14 de septiembre

Ciclo de conferencias

EL PATRIMONIO CULTURAL EN EL VALLE DE RONCAL

El patrimonio material e inmaterial en el paisaje cultural roncalés

Pablo Orduna Portús
Universidad Internacional de La Rioja

 

Hoy en día, en el contexto de la Unión Europea, las poblaciones europeas, más o menos aisladas, necesitan reafirmarse en un contexto comunitario y, más si cabe, globalizado. Para ello, establecen vínculos con su pasado y sus elementos patrimoniales que les permiten mostrarse singularizadas a nivel individual y referencial. Desde el punto de vista sociológico, se ha convertido en algo esencial redefinir la ecuación del ‘yo’ frente al ‘otro’. En este empeño se analiza, o por lo menos se intenta descifrar, el significado del hecho cultural propio, tangible o intangible.

En el Valle de Roncal se puede apreciar cómo en ese singular paisaje el patrimonio material y el inmaterial convergen en algo social y culturalmente único y activo. Se pueden determinar en la comarca multitud de monumentos megalíticos de antepasados comunes, ermitas o incluso árboles de gran antigüedad… Todos ellos destacan en el paisaje al ser convertidos en ‘mojones’ de una realidad viva y activa. Esto se hace más interesante si se tiene en cuenta la condición de comarca periférica y fronteriza que tiene la región en el marco continental.

Gurevich (cit. Bottino, 2009, pp. 5 y ss.) asevera que la configuración del mundo en la actualidad es el resultado de la unión de diferentes fragmentos. De esta manera, su totalidad confecciona un mosaico que no es una simple suma de teselas o partes, sino el reflejo de una dinámica latente. Es una evolución en constante articulación y descomposición que reordena su estructura adecuándose a cada momento histórico y cultural. En este nuevo entorno sociocultural se hace necesario remarcar qué visión se tiene de los bienes patrimoniales y cuáles han sido o son sus malinterpretaciones en las poblaciones. De forma paralela hay que establecer nuevas estrategias de difusión de estos que los vinculen a la construcción de la identidad colectiva y del desarrollo social. Sin embargo, para ello se hace necesario definir de nuevo el propio concepto de patrimonio y el paradigma de su trasmisión intergeneracional. Así pues, el bagaje patrimonial en su conjunto se constituye en un Paisaje Cultural solo percibido en su integridad polisémica a través una mirada holística.


Tributo de las Tres Vacas

Tributo de las Tres Vacas. Fuente: Fondo de fotografías Casa Txurrust (Uztárroz).


En el Valle de Roncal se aloja un colaje patrimonial compuesto por multitud de pequeños retales que acaban componiendo un todo mediante una urdimbre transversal. Da la sensación de que en cada elemento que lo constituye hay ‘un algo’ que permanece, que se transmite de forma intergeneracional. No es un hecho estático sino una ‘realidad viva’ en continua evolución. Es verdad que se presenta como algo perenne en el espacio y el tiempo, pero que a su vez se va transformando a la par en la memoria individual y colectiva. Asimila cambios y modificaciones sin perder su sentido último: ser un elemento vivo en una comunidad de pertenencia.

Está claro que el concepto de patrimonio se halla articulado tanto por acuerdos internacionales (Convenciones de la ONU y el artículo 167 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, UICN, etc.), como por los marcos legislativos nacionales y autonómicos en el caso español. Ya la Ley Foral del Patrimonio Cultural de Navarra (2005), establece que en el caso navarro dicho patrimonio “está integrado por todos aquellos bienes inmuebles y muebles de valor”. De igual manera, se conciben como tales no solo los tangibles, sino también “los bienes inmateriales relativos a la cultura de Navarra [...] integrantes de la cultura popular y tradicional navarra y sus respectivas peculiaridades lingüísticas”. En el contexto roncalés se puede hablar de realidades patrimoniales tan dispares como las estelas funerarias, los escudos de armas, los monumentos megalíticos o de rituales como el Tributo de las Tres Vacas. Así, en su globalidad se efectúa una escala de protección integrada por BIC (Bienes de Interés Cultural), BI (Bienes Inventariados) o de BRL (Bienes de Relevancia Local. Dentro del POT 1 – Pirineo (Plan de Ordenación Territorial) del Gobierno de Navarra incluso se propone la consideración de nuevos elementos como patrimonios susceptibles de ser incoados en ciertas categorías de protección: los núcleos urbanos del valle, el crucero de Urzainqui, la ermita de Idoia en Isaba o la propia Cañada Real de los Roncaleses.


Los grandes rangos del Patrimonio

Fuente: elaboración propia.


De forma paralela, en consonancia a las señaladas medidas administrativas centrales, las propias autoridades locales han propiciado intentos de incoación de nuevos elementos culturales con objeto de ser intitulados como BIC: el Camino de la Lana de Uztárroz, Camino Real del Valle, Ruta de las Golondrinas... En caso de no haberse logrado aquello, se han efectuado medidas locales para su conservación y restauración con una posterior difusión... Un ejemplo de tales acciones puede ser la rehabilitación en auzolán del antiguo horno de la tejería de Isaba.

