UN LIENZO DE SANTA MARÍA EGIPCIACA, FIRMADO POR VICENTE BERDUSÁN

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Procedente del extinguido monasterio de Santa Clara de Fitero, se conserva en las Clarisas de Tudela un lienzo de Santa María Egipciaca, de medio cuerpo, (110 x 85 cm.), firmado por Vicente Berdusán a comienzos de la década de los setenta del siglo XVII y cuya fecha exacta no es posible leer con exactitud debido al deterioro de la parte inferior del lienzo. El nombre y apellido del artista son legilbles con toda perfección, así como las primeras cifras de la data.

El lienzo llegó a Fitero en 1940 junto a un buen número de objetos del convento de Clarisas de Calatayud que se trasladó con sus enseres y la comunidad a la localidad navarra, inaugurando oficialmente su sede en la casa del afamado industrial local Gervasio Alfaro y Octavio de Toledo, el 12 de agosto de 1941. En el pasado año 2009, la falta de vocaciones, así como las circunstancias de la exigua comunidad hicieron que se levantase de nuevo la vida comunitaria, trasladándose parte de su amueblamiento a Tudela.

Aunque la obra está muy deteriorada y sucia, se adivina una buena mano en su factura. Vicente Berdusán estuvo activo en Tudela, con taller abierto, desde 1655 hasta su muerte en 1697. Además del abocetamiento, también la iluminación nos conduce a las fórmulas utilizadas por este maestro, el mejor de su tiempo en estas tierras. El juego lumínico, de tradición tenebrista, lo utilizó el pintor en otras obras, manejando hábilmente el recurso que proporciona intensidad y emoción al tema.
 

Santa María Egipciaca
Vicente Berdusán

Respecto a la iconografía, aunque se puede pensar a primera vista en Santa María Magdalena, un examen detenido nos lleva al verdadero tema que es Santa María Egipciaca por la presencia de varios panes en la parte posterior del cuadro, como atributo identificativo, faltando el pomo de perfumes que identificaría a la Magdalena.

Como es sabido, la Egipciaca fue una cortesana de Alejandría que, tras diecinueve años de vida disoluta, se arrepintió tras ser tocada por la gracia. Tras su conversión se retiró al desierto de Transjordania, en el que se le representa, en actitud y modo de penitente. Un desconocido le puso en la mano tres denarios con los que compró tres panes que le servirían de alimento para el resto de su vida, sesenta años. Al igual que en otras representaciones aparece con larga cabellera semidesnuda y descarnada. Es patrona de las mujeres arrepentidas. En el margen superior derecho encontramos a un Crucificado al que mira en actitud rogatoria y con cierto arrobamiento.

El culto a esta santa y a la Magdalena en el convento de las Clarisas se encontraba también presente en sendas pinturas del retablo de la Virgen del Pilar de la desaparecida iglesia conventual de las Clarisas de Fitero.

Como es sabido, la representación de santos penitentes y anacoretas en el siglo XVII se hizo en clara alusión al valor del sacramento de la penitencia, tan vituperado por los protestantes y ensalzado con nuevas iconografías desde la Iglesia católica, como prueban los santos que lloran, en temas tan abundantes como las lágrimas del propio San Pedro. Para la devoción popular y para muchas comunidades religiosas estas santas y particularmente Santa María Magdalena, era el prototipo de la pecadora arrepentida y la contemplativa de Betania, por ello inspirará a la santa como tipo de conversión, de vida contemplativa, de seguimiento de Cristo. 

El cuadro no conserva marco de la época y es una muestra de la expansion de las obras de Berdusán en Aragón, en Calatayud en este caso. Lo que no podemos precisar es cómo llegó a las Clarisas de aquella localidad aragonesa, si por donación de una religiosa, por encargo de las propias monjas, o procedía del extinto convento de Franciscanos de Calatayud, ocupado por las Clarisas entre 1835 y 1940.

En el ambiente de la comunidad por aquellos años del tercer cuarto del siglo XVII, destacó una religiosa, penitentísima y de la que se refieren ciertos hechos prodigiosos en distintas crónicas conventuales, sor Margarita Virto de Espinosa, bautizada en la parroquia de San Pedro de los Francos de Calatayud el 12 de abril de 1632, que tomó el hábito en las Clarisas de Calatayud en septiembre de 1646 a los 14 años de edad, y vivió en el mismo convento 51 años, falleciendo el 10 de abril de 1697. Curiosamente la religiosa nació y murió en los mismos años que el pintor Vicente Berdusán. Sin que de momento podamos relacionar directamente el lienzo de Santa María Egipciaca con la monja, sí que es un hecho que la que sor Margarita fue protagonista de algunas visiones que pasaron a las imágenes, concretamente a algunas pinturas, aún conservadas. El ambiente en pro de la santa penitente sí que era un hecho probado en la comunidad de Clarisas de la ciudad aragonesa.

El monasterio bilbilitano de las hijas de Santa Clara había sido fundado con la protección Jaime I en pleno siglo XIII, en 1235. El Padre fray Gregorio Argáiz en su Soledad Laureada… (1675) afirma que estaba dedicado en principio a Santa Inés y se localizaba fuera de la ciudad, viviendo las religiosas en extrema pobreza y humildad. En 1336 recibieron la protección de Alonso IV de Aragón y doña Leonor. Durante la guerra de los Pedros fue destruido en 1362 y, tras la contienda, el rey de Aragón lo reconstruyó dentro de la ciudad, bajo la invocación de Santa Clara entre 1366-1368. Su iglesia de gótico avanzado fue construida entre 1395 y 1398 y fue costeada por el Papa Luna que tenía dos hermanas en la comunidad una de las cuales llegó a ser abadesa. Constaba de una sola nave y su titular era San Lorenzo. En 1675, la época del lienzo que damos a conocer como obra de Vicente Berdusán, contaba el convento con 50 religiosas. En 1834 se derruyó y con su solar y parte del convento de la Merced se formó la Plaza del Fuerte.