Mariano Artigas (1938-2006) in memoriam

Autor: Santiago Collado González. Facultad Eclesiástica de Filosofía. scollado@unav.es
Publicado en: Anuario de Historia de la Iglesia, XVII (2008) pp. 418-425
Fecha de publicación2008

Contenido

 

Formación académica, ordenación e inicio de su tarea sacerdotal

Mariano Artigas nació en Zaragoza el 15 de diciembre de 1938. En el curso 1955-56 se trasladó a Barcelona para comenzar los estudios de Ciencias Físicas. Consiguió el grado de licenciado en junio de 1960 y comenzó los estudios de doctorado en Físicas que quedaron interrumpidos temporalmente porque en 1961 se marchó a Roma para completar los estudios eclesiásticos que ya había iniciado en España. En Roma tuvo la oportunidad de conocer al Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer, y a su sucesor, el siervo de Dios don Álvaro del Portillo, que siguió siempre muy de cerca su trayectoria intelectual. Años más tarde Mons. del Portillo escribiría un prólogo para uno de sus libros: "El hombre a la luz de la ciencia", volumen que también contiene un diálogo con el siervo de Dios sobre "Ciencia y conciencia". Su años romanos, la proximidad con estos grandes personajes, haber vivido tan de cerca el desarrollo del Concilio Vaticano II, dejaron en él una clara impronta en su personalidad que se traduciría en un arraigado afán de servicio a la Iglesia. Con el tiempo, su actividad le mereció ser nombrado Consultor del Consejo Pontificio para el Diálogo con los no creyentes (abril de 1992), miembro ordinario de la Pontificia Academia de Santo Tomás (diciembre de 1999) y miembro del Comité Científico del Archivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe (octubre de 2002).

En julio de 1963 defendió su tesis doctoral en la Facultad de Filosofía de la Universidad Lateranense. Su trabajo llevaba por título "El problema de la substancialidad de las partículas elementales: estudio sobre la aplicabilidad de la noción de substancia a la microfísica". La tesis fue dirigida por el profesor Roberto Masi. El título de este trabajo es un buen ejemplo de una de las líneas orientadoras de su producción intelectual: poner de manifiesto la compatibilidad de la filosofía clásica con las nociones de la ciencia moderna y releer los viejos temas de la tradición clásica y tomista con el lenguaje proporcionado por la ciencia contemporánea.

En el año 1964 Mariano Artigas recibió el orden sacerdotal y regresó a Barcelona. Allí fue capellán del Colegio Mayor Monterols durante más de 20 años. En este tiempo tuvo la oportunidad de desarrollar una amplia y profunda labor pastoral, especialmente con universitarios. Muchos de estos universitarios de entonces le recuerdan hoy como un sacerdote cordial, siempre disponible para todos y, al mismo tiempo, con un gran sentido del aprovechamiento del tiempo. Durante este período de su vida consiguió hacer compatible su tarea pastoral con la publicación de decenas de artículos de divulgación científica y con el trabajo necesario para completar su formación académica: obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona en octubre de 1968. El título del trabajo fue: "Relación y estructura en la mecánica newtoniana" y se lo dirigieron los profesores Roberto Saumells y Luis María Garrido. Ese mismo año comenzó a impartir cursos monográficos de Filosofía de la Naturaleza y de Epistemología en la misma Universidad. En las clases, lecturas y estudios de estos años fue madurando los contenidos y planteamientos de libros que redactaría con posterioridad como, por ejemplo, los manuales de Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia. Dejó de dar los cursos de la Universidad de Barcelona en el año 1972 y, desde el año siguiente hasta el año 1978, impartió docencia como profesor de Teología en el Instituto de Estudios Universitarios.