En este valle pirenaico el paraje natural se convierte en un magnífico escenario para las manifestaciones patrimoniales. Es un lugar de interés etnológico, histórico y artístico que alberga un conjunto de elementos muebles o inmuebles aglutinador de todo tipo construcciones o instalaciones vinculadas a formas de vida, cultura y actividades tradicionales del pueblo. Ahora bien, dentro del hecho patrimonial, todos sus representantes aportan un valor significativo; es decir, reúnen caracteres que tienen interés reconocido o relevancia para la cultura de sus gentes. Esto les permite ser interpretados por los habitantes del lugar de acuerdo con criterios que los constituyen como testimonios de una época o una etapa concreta de su civilización. Es ahí donde aparecen multitud de los ya señalados ejemplos trasversales: la indumentaria tradicional y su relación con los oficios o estatus sociales; las manifestaciones escultóricas o pictóricas –artísticas o artesanales– y su vinculación con la religiosidad o las creencias mitológicas del entorno, multitud muestras de saber tradicional que hablan de una forma de vida arraigada a un nicho ecológico concreto, costumbres, rituales y tradiciones que expresan una relación con el pasado interpretado desde el presente…


Baile del TTunttun

Baile del TTunttun. Fuente: Elaboración propia.


Se puede decir que el patrimonio material es el más fácilmente percibido como elemento visible del patrimonio cultural del valle del Ezka. Es una expresión tangible a través de ‘grandes realizaciones’ materiales, siendo así testimonio de la existencia de una cultura y de su visión del mundo. Representa un testigo de sus formas de vida y de su manera de ser manteniéndose como legado intergeneracional. Hay que valorarlo en la medida de su propia riqueza material, pero también desde el ejercicio que realiza un sujeto de esa comunidad –o la colectividad completa– al interpretar su importancia. Son valores entendidos como atributos otorgados ya sea a nivel estético o en el grado de su simbolismo. Esto les otorga un componente activo como hitos individuales representantes de valores expresados por una sociedad. A su vez, poseen una razón colectiva como conjunto patrimonial de un valle, que se manifiesta de manera activa como expresiones identitarias de una cultura. En este valle pirenaico, la identidad y memoria colectiva han sido una parte consustancial de su propia concepción diferencial. Esto se observa en ese otro gran bloque del patrimonio cultural que es el inmaterial. Una serie de hechos no palpables –y a veces invisibles– pero sí reales y vividos. Todos ellos residen en el espíritu de la cultura roncalesa y muchas veces han concentrado su saber tradicional o sus conocimientos técnicos. Tal elenco de realidades se ha trasmitido por la literatura oral y por observación participante que aglutinaba diferentes generaciones en un singular ‘modo de vida’. Se hace referencia así a ritos sociales como el Tributo de las Tres Vacas, construcciones idiomáticas como el dialecto roncalés del vasco, el conocimiento etnofitonímino de la flora local o los viejos oficios de almadiero, pastor trashumante o artesanos varios.


Día de las almadías (Burgui)

Día de las almadías (Burgui). Fuente: Pablo Álvarez Vidaurre.


En definitiva, se puede hablar de un ‘tesoro humano vivo’ que otorga significado, utilidad y trasmisión a todo el patrimonio. En el valle se puede apreciar cómo sus gentes lo mantienen activo recreándolo y reinterpretándolo libremente en función de su interacción con la naturaleza, sus pueblos vecinos y su historia. Solo su salvaguardia será garantía de sostenibilidad de la diversidad cultural tanto de esta comunidad navarra como de otras muchas pirenaicas. Es un patrimonio vivo, porque, aún hoy en día, conserva su lugar habitual en el espacio dentro del cual cumple ciertas funciones para las cuales ha sido creado o modificado en el trascurrir histórico y antropológico. Si ya no tuviese su sentido o su razón de ser para la población local, se habría convertido en una, no menos valiosa por ello, pieza de museo o de caso de estudio académico. Territorio, memoria y comunidad hacen de él motor de desarrollo local y contingente activo en la definición de culturas como la roncalesa. Se puede señalar que actúa desde una proyección sociocultural en las iniciativas locales que lo hace sostenible frente al desafío de garantizar su expresión cultural como algo específico no aculturizado o globalizado. Existe una voluntad real no solo conservarlo, sino de recuperarlo, también con una capacidad de resiliencia comunitaria para superar las pérdidas en el pasado, observar su papel actual y su función a futuro como elemento de construcción y desarrollo local.


Fuentes citadas

Bottino, M.ª R. (2009). Sobre límites y fronteras. Rivera – Santa Ana do Livramento. Estudios históricos – CDHRP-, 1, 1-18. Retrieved May 18, 2015, from http://www.estudioshistoricos.org/edicion_1/maria-bottino.pdf.