13 de septiembre

Ciclo de conferencias

"DE LAS MUSAS A ARÍNZANO. BODEGAS EN TIERRA ESTELLA"

Evocaciones al vino en las artes figurativas navarras

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

Con título de “Uvas y parras en el arte navarro”, impartimos una conferencia cuyo contenido se puede consultar en la página web de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro.

En la misma nos hicimos eco de las representaciones de las hojas de parras y los racimos de uvas en numerosos ejemplos de las artes figurativas de Navarra, desde la época romana a la contemporánea. La importancia que tuvo el cultivo de la vid en la economía tradicional navarra se tradujo en cantidad y calidad de las representaciones artísticas.

Un pequeño, pero no despreciable, testimonio de aquella realidad nos lo proporcionan algunos bienes culturales de diferentes periodos. Todo lo relacionado con el vino, también las artesanías y las artes visuales, tuvieron un desarrollo destacado, puesto que las manifestaciones artísticas no son sino un reflejo del contexto histórico en el que se desarrollan, a la vez que un medio de comunicación entre los hombres.

Ampliando aquel panorama señalado en la citada conferencia sobre uvas y parras, en esta ocasión quisimos reflexionar acerca de otras presencias de todo aquello relacionado con el vino en pasajes evocadores del mismo, fundamentalmente en base a algunos pasajes bíblicos.

Si en el periodo medieval el criterio decorativo y relacionado con la recogida de las uvas, así como las faenas agrícolas conectadas con las mismas en los mensarios fueron lo más destacado y primordial, no hemos de olvidar otras imágenes tocantes al vino. Así, hemos de recordar algunas dovelas de la puerta del Juicio de la catedral de Tudela, obra sobresaliente del patrimonio navarro de la época de Sancho el Fuerte (c. 1230), junto a ejemplos de la mala praxis de algunos oficios; también la gula, la soberbia o la avaricia tienen su parte. Concretamente los efectos perniciosos del vino se figuran en una caldera en la que se abrasan dos personas forzadas a beber el líquido vertido por un par de demonios. En otra dovela otros dos demonios obligan a beber el licor que parte de unas vasijas, en justo castigo por el consumo excesivo de bebida y advertencia a soldados y otras personas en general de los efectos perniciosos de la bebida inmoderada.

En la línea del pecado por el abuso del vino encontramos también el relieve del hijo pródigo en el retablo de la Magdalena, realizado por Miguel López de Ganuza y encomendado, tras su muerte, a Domingo de Lusa, a partir de 1632. Junto a otros relieves de la parábola del hijo pródigo, se esculpió la única plasmación artística que conocemos en Navarra de la parte de la vida disipada del joven del texto evangélico.


Arróniz. Escena del hijo pródigo. Miguel López de Ganuza y Domingo de Lusa, 1632

Arróniz. Escena del hijo pródigo. Miguel López de Ganuza y Domingo de Lusa, 1632.

 

En sintonía con las composiciones grabadas, encontramos banquete, vino, frutas, festín, baile y música. De izquierda a derecha se suceden tres grupos en el interior de una estancia construida con sillares y con varios vanos que dejan paisajes pintados. El primero con dos mujeres: la primera con la bolsa de los dineros, la misma que aparece en la escena de su partida del mismo retablo, mientras que la otra mujer sostiene una gran copa invitando al joven a beber. El segundo presenta al joven en cuclillas junto a una mujer que le abraza y le muestra un libro, seguramente con literatura considerada perniciosa: a los dos se agrega un joven músico tañendo una vihuela de arco. El tercero y último presenta a dos danzantes junto a una mesa con ricos alimentos. Interesa destacar, sobre todo, el mensaje del joven cautivo de los placeres del mundo, la bebida, las mujeres, la música y la danza.

Sin embargo, no todo iba encaminado a esas consecuencias funestas del vino, ya que se glosó en escenas más festivas y con otros significados, como ocurre con los capiteles románicos que representan las Bodas de Caná, en el claustro de la catedral de Tudela y la iglesia de la Magdalena de la misma ciudad o la portada de San Miguel de Estella. Los sagrarios y expositores renacentistas y del primer Barroco muestran esa misma escena (Aibar, Tafalla) y no falta en otras obras como las andas de plata del Corpus de la catedral de Pamplona o la sillería de Ujué, esta última, obra de Manuel Martín de Ontañón (1774). En la mayor parte de esos casos la presencia del pasaje evangélico se debe interpretar como prefiguración de la Eucaristía por su ubicación en sagrarios o piezas relacionadas con el Santísimo Sacramento. A la misma razón obedecen algunos relieves de Melquisedec presentando el pan y el vino.

De la popularidad de todo lo referente al vino nos dan cuenta algunas presencias significativas de las uvas y las parras que vamos conociendo, como un escudo heráldico de la localidad baztanesa de Lecároz o alguna carta de profesión de las Benedictinas de Estella de la primera mitad del siglo XVIII.

Santa Ubaldesca, tan ligada a la orden de Malta, aparece en los lienzos de Corella, Tafalla y Cintruénigo con grandes racimos de uvas o parras y, por supuesto, los vasos sagrados de muchas parroquias y conventos, así como los ostensorios se decoran con las simbólicas uvas por evidentes motivos de uso y función en todo lo relativo a la Eucaristía.

Una última aportación al tema hicimos al comentar la presencia en Arróniz de una ermita bajo la advocación de la Virgen de las Viñas, cuya titular se conservaba en la parroquia a mediados del pasado siglo sobre una vistosísima peana con la doble águila y el símbolo de la esclavitud mariana (S con un clavo), cuya fotografía publicó el padre Jacinto Clavería en su conocida monografía.

Por lo demás, nos remitimos a la anterior colaboración sobre la presencia de uvas y parras en las artes de Navarra, a la que hemos hecho referencia al principio de este resumen.


Congresión VIII del Padre Moret. 1766.

Congresión VIII del Padre Moret. 1766.