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Libertad pública y religión en una república descentralizada


 

 

PROYECTO FINALIZADO (2016-2021)

No podemos entender el papel específico de la creencia religiosa y de las instituciones religiosas  si no llegamos a comprender las condiciones generales en las cuales una sociedad libre puede llegar a existir. Por eso David Thunder realizó un estudio ambicioso sobre la libertad pública criticando las perspectivas estatistas de la misma, proponiendo una concepción profundamente plural de la sociedad libre. Para ello estudió la interrelación de las múltiples comunidades e instituciones que se dan cita en el espacio abierto de la sociedad civil, incluyendo las comunidades con una inspiración religiosa; particularmente aquellas que no necesitan una especial validación por parte del Estado.

Uno de los distintivos del ideal moderno de democracia es que pone un  gran énfasis en la idea de la libertad de los individuos para (1) formar sus vidas de acuerdo con sus propias ideas y (2) constituir las leyes y las políticas ejerciendo el autogobierno colectivo. El republicanismo tradicional del estilo aristotélico-ciceroniano (por ejemplo de Barber), valora positivamente la libertad pública porque permite el acceso a oportunidades significativas para decidir sobre las leyes y la constitución de la propia comunidad política como un ingrediente intrínseco de la excelencia humana.  El republicanismo neo-romano (por ejemplo de Skinner y Pettit) valora positivamente la libertad pública por su aspecto de no-dominación. Ambas formas de republicanismo, a pesar de sus diferencias, coinciden en ver el auto-gobierno como la quintaesencia de la función política centralizado en instituciones políticas.

Thunder propuso un nuevo tipo de republicanismo que niega esta premisa e intenta reimaginar la vida pública desde la idea de un autogobierno no capitalizado por las instituciones estrictamente políticas, sino un autogobierno que considere el ejercicio de la libertad de todas las instituciones de la sociedad civil y para ello ha de irse a un módelo post-westafliano de ordenamiento social en el que se repiense el papel coordinador de los Estados, delegando la coordinación a una red extendida de centros de gobierno, combinando principios de federalismo geográfico con la noción de jurisdicción funcional, como la que podría reclamar un gremio, una universidad, o una asociación eclesial. Una de las implicaciones de este modelo es que las comunidades religiosas pueden actuar en la esfera pública de acuerdo con su lógica distintiva, sin necesidad de acomodarse en su actuación a la estricta lógica política, siempre que actúen de acuerdo con las leyes civiles y el respecto a los derechos básicos de todos los ciudadanos.

David Thunder realizó esta investigación gracias a una beca Ramón y Cajal, concedida por el Ministerio de Economía Competitividad del Gobierno de España (Ref. RYC-2015-18808).

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Investigador responsable

David Thunder

dthunder@unav.es
 Grupo Religión y sociedad civil ,  

 

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