Groenlandia es un territorio excepcional, no solo por su imponente paisaje, sino por el papel estratégico que juega en el escenario global. Con más de 2 millones de km² (cuatro veces el tamaño de España), esta isla se enfrenta hoy a una transformación sin precedentes debido al cambio climático.
Actualmente, el 81% de la isla está sepultado bajo una capa de hielo que alcanza los 3.000 metros de espesor en su interior. Sin embargo, el calentamiento global está provocando un deshielo acelerado que genera un ascenso de la corteza por el ajuste isostático. El enorme peso del hielo hunde la corteza terrestre hacia el manto. Al derretirse el hielo, la corteza se libera de esa carga y comienza a elevarse lentamente. Estudios recientes indican que, en Groenlandia, este ascenso de la tierra podría superar la subida del nivel del mar. Esto significa que, mientras en el resto del mundo el mar ascenderá, en las costas groenlandesas el nivel relativo del mar podría incluso retroceder.
La retirada del hielo está dejando al descubierto tierras que han estado ocultas durante milenios. Esto representa una oportunidad única para la ciencia. Parte de la corteza de Groenlandia forma parte del escudo precámbrico, que contiene algunas de las rocas más antiguas del planeta. El estudio de estos afloramientos es fundamental para comprender cómo apareció la vida en la Tierra y cómo evolucionó nuestra corteza continental.
Más allá del interés científico, el interés económico es evidente ya que la excepcional geología de Groenlandia la convierte en una de las mayores reservas mundiales de recursos estratégicos como:
• Tierras Raras (REE): grupo de 17 elementos químicos (los lantánidos, escandio e itrio) crítico para el desarrollo tecnológico actual al ser una parte esencial para la fabricación de móviles, coches eléctricos o turbinas eólicas. Pese a su nombre, no son "tierras" ni son tan "raras", y Groenlandia posee yacimientos minerales abundantes en sus zonas más antiguas.
• Metales preciosos y energía: además de oro y diamantes, también presentes en las rocas de Groenlandia, el deshielo del Océano Ártico facilita el acceso a nuevas plataformas continentales para la perforación de importantes yacimientos de petróleo y gas.
• Rutas marítimas: la progresiva desaparición del hielo marino está abriendo nuevas vías comerciales, imposible hasta ahora. Estas rutas podrían redefinir la logística mundial al recortar las distancias entre Asia y Europa entre una 30% y un 40% (de 10 a 12 días de navegación) en comparación con el tradicional paso por el Canal de Suez, transformando el Ártico en un punto estratégico para el comercio mundial.
Resulta paradójico que la tecnología que busca frenar el cambio climático, con una apuesta clara por las energías renovables, dependa de nuevo de la extracción de minerales finitos y que aparecen en determinados puntos del planeta. El renovado interés por los recursos de Groenlandia plantea una pregunta incómoda: ¿Debemos seguir explotando la naturaleza o aprender a reutilizar lo que ya hemos extraído?
Proyectos como SosIAMet o CirIAMet (con participación de investigadores de Tecnun y el Instituto Bioma) proponen un cambio de paradigma: la minería urbana dentro de economía circular. El objetivo es recuperar materias primas de productos en desuso para romper la dependencia de la extracción minera tradicional y evitar el impacto geopolítico y ambiental que esto conlleva.
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Esther Lasheras Adot
Investigadora del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente y profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra.
26.01.2026