16 de octubre

Ciclo de conferencias

PATRIMONIO HIDRÁULICO EN NAVARRA

El legado de la ingeniería romana. El sueño del agua

Carmen Jusué Simonena
UNED Pamplona

 

Resulta de interés comenzar con una cita histórica de Vitruvio, de Los diez libros de Arquitectura: “El agua es imprescindible para la vida, para satisfacer las necesidades placenteras y para el uso de cada día”, que nos da pista de lo importante que fue para los romanos el tema del agua.

Realmente, desde el principio de la existencia del hombre el agua ha sido uno de los ejes fundamentales en los que se ha basado el desarrollo de cualquier asentamiento, ciudad o cultura. Así, existen restos de obras hidráulicas en las culturas egipcia, mesopotámica, griega o china, pero sin duda ninguna llegó a igualar la destreza con la que los romanos consiguieron captar el agua, tratarla, distribuirla y eliminarla una vez usada.

¿En qué piensa cuando oye la expresión acueducto romano?, ¿en una hilera de arcos que se pierden en el horizonte? En realidad, los acueductos eran principalmente subterráneos. Solo un 20 % del recorrido era sobre arcos. Así se ahorraba dinero, se protegía al acueducto de la erosión y se reducía al mínimo el impacto sobre los campos y las zonas pobladas. Por ejemplo, el Aqua Marcia, que se terminó en el año 140 antes de nuestra era, medía unos 92 kilómetros (57 millas) de largo, pero solo tenía 11 kilómetros (7 millas) de arcos.

Los romanos construyeron numerosos acueductos para proporcionar agua a las ciudades y lugares industriales en su imperio. Estos acueductos estaban entre los mayores logros de ingeniería del mundo antiguo y establecieron un estándar no igualado durante más de mil años tras la caída de Roma. La misma ciudad de Roma, por ser la ciudad más grande, tenía la mayor concentración de acueductos, con agua proporcionada por once acueductos construidos a lo largo de un período de quinientos años.

Proporcionaban agua potable, numerosos baños y fuentes en la ciudad. Los métodos para la construcción fueron bien descritos por Vitruvio en su obra De Architectura, escrita en el siglo I a. C. Su libro fue de gran ayuda para el administrador del suministro de agua de Roma, Sexto Julio Frontino (35-c. 103), general nombrado, a finales del siglo I, para administrar los muchos acueductos de Roma, y en su obra De aquae ductu Urbis Romae (que recoge los nueve acueductos existentes por aquel entonces) de finales del siglo I, donde explica sus teorías para mejorar y regular el sistema.

Frontino dijo lo siguiente sobre esas construcciones: “Los beneficios tan numerosos y tan necesarios de tantos acueductos no se pueden comparar con las pirámides que no sirven obviamente para nada o también las obras de los griegos, inútiles, pero celebradas por todas partes”.

Son diversos los yacimientos navarros y cercanos que cuentan con una serie de elementos de gran interés relacionados con el agua: acueductos, presas, depósitos de agua, aljibes, conducciones acuíferas, termas…

Acueducto Alcanadre - Lodosa. También conocido como “Puente de los Moros”, cuenta con la declaración de Monumento Histórico-Artístico. Su principal característica diferenciadora es la robustez de los pilares, que en estas construcciones romanas suelen ser estilizados, pero que en este caso se hace necesaria para soportar la fuerte corriente y las avenidas del río Ebro. También muestra una anchura fuera de lo habitual, que nos hace pensar que fue utilizado como puente para atravesar el Ebro y sus arcos (actualmente quedan 13 de los 108 que tenía), con 4,80 metros de luz.

Es una construcción de época romana situada en los términos de Alcanadre y Lodosa, en el límite de las provincias de Logroño y Navarra. Fue realizado sobre el río Ebro con el fin de aprovisionar de agua a la ciudad romana de Calahorra (Calagurris). Su fecha de construcción se sitúa en el siglo II, en época de los emperadores Trajano y Adriano, en la que fueron frecuentes las obras públicas. El agua procedía de unos manantiales cercanos a la zona de Estella, concretamente de los ríos Odrón y Linares.


Acueducto de Alcanadre – Lodosa.

Acueducto de Alcanadre – Lodosa.


Andelo, Andión, Mendigorría. Los visitantes, al aproximarse a los dominios de la ciudad romana de Andelo, comprueban cómo la calma ha reemplazado el ambiente bullicioso de las calles que presidía la vida de sus habitantes en los primeros años de nuestra era.

