MITRA BORDADA DEL PATRÓN SAN FERMÍN

Alicia Andueza Pérez
Doctora en Historia del Arte

 

Si hay una imagen religiosa que aúna y evoca el fervor y devoción de los fieles pamploneses y navarros, esa es la del patrón san Fermín. Por ello, a lo largo de los siglos ha sido objeto de numerosos obsequios y donaciones, especialmente durante las centurias del Barroco en las que la sociedad navarra experimentó el gusto por la riqueza y el lujo propio de la época. De hecho, su capilla, sita en la iglesia de San Lorenzo y de la que este año se conmemora el III aniversario de su inauguración, pudo construirse gracias al impulso del Ayuntamiento de Pamplona y a los donativos que realizaron muchos navarros ausentes. Unos y otros contribuyeron a que la imagen del santo, copatrono de Navarra desde 1657, contara con un lugar ad hoc a su dignidad e importancia. Pero además de los donativos en metálico, desde ese momento fueron muchos los regalos recibidos por san Fermín, tanto destinados a engalanar la propia efigie como a dotar de todo lo necesario a la capilla. Joyas como cadenas, pectorales o sortijas; bandejas, jarras o frontales, y diversos ornamentos y piezas de carácter textil, fueron conformando un valioso tesoro que se completó con las obras emprendidas por el propio municipio de la ciudad que, habiéndose erigido como patrono de la capilla, fue el encargado de mantener el decoro adecuado en lo relativo a la imagen del Santo y a su culto.

Centrándonos en las obras propias del arte del tejido y del bordado, es preciso indicar que la capilla de San Fermín contó con un conjunto propio de vestiduras litúrgicas. Además, el santo poseía varias capas que constituyeron un ropero no muy numeroso pero en el que no faltaron ricos tejidos de seda y bordados de oro y de plata. La mayor parte de estas obras llegaron a la capilla durante el siglo XVIII, algunas por vía de donación y otras como fruto de los encargos realizados por el Ayuntamiento, en cuyo caso solían portar los escudos bordados de la ciudad de Pamplona como distintivo de su patronato. Pero lo cierto es que, en gran medida, estos ornamentos y capas no han llegado hasta nuestros días debido a la fragilidad y vulnerabilidad de los materiales empleados en su confección. Por esa razón, las piezas que se conservan, como es el caso del terno carmesí bordado en oro que, procedente de Zaragoza, llegó a la capilla en 1788 y que se usa en la festividad principal del día 7 de julio; o la capa también bordada en oro que regaló al santo en 1807 el que fuera obispo de Pamplona, don Lorenzo Igual de Soria, son buen testimonio y ejemplo de las que en otro tiempo conformaron el ajuar textil del santo patrón.

Dentro de las obras textiles que forman en la actualidad el tesoro de San Fermín, es de reseñar por su singularidad, una rica mitra bordada con la que obsequió al santo en 1778 el entonces obispo de Pamplona, don Juan Lorenzo Irigoyen y Dutari. Recoge la documentación que el 5 de julio de 1777, el Ayuntamiento de la ciudad entregó a la Obrería de San Lorenzo “una rica mitra para el glorioso Patron San Fermin, bordada al proposito con flores de oro mui quajado y realzado, sobre campo de plata y sembradas a trechos diferentes piedras crecidas berdes y rubicundas”, que había regalado el obispo.
 

Foto. 1. Juan Lorenzo Irigoyen y Dutari, obispo de Pamplona
 

Sucedió que habiéndosela “puesto al Santo para la función y procesión del dia siete, se noto, que por ser muy grande no le acomodaba en la cabeza, de modo que para que en la procesion no se le caiese fue preciso asegurarsela con cintas”. Se solicitó al donante que se compusiera y ajustara el tamaño de la mitra pero viendo que no era posible, el obispo decidió que se hiciera otra de igual calidad pero de menor boca. Así se realizó y el 10 de junio de 1778 el municipio la entregó a la Obrería para que la custodiara junto con el resto de alhajas y ornamentos del santo. De hecho, en los posteriores inventarios que se realizaron de los objetos que formaban parte de la capilla, junto con diversas vestiduras sagradas y varias capas, se recoge la obra como una mitra “bordada con oro fino y adornada con varias piedras falsas que la regalo el señor obispo don Juan Lorenzo de Irigoyen y Dutari”.
 