En junio de 1979 obtiene un nuevo doctorado en filosofía por la Universidad de Barcelona. El título de su investigación hace referencia a un tema que ocupará abundante espacio en sus publicaciones posteriores: "La confiabilidad de la ciencia y su impacto filosófico". En esta ocasión le dirigió el catedrático Francisco Canals. En ese mismo año edita un breve estudio crítico que es fruto de su tesis doctoral: "Karl Popper. Búsqueda sin termino"

Su actividad intelectual le llevó en estos años a entrar en contacto con personalidades de la talla de Karl Popper, con quien mantuvo relación epistolar sobre diversas cuestiones filosóficas como, por ejemplo, el realismo en la ciencia; de Evandro Agazzi, desde hace muchos años presidente de la Academia Internacional de Filosofía de la Ciencia; o del premio Nobel de medicina Sir John Eccles.

Agazzi prologó su primer libro escrito en 1984: "Ciencia, razón y fe". Su título expresa la arraigada convicción de Artigas, que comparece de distintas maneras en toda su producción intelectual, de la armonía existente entre la ciencia y la fe y, al mismo tiempo, de la necesidad de la razón, entendida como racionalidad filosófica, para conseguir dicha armonía. Ciencia, razón y fe son en la producción y en el pensamiento de Mariano como tres pilares que se refuerzan y complementan mutuamente. El intento de reducir alguno de ellos a los demás significaría, en el pensamiento de Artigas, la ruina de los tres. Defendió siempre la necesidad de mantener su legítima autonomía así como su mutua y estrecha interdependencia.

Sir John Eccles prologó su segundo libro publicado en ese mismo año, "Las fronteras del evolucionismo", que incluye también un epílogo en forma de entrevista con el mismo Eccles. Llegó a tener con él una sincera amistad. Este libro pronto se tradujo al portugués y al italiano y cuenta en la actualidad con seis ediciones. Su contenido constituye un ejemplo práctico de lo defendido en el primero: se exponen diversas claves para disolver las controversias que, con frecuencia, se plantean entre los defensores de las teorías evolutivas y los que defienden la verdad de lo que nos ha sido revelado por la fe. Se ilustran también las verdades y los avances extraordinarios alcanzados por las ciencias biológicas, señalando a la vez los límites que, como ciencia, posee la biología. Pone en evidencia, de esta manera, el reduccionismo de no pocas afirmaciones que son especialmente frecuentes en libros y artículos de divulgación científica. De estos años son también un breve volumen titulado "Introducción a la Filosofía" y la primera edición de un manual escrito con el profesor Juan José Sanguineti y titulado "Filosofía de la Naturaleza".

Profesor en Pamplona

El sólido prestigio académico que había alcanzado ya entonces fue sin duda una razón de peso para que en 1987 fuera nombrado Profesor Ordinario de Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. Este nombramiento le llevó hasta Pamplona donde pocos meses más tarde fue nombrado Decano de la mima Facultad, que comenzó sus actividades académicas en 1988. Le tocó, por tanto, la no fácil tarea de poner en marcha una Facultad Eclesiástica, con todos los trabajos que lleva consigo como, por ejemplo, la promoción de alumnos. Artigas desempeñó ese cargo durante casi diez años. Después ocupó en dos periodos distintos, entre 1998 y 2001, y desde 2004 hasta su fallecimiento, el cargo de vicedecano de la misma facultad.

En 1987, año en que fue nombrado también profesor agregado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, impartió, para alumnos de licenciatura, la asignatura de "Filosofía de la Ciencia". Además impartió a los alumnos de doctorado de la misma facultad los cursos: "Naturaleza y Tecnología", "Problemas actuales de filosofía de la ciencia" y "Textos de Galileo sobre la verdad científica". En la Facultad de Teología impartió, en los distintos niveles académicos, cursos de "Lógica", "Metafísica", "Filosofía de la naturaleza", "Filosofía de la ciencia" e "Historia y metodología de las ciencias", entre otros. Más tarde también fue profesor visitante de la "Pontificia Università Della Santa Croce", entre los años 2002 y 2005, e impartió en dicha universidad varios cursos de doctorado.