La mejora de la calidad de vida de las ciudades fue uno de los grandes objetivos de la ingeniería romana, y el perfeccionamiento de los sistemas de abastecimiento de agua, una de sus principales aportaciones. En Andelo, a pesar de su proximidad al cauce del río Arga, aprovecharon para el suministro de agua los recursos que ofrecía uno de los arroyos cercanos. Resulta excepcional el hallazgo de las distintas infraestructuras que formaban parte del sistema hidráulico, y que comprenden desde la captación hasta el centro de distribución en la ciudad. Una presa, un canal que conducía el agua hasta un depósito cercano a la ciudad, un acueducto, un castellum aquae del que salían canalizaciones por toda la ciudad y unas termas, son los exponentes de este sistema hidráulico de Andelo.


Depósito de agua de la ciudad romana de Andelo.

Depósito de agua de la ciudad romana de Andelo.

Detalle del depósito de agua de la ciudad romana de Andelo.

Detalle del depósito de agua de la ciudad romana de Andelo.


Villa de Arellano. La villa de Arellano domina un pequeño valle, limitado al sur y al oeste por la sierra de Cortabaco y al norte por las estribaciones de Montejurra. El paisaje, pese a las lógicas transformaciones, conserva la esencia y el aspecto que debieron de tener estos terrenos en época romana; un colorista mosaico donde los pequeños cerros poblados de encinas, robles y pinos se entrelazan con campos de labor entregados a los ancestrales cultivos de la tríada mediterránea: el cereal, la vid y el olivo.

Bajo el suelo del vestíbulo del oecus o salón principal, se localizó el depósito de la villa primitiva que se alimentaba principalmente con agua de lluvia. Con unas dimensiones de 7x8 metros y 3 metros de profundidad, su capacidad era de unos 150 m³. Para su construcción se excavó previamente la roca, que fue reforzada con muros de mampostería de piedra revestidos de una gruesa capa de argamasa hidráulica para su impermeabilización, formada por una mezcla de agua, cal, arena y polvo de tejas. La cisterna estaba cubierta por una doble bóveda apoyada al exterior en los muros laterales y al interior en pilares. El hallazgo de esta cisterna en la villa de Arellano tiene un carácter excepcional, habida cuenta que el abastecimiento de agua en las villas solía realizarse mediante la excavación de pozos, siendo las cisternas más propias de zonas mediterráneas.


Cisterna de la villa romana de Arellano.

Cisterna de la villa romana de Arellano.


Zona arqueológica San Julián, de Beire (Navarra). Asentamiento arqueológico emplazado al sur de la localidad de Beire, en un pequeño montículo de unos 4 metros de altura y cerca de 60 metros de superficie, descubierto en los años ochenta del siglo pasado en el contexto de un proyecto de prospección superficial de la zona.

Por Resolución 350/2012, de 30 de octubre, se declaró como Bien de Interés Cultural la Zona Arqueológica denominada San Julián de Beire (Navarra), contando con dictamen favorable de la Comisión de Patrimonio Histórico del Consejo Navarro de Cultura. El asentamiento en esta zona se inició en el siglo I d. C. en el entorno de la calzada romana que unía Cara y Pompelo. En el lugar se descubrieron las termas de la uilla, con dos piscinas y habitaciones con sistema de hipocausto (circulación subterránea del calor) y mosaico. Este descubrimiento motivó la reserva de terrenos para conservar el yacimiento.


Termas de la villa romana de San Julián de Beire.

Termas de la villa romana de San Julián de Beire.


Los Bañales de Uncastillo. Como yacimiento arqueológico, Los Bañales esconde los restos de una ciudad romana cuyo nombre no puede certificarse aún con seguridad. De la citada ciudad, durante muchos años lo único estudiado con detalle fue su sistema hidráulico, dotado de unas monumentales termas –construidas a finales del siglo I d. C.– y de un acueducto que transportaba el agua a la ciudad desde un posible embalse próximo. Fueron precisamente las termas las que debieron de dar nombre al lugar y a la antigua advocación de Nuestra Señora de Los Bañales, cuya Ermita preside el área arqueológica.

En los últimos años, desde 2008, gracias al empuje de la Fundación Uncastillo y de la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Aragón, se ha retomado la investigación en el lugar y se han puesto al descubierto espacios del urbanismo de la ciudad entre los que destaca el sistema de abastecimiento de agua, con una presa, un acueducto, diversos canales y termas.


Acueducto de la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo.

Acueducto de la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo.