EL AUTORRETRATO DEL PINTOR EN EL RETABLO MAYOR DE SAN SATURNINO DE ARTAJONA

Mercedes Jover Hernando
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El magnífico cerco románico de Artajona protege un singular templo gótico de nave única, erigido a lo largo del siglo XIII, cuya cabecera estaba enriquecida con un importante conjunto de pinturas murales góticas, que representaban el Juicio Final y dos ciclos narrativos sobre la vida de San Saturnino y San Exuperio. La mayor parte de estos murales pueden visitarse en el Museo de Navarra en Pamplona. 

Por el motivo que fuese, porque los grandes templos se estaban dotando de grandes retablos mayores, porque como nos cuenta la documentación, problemas en las cubiertas hubieran estropeado las pinturas de la cabecera, quedando desdibujado su mensaje iconográfico, porque les parecían anticuadas, o por todos estos u otros motivos, la cuestión es que a principios del siglo XVI, en 1513, la parroquia de San Saturnino de Artajona se dota de un magnífico retablo mayor de estilo Tardogótico que ejecutaron los fusteros de Pamplona maese Pierres y maese Andrés, y los pintores maese Francisco de Orgaz y su discípulo maese Floristán de Aria. En el se narra un programa iconográfico centrado en tres ciclos pintados de la Vida de San Saturnino, Vida de la Virgen y la Pasión de Cristo, en consonancia con sus respectivas tallas en la calle central.

Ocupando la segunda calle del primer cuerpo está el Bautismo de San Fermín por San Saturnino. La escena se desarrolla en un interior de planta centralizada, como suele corresponder a un baptisterio, cuya especialidad viene definida por tres muros de cierre poligonales y un suelo de baldosas coloristas cuya retícula fugada constituye un intento bastante conseguido de perspectiva renacentista. Ocupa este interior una gran pila bautismal, que se asemeja a la propia pila gótica de este templo, en la que hay hasta seis adultos que están recibiendo el bautismo por inmersión parcial según una fórmula ya anticuada para la época, pero de gran plasticidad. Dentro de la pila resalta un piadoso joven, destacado con una suntuosa cofia, al que el obispo celebrante, el propio San Saturnino, está ungiendo. Es digno de mención el ayudante de San Saturnino, que desde el otro lado de la pila sostiene la cruz y las crismeras. 
 

"San Saturnino bautizando a nuevos cristianos"
Retablo de San Saturnino de Artajona.

 

La reciente observación detenida de esta tabla, con motivo de su restauración a cargo de la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra, nos ha deparado una grata sorpresa. Entre los testigos del bautismo, ocupando un lugar destacado en la composición, el centro visual de la mitad superior de la tabla, encontramos a un personaje tocado con una cofia que nos mira directamente a los ojos Consideramos que es un autorretrato del pintor. Su interlocutora y directa mirada así parece indicarlo. Constituye un ejemplo de metalepsis de autor, de esa costumbre antigua, inspirada en la anécdota del primer autorretrato conocido, por el que Fidias se habría autorretratado en el escudo de Minerva, por la que el autor se autorrepresenta dentro del propio cuadro. Hay abundantes antecedentes de artistas italianos que desde el Quattrocento se retratan en sus propias obras y la bibliografía especializada lo entiende como parte del orgullo que sintieron estos profesionales y que propició la larga lucha que vivieron para que su arte fuera considerado liberal (numerosos especialistas han escrito con maestría acerca de esta lucha, magistralmente explicada por Julián Gállego en su obra El pintor de artesano a artista de 1976) El tema, centrado en el momento que nos ocupa, el Renacimiento, ha sido revisado y puesto al día por J. Woods-Marsden en el capítulo “El autorretrato del Renacimiento” en el Catálogo de la magnífica Exposición Temporal El retrato del Renacimiento, que pudimos admirar en el Museo del Prado en el año 2008. 

Tenemos ejemplos más cercanos de artistas del XVI que se inmortalizaron en sus obras. Así vemos al escultor Damián Forment que se retrata a la antigua en los sotabancos de los retablos de la catedral de Huesca y del Pilar de Zaragoza y al pintor Pedro de Aponte que lo hace del mismo modo en el sotabanco del retablo de Santa María la Real de Olite (en 1528-1530) La Profesora Carmen Morte ha reconocido de nuevo a este autor, un Pedro de Aponte ya maduro que nos mira fijamente, entre el público de la escena del Ecce Homo del retablo mayor de San Juan Bautista de Cintruénigo (1525-1530) El retrato de un artista más parecido nos lleva hasta la villa de Ágreda (Soria, 1523-1525) donde dicha autora identificó el autorretrato del pintor entre los personajes que van en procesión en la tabla “Procesión al Monte Gargano”. Pedro Aponte se plasmó para la posteridad en Ágreda del mismo modo que lo habría hecho Francisco de Orgaz en Artajona (1511-1515): pintando su rostro de frente y mirando al espectador, Aponte cubierto con redecilla y Orgaz con una cofia, tocado de la familia de los bonetes con dos puntas que cubren las orejas y muy pegado a la cabeza, semejante al que, enriquecido por una franja dorada, cubre la cabeza de San Fermín. Se da la circunstancia de que en la tabla del Bautismo de Artajona, cerca del retrato del maestro Francisco de Orgaz, aparece otra cabeza que también se cubre la cabeza con una cofia, que mira de lado, que pudiera ser su discípulo y colaborador en este retablo maese Floristán de Aria. 

El autorretrato del pintor en una de las escenas del retablo de Artajona, de estilo Tardogótico, que combina elementos retardatarios, como cardinas y brocados, con elementos renacentistas, que constituye un nuevo ejemplo del autor endotópico, esto es, del autor que se representa integrado en su obra, podría significar el intento de autoafirmación del artista, que se pinta a sí mismo y quizá a su ayudante en un lugar bien visible para el público, trayendo hasta la Navarra del 1500 los comienzos de una lucha por el reconocimiento de una profesión, para la que se reclamaba, como hija del diseño, que El arte e cosa mentale.

En Navarra y ya de finales del siglo XVI tenemos un destacado autorretrato del pintor Felices de Cáceres, datado en 1591, en el retablo de la Purísima de la Parroquia de Santa María de Fitero, que ha dado a conocer el Profesor Pedro Echeverría Goñi.

BIBLIOGRAFÍA:
VV. AA., San Saturnino de Artajona, Pamplona, Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra, 2009, pp. 186- 215 y 330-397. Stoichita, V. I., Cómo saborear un cuadro, 2009, pp. 33-54 y 157-174. Woods-Marsden, J., “El autorretrato del Renacimiento”, El retrato del Renacimiento, Madrid, Ediciones El Viso, 2008, pp. 91-107. Gállego, J., El pintor de artesano a artista, Granada, Diputación Provincial, 1976 (referido al posterior momento del Barroco).