19 de septiembre

Ciclo de conferencias

ESTELLA ES ARTE-LIZARRA ARTEA DA

San Miguel de Estella: otras miradas

D. Román Felones Morrás
Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra

 

El 19 de septiembre, dentro del ciclo “Estella es Arte/Lizarra Artea da” se desarrolló la cuarta y última conferencia del ciclo celebrado en el Museo Gustavo de Maeztu de la ciudad del Ega. Frente a la nitidez del título de las tres sesiones anteriores, el autor destacó lo enigmático del enunciado “otras miradas”. Tras subrayar que todo edificio, y más si es un templo, es la suma de iniciativas de muchas generaciones con puntos de vista no coincidentes y logros dispares, planteó la posibilidad de reflexionar sobre cuatro miradas distintas y complementarias entre sí: la artística, la pedagógica, la conservacionista y la devocional para abordar algunas conclusiones finales.

Sin duda ninguna, la mirada artística es la más sobresaliente y conocida. Precisamente por eso, tras enumerar los principales autores y obras de referencia, se limitó a glosar brevemente la aportación esencial de la iglesia a la Historia del Arte: su portada norte, en especial el relieve de la Resurrección, con la escena de las Marías ante el sepulcro. Escena en la que el románico final alcanza una de sus cumbres anunciando ya la inminente llegada del Gótico.
 

Portada norte: Las mujeres ante el sepulcro
 

Hay edificios que se prestan a una visión cronológica de la historia del arte representado en un solo espacio por una serie de piezas, sean éstas de arquitectura, escultura o pintura. Ese es el caso de San Miguel de Estella, con una secuencia que abarca sin solución de continuidad los cuatro grandes estilos navarros: Románico, Gótico, Renacimiento y Barroco. La experiencia acumulada con los alumnos de bachillerato del IES Tierra Estella durante los años de docencia ha permitido al autor experimentar bien esta mirada con resultados satisfactorios. La sucesión arquitectónica representada en ábsides y bóvedas; el elenco de piezas escultóricas que nos lleva del Románico al Barroco, y algunas piezas pictóricas en menor medida, nos permiten subrayar algunas de las características básicas de dichos periodos. Una mirada en la que San Miguel se comporta como un pequeño y rico manual que nos aporta los datos básicos.

El templo estellés llegó a finales del siglo XX en condiciones precarias. Pero a lo largo de tres etapas distintas, más de seis años de obras y una inversión de más de 254 millones de pesetas, fundamentalmente con fondos públicos procedentes del Gobierno de Navarra, hoy luce en todo su esplendor. Pero este proceso de conservación del templo nos permite, y eso intentó el profesor Felones, apreciar distintas formas de enfrentarse al patrimonio heredado. La intervención del pórtico, en la que la estructura cerrada de ladrillo y yeso fue sustituida por una cubierta acristalada, tuvo y sigue teniendo partidarios y detractores. Sin duda ha ganado en luz, pero parece que esta misma luminosidad puede estar dañando la piedra, dado el cambio producido en un ecosistema que no había cambiado en siglos. Otra intervención que suscitó controversia en su día fue la decisión de mantener el retablo mayor, obra no especialmente sobresaliente del Barroco navarro del siglo XVIII. El ejemplo del ábside de Iratxe y la actuación en la catedral de Santo Domingo de la Calzada, con la retirada del retablo de Damián Forment a una capilla lateral, ilustran una posible alternativa. La pregunta es obvia: ¿tenemos derecho, con nuestros criterios de hoy, a retirar un retablo en el que la feligresía del XVIII puso todo su esmero, aunque con resultado artístico incierto?
 

La cubierta acristalada de la portada norte tiene partidarios y detractores
 

El interior medieval está presidido por un retablo barroco 
que se mantuvo en su lugar tras la restauración del templo
 

La última mirada abordada fue la devocional. La Estella de finales del siglo XI y el XII conoció la llegada de los francos, el nacimiento de los burgos y la llegada de nuevas advocaciones: San Martín y las Vírgenes de Rocamador y del Puy son los ejemplos más sobresalientes. Aunque la advocación de San Miguel estaba bien arraigada en el territorio, la parroquia ha conocido ocho siglos después la llegada de una nueva advocación procedente de tierras americanas. La Orden del Cisne, fundada por caballeros prusianos en el siglo XV y vinculada a los franciscanos, hizo que el obispo López de Solís diera el nombre a una imagen de la Virgen aparecida en Loja, Real Audiencia de Quito, en 1594. Convertida en patrona de Ecuador, su culto se ha extendido por el mundo de la mano de los emigrantes ecuatorianos. Ellos han propiciado su culto en la parroquia de San Miguel, dado que la comunidad ecuatoriana la ha hecho su iglesia de referencia. El párroco acogió, con buen criterio desde el punto de vista devocional y pastoral, la imagen situada sobre un mueble peana que guarda además los distintos mantos que la adornan a lo largo del año. Un curioso caso que rememora la llegada ocho siglos antes de las advocaciones francas.
 

La devoción a la Virgen del Cisne ha sido introducida 
por los emigrantes ecuatorianos
 

Estas cuatro miradas complementarias permitieron una reflexión final: ser conscientes de la riqueza que alberga un templo, espacio de culto al que a veces se une la excelencia artística. Un espacio que es preciso respetar y una excelencia que resulta ineludible proteger para goce de las generaciones venideras.