que hizo pareja con la primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871. El Reglamento no especifica nada sobre la obligatoriedad de que las pinturas presentadas fueran firmadas o no15. Lo que sí parece interesante señalar es que las medidas de esta pintura de colección particular, 38x46 cm, coinciden plenamente con las que aporta el catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871 con relación a “Coloquio entre dos bebedores”, presentada por Lecuona en dicha edición16. Además, un análisis comparativo de esta pintura de colección particular y la versión del Archivo Municipal de Pamplona, firmada por Lecuona, revelan similitudes compositivas, cromáticas y estilísticas que llevan a afirmar que ambas han sido realizadas por la misma mano, si bien, asimismo, debe señalarse alguna ligera diferencia, como la cabeza del arratiano, algo más ladeada en la versión de 1873.


Antonio María Lecuona, “Coloquio entre dos bebedores”

Antonio María Lecuona, “Coloquio entre dos bebedores”, 1871.
Colección particular (Pamplona).


Hechas estas consideraciones, parece plausible establecer la hipótesis de que la pintura localizada en colección particular puede tratarse de la versión original presentada en la Exposición Nacional de 1871. Dicho hallazgo, en cualquier caso, supone una interesante aportación al catálogo conocido de obras de Antonio María Lecuona, así como a la historiografía de la pintura vasca contemporánea, al tratarse “Coloquio entre dos bebedores” de una obra que fue importante en la formación de los alumnos que el maestro tuvo en su estudio de Bilbao y enmarcarse entre las pioneras del costumbrismo pictórico en el País Vasco. Además, al localizarse en una colección particular de Pamplona, forma parte del Patrimonio Cultural de Navarra.

NOTAS

1El principal trabajo sobre Lecuona corresponde a Lertxundi 2015. Para aportaciones y valoraciones más puntuales sobre el artista, Llano Gorostiza 1966: 30-33, 40 y 245; Álvarez Empananza 1973: 28, 40, 42 y 44; Guasch 1985: 32; Barañano, González de Durana, Juaristi, 1987: 215; Madariaga, 1988: 47; Marrodán 1989: 242-243; Fernández López 1993: p. 117; Begoña y Azcárraga 2002: 135-136; Fornells, 2013.
2Esta aportación a la pintura ya fue señalada por Unamuno en Recuerdos de niñez y mocedad al afirmar que “su influencia en los artistas bilbaínos y en general vascongados que le han sucedido, es innegable”, Unamuno 1988: 188. Lecuona, que trabó estrecha amistad con Antonio de Trueba, también contribuyó a la difusión del arquetipo vasco en el contexto de la literatura fuerista, tal como apunta Juaristi 1998: 168.
3El Noticiero Bilbaíno, 14 de enero de 1877, p. 3; 18 de enero de 1877, pp. 2 y 3. Lertxundi ha analizado y clarificado el episodio, hasta ahora disperso y ambiguo, a través de la documentación de la época. Incluso refiere la posibilidad de que el incendio hubiera sido provocado como represalia a su posicionamiento carlista, idea mantenida en la memoria de la familia. Lertxundi 2015: 33-35.
4Lertxundi 2015: 89, 112 y 113.
5Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871 (1871: 66)
6Caspistegui 2010: 73, que la relaciona con la temática de la conspiración carlista. Esta pintura fue donada por un particular al Ayuntamiento de Pamplona en 1961. Agradezco a Ana Hueso (Archivo Municipal de Pamplona) que me haya facilitado esta información.
7Paredes Arnáiz 2013. Para las copias, Nieto González y Azofra Agustín 2002: 139-141; y Lertxundi 2015: 77.
8Lertxundi 2015: pp. 67-68.
9Por ejemplo, artistas como Paco Durrio o Alberto Arrue dedicaron atención en su trabajo al arratiano, así como el propio Miguel de Unamuno, en un dibujo de la Casa Unamuno, de la Universidad de Salamanca, o un contemporáneo como José Bringas, en un dibujo conservado en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.
10Zubiaurre 1946: 4.
11Lertxundi 2015: 93. Agradezco a Eneko Tuduri el acceso a una copia del ejemplar de La Baskonia. El “bautizo” se refiere a que, según la revista, la tabernera representada en la pintura está aguando el vino, lo que es comentado por las dos figuras de primer plano.
12Por ejemplo, se conoce una acuarela del cuadro “La bendición de la mesa en un caserío de Vizcaya”, de colección particular, Lertxundi 2015: 93.
13Esta pintura presenta un estado de conservación regular, con algunas manchas, desprendimientos y roturas, si bien permite una correcta valoración estilística y temática respecto a la obra de Lecuona.
14https://apps.euskadi.eus/emsime/catalogo/autoria-lecuona-y-echaniz-antonio-maria-/titulo-la-bendicion-de-la-mesa-en-un-caserio-de-vizcaya/objeto-pintura/ciuVerFicha/museo-1/ninv-2876 (consultado el 28-1-2020).
15Reglamento de Exposiciones Nacionales de Bellas Artes aprobado por S. M. en 2 de abril de 1871 (1871: 7-9).
16Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871 (1871: 66).

 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871, Madrid, Imprenta del Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos, 1871.
El Noticiero Bilbaíno, 14 de enero de 1877, p. 3.
El Noticiero Bilbaíno, 18 de enero de 1877, pp. 2 y 3.
La Baskonia: revista ilustrada euskaro-americana: historia, literatura y artes, Buenos Aires, 10 de enero de 1904, p. 163, n.º 370.
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