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Ozono troposférico en Navarra: variabilidad espacial e implicaciones para la salud y la vegetación (2021–2025)

El ozono troposférico es un contaminante peculiar. A diferencia del dióxido de nitrógeno o las partículas, no se emite directamente por los vehículos o las industrias, sino que se forma en la atmósfera mediante reacciones fotoquímicas entre distintos contaminantes precursores en presencia de radiación solar. Sus concentraciones aumentan especialmente durante los meses cálidos, cuando coinciden mayor radiación y temperaturas elevadas, y pueden afectar tanto a la salud humana como a cultivos y ecosistemas.

Para analizar su comportamiento en Navarra se estudiaron los registros horarios de nueve estaciones de la Red de Calidad del Aire entre 2021 y 2025, centrándonos en abril-septiembre. Este periodo concentra las condiciones más favorables para la formación de ozono y, además, coincide con una mayor exposición de la población por la actividad al aire libre y con una elevada actividad fisiológica de la vegetación, que puede incorporar ozono a través de los estomas. Se analizaron la concentración media estacional, la máxima diaria de las medias móviles de ocho horas (MDA8), relevante para salud, y el índice AOT40, utilizado para evaluar la exposición acumulada de la vegetación.

Los resultados no muestran una tendencia ascendente o descendente clara durante estos cinco años: el promedio regional de abril a septiembre se mantuvo aproximadamente entre 61 y 65 µg/m³ según el año. En cambio, aparece un patrón espacial muy marcado y persistente. Funes y Tudela I registraron las concentraciones estacionales más elevadas, con medias de 80,3 y 76,7 µg/m³, respectivamente, mientras que Felisa Munárriz presentó el valor más bajo, 53,5 µg/m³. Esta heterogeneidad territorial se aprecia claramente en la distribución de las estaciones (Figura 1).

 
Figura 1. Distribución espacial de las concentraciones medias de ozono en Navarra durante abril-septiembre de 2021–2025. Los puntos representan las estaciones con medición de O₃ y la escala cromática indica la concentración media del periodo analizado (µg/m³).


La comparación cuantitativa entre estaciones confirma este patrón. El hecho de que algunas estaciones alejadas del tráfico presenten más ozono que las urbanas puede parecer contradictorio, pero es característico de este contaminante. En calles con tráfico intenso existe abundante monóxido de nitrógeno (NO), que reacciona rápidamente con el O₃ y lo consume localmente, proceso conocido como titulación del ozono. A medida que las masas de aire se alejan de esas fuentes, disminuye este consumo y continúan las reacciones fotoquímicas capaces de producir ozono, favoreciendo concentraciones mayores en determinados emplazamientos suburbanos o rurales. También influyen la meteorología, el transporte regional y la disponibilidad de precursores.

Las diferencias espaciales también se reflejan en los indicadores de exposición para la salud (Figura 2). Funes y Tudela I acumularon numerosos días con MDA8 superior a 100 µg/m³, nivel de referencia de la Organización Mundial de la Salud. La normativa europea vigente utiliza 120 µg/m³ y permite hasta 25 superaciones anuales como promedio de tres años. A partir de 2030 ese máximo se reducirá a 18 días, mientras que el objetivo europeo a largo plazo para 2050 se aproximará mucho más a la recomendación de la OMS, basada en 100 µg/m³ y un número muy reducido de días de superación. Esta comparación muestra que el cumplimiento legal actual no equivale necesariamente a ausencia de exposición potencialmente relevante para la salud.

 
Figura 2. Número medio anual de días con concentraciones elevadas de ozono durante abril-septiembre de 2021–2025. Se representan días con MDA8 >100 y >120 µg/m³. Las referencias de 18 y 25 días corresponden específicamente al umbral de 120 µg/m³ de la normativa europea, mientras que la referencia OMS corresponde al umbral de 100 µg/m³.
 

La vegetación reproduce en gran medida este patrón. El AOT40, que cuantifica la exposición acumulada al ozono durante el periodo de mayor actividad vegetal, fue especialmente elevado en Tudela I y Funes (Figura 3). Aunque el promedio se mantuvo por debajo del actual valor objetivo europeo de 18.000 µg/m³·h, ambas estaciones se situaron claramente por encima del objetivo europeo a largo plazo de 6.000 µg/m³·h. En un territorio con una importante superficie agrícola, este resultado subraya que el ozono debe considerarse no solo como un problema de salud pública, sino también como un factor de presión sobre cultivos y ecosistemas.

 
Figura 3. Exposición acumulada al ozono de la vegetación durante 2021–2025, expresada mediante AOT40. Las líneas verticales señalan el objetivo europeo a largo plazo (6.000 µg/m³·h) y el valor objetivo (18.000 µg/m³·h). El promedio se calculó únicamente con los años que cumplieron el criterio mínimo de cobertura; Tudela I y Sangüesa disponen de cuatro años válidos para este indicador y el resto de estaciones de cinco.
 

En conjunto, los datos indican que el rasgo dominante del ozono en Navarra durante 2021–2025 no es una evolución temporal uniforme, sino una distribución territorial persistentemente desigual. La mayor carga observada en determinadas zonas, especialmente de la Ribera, justifica mantener una vigilancia continuada y considerar conjuntamente los criterios sanitarios y ecológicos. El ozono no es solo un indicador de calidad del aire: puede agravar enfermedades respiratorias, aumentar el riesgo de hospitalización y afectar especialmente a niños, personas mayores y población con patologías cardiorrespiratorias. Además, el cambio climático puede intensificar las condiciones meteorológicas que favorecen su formación —temperaturas más elevadas, mayor radiación solar y episodios de estabilidad atmosférica—, por lo que este problema podría adquirir una relevancia aún mayor en las próximas décadas. Reducir la exposición de la población y proteger cultivos y ecosistemas será, por tanto, cada vez más importante ante este escenario y ante el progresivo endurecimiento de los objetivos europeos de calidad del aire.

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Jesús Miguel Santamaría
Director e investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente.

01.10.2026

 

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