Foto 2. Mitra bordada regalada a san Fermín por el obispo Juan Lorenzo Irigoyen y Dutari en 1778
 

Tal y como aparece referido en el documento de la donación, esta mitra, que mide 41 centímetros de alto por 29 de ancho, está formada por un fondo compuesto por hilos de plata que se extienden longitudinalmente sobre una base de seda blanca que aparece cubierta por completo. Sobre el campo de plata, presenta una decoración de estilo rococó que sigue un esquema simétrico y ascendente de gran dinamismo. Tanto en su parte delantera como trasera, ambas acabadas en punta, los motivos vegetales de flores y tallos se disponen siguiendo el eje central de la pieza combinándose con ces enfrentadas y cintas enlazadas que se despliegan, con un ritmo ondulante, por los laterales de la misma. Los motivos principales se alternan con otros más pequeños que forman flores y zarcillos y que salpican el fondo. Por otro lado, las ínfulas, cintas que parten de la zona trasera de la mitra a la altura de la nuca y que se extienden por la espalda, miden 28 centímetros de largo por 6 de ancho y están decoradas con flores y motivos vegetales que se disponen de forma longitudinal hasta acabar en un flecaje de oro. En su interior, cuenta con un forro de lienzo blanco y con una estructura metálica para facilitar la sujeción a la cabeza del santo.
 

Foto 3. Mitra con las ínfulas
 

Foto 4. Mitra

 

Foto 5. Mitra
 

Técnicamente esta obra es un ejemplo claro de las posibilidades que presenta el bordado metálico o en metales nobles que tanta importancia tuvo durante el siglo XVIII. La mayor parte de las labores están confeccionadas con hilo de plata y de oro entorchado, aunque también encontramos otras hebras metálicas como el canutillo de oro. Los bordados en plata están realizados según la técnica del picado sobre una preparación en basto con cierto relieve y delimitados en sus contornos por pequeñas puntadas de seda que resultan casi imperceptibles, de forma que cuesta distinguir el fondo de la decoración. Alternándose con los motivos en plata pueden verse otros confeccionados en oro llano en sus distintas modalidades, como ladrillos, medias ondas o puntitas. El hilo de oro aparece también mediante el punto de cordoncillo, de cadeneta y en su modalidad de bordado de hojuela y de canutillo, junto con laminillas, tachuelas y lentejuelas de oro que forman florecillas y otros motivos. Los bordes se rematan con un rítmico bordado de plata que dibuja ondas a modo de galón y con una labor de encaje y pasamanería propia de la época. Por último, la decoración se completa con piedras engarzadas verdes, azules y rojas, aunque algunas parecen aplicadas posteriormente. La combinación de los distintos puntos y materiales crea diferentes texturas y volúmenes y, en consecuencia, los efectos de luz y brillo se multiplican, contribuyendo junto al cromatismo de las piedras, al carácter efectista de la obra.
 

Foto 6. Mitra. Detalle
 

Hay que recordar que la mitra es una de las insignias propias de la dignidad episcopal cuyo origen se remonta al siglo XI y que fue evolucionando a lo largo del tiempo hasta adquirir su forma actual. Dada la condición de quien la portaba, es una pieza que suele estar abundantemente decorada y que se clasifica en tres tipos, de acuerdo a su nivel de riqueza. Así encontramos mitras preciosas, doradas o aurifrigiatas, y simples. La obra que aquí nos ocupa podemos clasificarla, atendiendo a las características vistas, como una mitra preciosa, algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que su finalidad era engalanar la figura de san Fermín en las funciones principales ya que al santo, como obispo, se le representa y reviste como tal.

De hecho, esta mitra no es la única que se recibió como obsequio a lo largo del Setecientos. En la primera mitad del siglo no se cataloga en los inventarios de la capilla ninguna mitra de carácter textil, pero posteriormente se recoge que en 1753, Domingo Pascual de Nieva y su mujer regalaron una capa y mitra “de tela de oro en campo blanco con sus realces bordados de seda”; y que en 1767, María Teresa Palomino, vecina de Madrid, donó una capa y mitra bordada de oro en este caso sobre campo encarnado. En un inventario de 1786, se enumeran seis mitras que estaban en uso y otras tres que ya no se utilizaban; mientras que en 1824, tras el incendio que tuvo lugar en la capilla un año antes y en el que se perdieron varias documentos, objetos y ornamentos, sólo quedaban tres de ellas: una morada con flores de oro, otra de tisú de oro y la regalada por el obispo. A estas piezas tejidas y bordadas, hay que sumar la preciosa mitra de plata sobredorada que, con un báculo a juego, envió desde México en 1766 don Felipe Iriarte y que el santo sigue usando hoy en día en la procesión del día 7. Actualmente, incluyendo esta última, son cuatro las mitras con las que cuenta san Fermín, siendo la que aquí analizamos la única de carácter textil.

