17 de mayo de 2017

Ciclo de conferencias
 

OCHO SIGLOS DE PRESENCIA DE LA ORDEN DE PREDICADORES EN NAVARRA: DEL GÓTICO AL BARROCO
 

Los conventos de Predicadores de Tudela y Pamplona

Mª Josefa Tarifa Castilla
Universidad de Zaragoza

A lo largo del siglo XVI la Orden de Predicadores acometió la construcción de dos nuevos conventos en Navarra, el primero de ellos en Pamplona, en sustitución de otro edificio anterior de época medieval, y el segundo en Tudela bajo la titularidad de Nuestra Señora del Rosario.

El primer convento que los dominicos erigieron en Pamplona, localidad en la que residían para 1242, fecha en la que celebraron un Capítulo Provincial, se emplazaba sobre los terrenos de una pequeña ermita en honor a Santiago que recibieron en donación a su llegada a la ciudad, situada en los terrenos que hoy en día ocupa el Palacio de la Diputación, razón por la que fundaron este complejo medieval bajo la advocación de Santiago apóstol, como muestra de agradecimiento. Los religiosos permanecieron en este lugar hasta que en 1514, tras la conquista de Navarra por las tropas castellanas, ante la necesidad de mejorar las defensas militares de la ciudad, los religiosos fueron expropiados con objeto de construir sobre el solar del convento, una de las zonas más vulnerables de la ciudad, un castillo que hiciese frente al poder de la nueva artillería, fortificación en la que se estaba trabajando desde 1513 de acuerdo al diseño del veedor general de obras reales Pedro de Malpaso.

En compensación, los frailes recibieron la cesión de un terreno donde edificar otro complejo conventual, situado en un extremo de la ciudad, en los límites de la Navarrería, junto a las murallas, detrás de la Casa Consistorial, en el espacio denominado el barranco, además de hacerles entrega para su construcción de 100 ducados anuales y 100 fanegas de trigo, asignación real que Carlos I duplicó en 1519. Las obras dieron comienzo en septiembre de 1515 bajo la dirección del maestro cantero Pedro de Echaburu, natural de Vergara (†1524), quien tomó la obra a destajo, empleando piedra y mampostería. Una construcción que planteó serios problemas en la cimentación, por el desnivel del terreno y el agua existente en el subsuelo, que no estuvo terminada hasta 1535. Cuando los fundamentos fueron supervisados en 1540 con objeto de continuar la fábrica de la iglesia, “allaron ser falsos”, teniendo que rehacerlos de nuevo, por lo que los dominicos solicitaron que los gastos ocasionados en dicha reparación corriesen a cargo del heredero de Echaruru, su hijo homónimo y también cantero avecindado en Pamplona, Pedro de Echaburu II. Un templo que no estuvo concluido hasta al menos fines de la década de 1550 o comienzos de la siguiente, de acuerdo a una planta de iglesia de cruz latina con capillas entre contrafuertes comunicadas entre sí, volteado con bóvedas de crucería estrellada, una tipología planimétrica que igualmente fue aplicada a otros templos que los predicadores construyeron en el resto del territorio peninsular de acuerdo a las trazas proporcionadas por el lego fray Martín de Santiago, como se aprecia en los conventos de San Esteban de Salamanca o San Telmo de San Sebastián.


Iglesia de Santiago del antiguo convento de Dominicos de Pamplona

 

La iglesia quedó presidida por un retablo mayor realizado entre 1570-1573 por los artistas franceses Pierres Picart y fray Juan de Beauves y financiado en gran parte por Beatriz de Beaumont, que ostentaba en aquellos años el patronato de la capilla mayor. El mal estado de conservación en el que se encontraba el mueble a mediados del siglo XVIII motivó la reutilización de parte de la mazonería y piezas escultóricas existentes que fueron dispuestas en un nuevo retablo barroco en 1783, que doraron y policromaron José Beges, vecino de Logroño, y Juan José del Rey, miembro de una familia de doradores navarros afincados en Tafalla.

A lo largo de la segunda mitad del Quinientos, una vez concluida la iglesia, se fueron completando las distintas dependencias del complejo conventual, erigiéndose el claustro entre 1688 y 1703 con la participación de los maestros canteros Miguel de Yoldi, Jorge de Ibero  y principalmente Francisco Ungareta, gracias en gran parte a la financiación de Juan Ventura Arizcun y Beaumont, barón de Beorlegui. La fachada en piedra desde la que se accede al interior del templo se levantó en la segunda mitad del siglo XVIII, presidida por las esculturas de Santo Tomás de Aquino, San Vicente Ferrer y el titular Santiago apóstol. Con la exclaustración de los frailes en 1836, el convento fue destinado a cuartel de infantería y posteriormente funcionó como hospital militar, siendo en la actualidad, tras el acondicionamiento del edificio, la sede de la Consejería de Educación del Gobierno de Navarra, si bien la iglesia ha conservado hasta la actualidad su uso cultural.


Claustro del antiguo convento de Dominicos de Pamplona

 

Por lo que respecta al convento de Nuestra Señora del Rosario de Tudela fue fundado en 1517, cuando los dominicos Fray Antonio de Maya y fray Lope de Gueto, se trasladaron desde el convento pamplonés a la localidad tudelana con el propósito de solicitar terrenos donde poder fundar una nueva casa. El regimiento tudelano accedió a su petición, cediéndoles el 18 de enero de dicho año el lugar necesario para la construcción del complejo conventual, en la plazuela llamada “la Hera de adentro”, perteneciente a la antigua Morería, terrenos que estaban bajo la jurisdicción de la parroquia de San Juan. Una fundación que contó desde un primer momento con la ayuda de un importante benefactor, el noble tudelano Pedro Mur, quien además de entregarles importantes sumas de dinero, les cedió una vivienda y huerta junto al sitio señalado para el convento, en la que se alojaron inicialmente. Las obras comenzaron en mayo de 1518 por el espacio de la iglesia, quedando concluida su cimentación para 1525, levantándose a continuación las paredes con ladrillo. Paralelamente, los dominicos ajustaron en junio 1527 la obra del claustro con Juan de Baquero y su hijo, vecinos de Paracuellos de la Ribera (Calatayud), y en 1566 contrataron con el obrero de villa tudelano Diego Romeo la cubrición de los tres tramos de la nave, que volteó con elaboradas bóvedas de crucería estrellada.


Iglesia del antiguo convento de Nuestra Señora del Rosario de Tudela

 

Un templo de planta de cruz latina, de una sola nave con capillas entre contrafuertes cubiertas a menor altura, que en el propio siglo XVI alcanzó gran prestancia, ya que muchas de estas capillas fueron cedidas en patronato con un uso funerario a algunas de las familias de Tudela de mayor rango social, como los Pasquier o los Veraiz, quienes a su vez las dotaron con un rico exorno artístico, como el retablo de Nuestra Señora del Rosario (1570-73) ejecutado por el pintor Jerónimo Vicente Vallejo Cosida para la capilla del doctor Munárriz. Desgraciadamente, la desamortización operada en el siglo XIX acabó con todas estas piezas. Un complejo conventual que tras la exclaustración de 1836 tuvo diversos usos, alguno tan benéfico como albergar la Real Casa de Misericordia, y en otras ocasiones, servir como cuartel de caballería, hasta que a finales del siglo XIX fue reemplazado por el nuevo colegio que erigieron los jesuitas, quedando únicamente en pie la iglesia, que también fue intervenida, proporcionándole un aire clasicista en su interior, mientras que el exterior de la cabecera fue recubierto con una decoración en ladrillo de herencia neomudéjar.