UN TERNO «ANGELIQUE» EN LA PARROQUIA DE SAN PEDRO DE PITILLAS

Alicia Andueza Pérez
Doctora en Historia del Arte


En la parroquia navarra de San Pedro de Pitillas se conserva un terno de especial interés, tanto por su peculiaridad y riqueza como por su procedencia. Este conjunto, formado por una casulla, dos dalmáticas, capa pluvial y distintas piezas accesorias, lo podemos identificar como uno de los ornamentos denominados «angélique» - debido a su iconografía-, que se realizaron a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en la ciudad francesa de Lyon. 

En 1888-1889, el artífice Joseph-Alphonse Henry (1863-1913), cuyo taller estaba especializado en la confección de ornamentos sagrados, encargó el diseño de una casulla al pintor Gaspard Poncet (1820-1892), un artista al que se documenta realizando numerosos diseños para vidrieras, mosaicos o piezas de orfebrería. El primer ejemplar de esta casulla fue realizado en 1891 para el entonces arzobispo de Lyon, el cardenal Foulon, pero en 1894 J.A. Henry presentó un ejemplar, en este caso no tejido sino bordado, en la Exposición Universal, Internacional y Colonial de Lyon. Dado el éxito que logró la casulla «angélique» se solicitó al artífice que completara el terno con las piezas restantes. Éstas también fueron confeccionadas según el diseño de Gaspard Poncet, pero no fue hasta 1897 cuando se realizaron las dos dalmáticas y sus accesorios. Un año después se terminó el modelo de la capa y el artífice la presentó en la Exposición Universal de ParÍs de 1900, donde fue condecorada con un Gran Premio. 

Este ornamento gozó de un gran éxito y fue comercializado por el taller de J.A. Henry y posteriormente por sus sucesores, J. Truchot et Grassis y J. Truchot et Cie, hasta el Concilio Vaticano II. Se hicieron algunas piezas bordadas pero la mayoría están tejidas, como es el caso del terno que aquí nos ocupa. Se conocen varios ejemplares de este conjunto en diversos templos franceses, como la catedral de Saint-Jean-Baptiste de Lyon o la iglesia del Sacré-Coeur de Amiens. También se atesoran algunas de estas prendas en el Musée de Tissus de Lyon, donde se custodian además los dibujos preparatorios realizados por Gaspar Poncet para las dalmáticas y para la casulla, tanto en su forma francesa como española. 

Como nos informa el catálogo de obras del Musée de Tissus de Lyon, las distintas prendas de este conjunto fueron confeccionadas en un telar tipo Verdol y están formadas por un lampás de fondo de raso entretejido en seda carmesí e hilos de oro. El lampás o lampazo es un tejido de seda labrado muy elaborado en el que se trabaja con dos juegos de urdimbres y tramas y, que como se percibe en este conjunto, destaca por los efectos de brillo y volumen que se logran en los motivos decorativos. 

Las distintas prendas portan un programa iconográfico muy meditado y significativo, a modo de cántico tejido en seda y oro a la gloria del hijo de Dios como Maestro y Salvador. Las distintas escenas que se narran van acompañadas por una filacteria sostenida por angelotes donde se recogen inscripciones relativas a los pasajes que se representan. En cuanto a la casulla, ésta presenta en su parte delantera una imagen de la Virgen con el niño alrededor de la cual se disponen numerosos ángeles que tocan instrumentos y cantan alabanzas, mientras que en la hoja dorsal, los apóstoles y la Virgen observan la Ascensión del Señor a los cielos donde es recogido por Dios Padre y el Espíritu Santo. En la zona inferior, encontramos la leyenda que alude al diseñador y al artífice de la prenda: “GASPARD PONCET, MDCCCLXXXIX, J.A. HENRY”

 



Casulla con la Virgen y el Niño en el anverso
 

Casulla con la Ascensión de Cristo en el reverso
 



Detalle de la casulla con los nombres de los autores y la fecha
 

En lo que respecta a las dalmáticas, en una de ellas se recoge en los faldones, la escena de la Natividad junto con la Adoración de los Pastores y la de los Reyes Magos, y el pasaje de Jesús entre los Doctores. Las bocamangas, por su parte, aparecen decoradas con motivos y leyendas relativas a la Eucaristía. En la otra dalmática, se representan en los faldones la escena de la Entrega de las llaves a San Pedro y la Entrada de Jesús en Jerusalén, con la arquitectura de la ciudad eterna como fondo. Al igual que en la otra prenda, las bocamangas también portan motivos eucarísticos.

 

Dalmática con la Epifanía


Dalmática con la escena de Jesús entre los doctores
 

La capa pluvial es la pieza más rica y compleja en su diseño de todo el conjunto. En la cenefa que la rodea se encuentran distintos atributos marianos recogidos de las letanías lauretanas, mientras el capillo alberga la Coronación de María por Dios Hijo, Dios Padre y el Espíritu Santo. Encima del capillo y en la zona de la cenefa que comprende la collarada, una leyenda pone punto final al programa iconográfico: Unus est Deus en referencia a la Santísima Trinidad. Todo el vuelo de la capa aparece asimismo lleno de figuras de santos con su atributo y su nombre en el nimbo, que se disponen en torno a las Santas Mujeres, al colegio apostólico y a la leyenda: Vivent in aeternum. Debajo del capillo, una inscripción alude al premio extraordinario que esta prenda recibió en la Exposición Universal de París de 1900.
 

Capa pluvial con la Coronación de la Virgen en el capillo


Capa pluvial. Detalle bajo el capillo
 

Las distintas prendas destacan por la complejidad de las composiciones y los numerosos personajes que se disponen en una especie de horror vacui. Los galones, que tradicionalmente enmarcan en las zonas más señaladas los distintos pasajes, no interrumpen las narraciones, sino que se superponen al tejido a modo de retorchas. Las figuras, realizadas con gran naturalismo, adoptan diversas posiciones y actitudes, todo ello de acuerdo al estilo historicista propio de la época que miraba a los estilos pasados como fuente de evocación e influencia. 

Tal y como nos informa una inscripción cosida en el interior de una de las dalmáticas, este conjunto llegó a la parroquia de Pitillas en 1907. Fue un regalo que realizó el obispo don José Cadena y Eleta, natural de esta localidad, con el fin de que sirviera en las primeras misas de los jóvenes naturales del pueblo que accedieran al orden sacerdotal. Este obispo, que llegó a ocupar la sede primada de Segovia, Vitoria y posteriormente el arzobispado de Burgos, destacó por llevar a cabo un importante papel como mecenas de las artes. Promovió obras allí donde estuvo y benefició especialmente a su localidad natal, donde amparó por ejemplo, la construcción del Colegio de San José cuyo funcionamiento encomendó a las Hijas de Jesús. El conjunto litúrgico que aquí se analiza es prueba del gusto por las artes del obispo Cadena y Eleta ya que, a pesar de tratarse de un ornamento de serie confeccionado en un telar, destaca por su singularidad, por su riqueza y por su cuidado programa iconográfico.