Por último, en cuanto al donante de esta pieza, don Juan Lorenzo Irigoyen y Dutari, natural de la localidad navarra de Errazu, tras ocupar durante veinte años una dignidad en la catedral de Pamplona, fue designado obispo de Pamplona en 1768, cargo que ocupó hasta su muerte en 1778. Durante este tiempo, además de su papel pastoral, emprendió algunas actuaciones como promotor de las artes, como las acometidas en el santuario de San Miguel de Aralar, las realizadas en su pueblo natal o la erección del seminario conciliar de San Miguel de Pamplona. En este contexto, podemos encuadrar la donación de esta valiosa mitra, cuya entrega se culminó una vez fallecido el obispo. Además, es de señalar que en Errazu se conservan las insignias episcopales del prelado y, entre ellas, la mitra que utilizaba en las celebraciones más importantes. Esta última presenta el mismo esquema decorativo que la que aquí estudiamos y aunque no puede compararse en cuanto a riqueza y realce con la del santo patrón, pudieron compartir una misma procedencia y autor. No contamos con ningún dato que nos informe al respecto, pero no es aventurado apuntar que puedan tratarse, en ambos casos, de manufacturas zaragozanas. En la Navarra del Setecientos son puntuales los bordadores que se documentan y en ningún caso llegaron a conformar un taller como el que existió en Pamplona en las centurias anteriores. Por esta razón, durante el siglo XVIII las parroquias e instituciones navarras encargaron sus ornamentos y piezas textiles a diversos centros foráneos, como Lyon, Toledo, Barcelona y especialmente Zaragoza. Esta ciudad experimentó en esta época un importante apogeo del arte del bordado, principalmente en torno a los obradores de los artífices José Gualba y Francisco Lizuáin. Precisamente este último es el autor del terno carmesí antes referido que encargó el Ayuntamiento de Pamplona para servir en las funciones principales de la capilla y a su taller se debe posiblemente también una de las capas más ricas con las que se reviste hoy en día al santo. De una forma u otra, la maestría de la obra nos habla de un bordador o taller de primer orden.
 

Foto 7. Mitra. Parroquia de Errazu

 

A la riqueza y calidad de esta mitra, en la cual se recogen las características de los bordados de la época y el gusto por el carácter decorativo propio del Rococó, hay que añadir que este tipo de piezas litúrgicas no eran tan habituales y numerosas como lo eran otros ornamentos sagrados y que este es uno de los pocos ejemplares que conocemos en Navarra que ha llegado hasta nuestros días. Su función de engalanar la imagen de san Fermín aumenta su singularidad y contribuye, sin duda, a evocar el ornato y lujo que envolvió en otro tiempo el ceremonial religioso en torno al santo patrón.

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN

-Archivo Municipal de Pamplona, Asuntos Eclesiásticos, Patronato de San Fermín, Legajo 15, 17 y 21.

-ANDUEZA PÉREZ, A., “Presencia del bordado zaragozano en la Navarra del siglo XVIII”, en Presencia e influencias exteriores en el arte navarro, Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, nº 3, 2008, pp. 673-685.

-ARDANAZ IÑARGA, N., “Insignias episcopales de don Juan Lorenzo Irigoyen y Dutari”, Memoria 2006 de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, Pamplona, Cátedra de Patrimonio y Arte navarro, 2006, pp. 223-225.

-ARDANAZ IÑARGA, N., “Promoción artística de Juan Lorenzo Irigoyen y Dutari, obispo de Pamplona (1768-1778)”, en Promoción y mecenazgo del arte en Navarra, Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, nº 2, Pamplona, 2007, pp. 63-97.

-MIGUÉLIZ VALCARLOS, I., “El tesoro de San Fermín: Donación de alhajas al Santo a lo largo del siglo XVIII”, en Promoción y mecenazgo del arte en Navarra, Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, nº 2, Pamplona, 2007, pp. 297-320.