El cargo de decano, con su exigencia de dedicación de tiempo a tareas burocráticas, y sus considerables ocupaciones docentes, no fueron un obstáculo para que continuase con sus trabajos de investigación por los que tenía verdadera pasión. Participó en diversos países de Europa y América en numerosos congresos, presentando comunicaciones orales o ponencias como profesor invitado, que han sido publicadas en gran parte. Estos viajes le sirvieron para conocer y hacer amistad sincera con expertos en las distintas materias en las que estaba trabajando. La facilidad para trabar amistades duraderas durante esos breves tiempos de encuentro académico fue una de sus apreciables virtudes.

Se puede decir que el ritmo en el número de sus publicaciones y en su trabajo de investigación fue creciendo año tras año. En total, y hasta la fecha, se han publicado 19 títulos distintos de monografías. Algunos de los libros más recientes han sido publicados con otros coautores originalmente en lengua inglesa. De un buen número de ellos se han hechos numerosas reediciones y traducciones al inglés, portugués, italiano, alemán, japonés o al coreano. El número de artículos y otros tipos de contribuciones se acerca a los 300.

Los frutos de su constante y concienzudo trabajo fueron especialmente visibles en el último año de su vida. Cuando ya estaba luchando contra su enfermedad pudo ver la publicación de "Negotiating Darwin. The Vatican confronts evolution 1877-1902" (con Thomas Glick and Rafael Martinez como coatores), editado por la Johns Hopkins University Press; "Galileo Observed. Science and the Politics of Belief" (con William Shea), editado por Science History Publications y, muy poco antes de fallecer, en la cama del hospital, recibió el primer ejemplar enviado por la Oxford University Press de "Oracles of Science. Celebrity scientists versus God and Religion" (escrito con Karl Giberson). En este último periodo de su vida terminó otros tres libros (uno de ellos lo escribió íntegramente en esos meses) de los que dos ya se han publicado como libros póstumos: "El origen del hombre. Ciencia, Filosofía y Religión" (escrito con Daniel Turbón) y "Ciencia y Religión. Conceptos fundamentales". El tercero, que estudia los trabajos de la comisión nombrada por Juan Pablo II para estudiar el caso Galileo está también a punto de ser publicado en el momento de escribir estas líneas.

Aportación intelectual

La aportación intelectual que Mariano Artigas ha hecho a la filosofía deberán establecerla los estudios que se realizarán en el futuro. La importancia de su contribución ya se hace patente en las numerosas recensiones y reseñas hechas de sus libros en distintos medios y publicaciones. Aunque, hasta el momento, sólo hay un trabajo monográfico que estudie su pensamiento de una manera más general * (1).

Los campos temáticos que ha estudiado, como se ha ido viendo en este trabajo, se han centrado fundamentalmente en el ámbito de la Epistemología y de la Filosofía de la Naturaleza. Otro de los temas que recorre toda su producción es el de las relaciones entre la ciencia y la religión. En palabras de Mons. Sánchez de Toca, subsecretario del pontificio consejo para la cultura y coautor del libro que queda por publicar: "En cierto sentido, puede considerársele también pionero en España de esa nueva disciplina conocida como Science and Religion " * (2). Esta temática ha sido abordada, en gran parte, a través de estudios históricos de personajes concretos que han influido notablemente en el mundo de la ciencia o de la divulgación científica. Es destacable el trabajo desarrollado para arrojar luz en el Caso Galileo: nos ha dejado una trilogía de la que el último libro sobre la comisión vaticana sobre el Caso Galileo es el que está a punto de ser publicado por la editorial BAC.

En relación con el caso Galileo se debe mencionar también aquí la publicación de un manuscrito inédito descubierto por Artigas mientras rebuscaba en los archivos de la Congregación para la Doctrina de la Fe  * (3).

Mariano Artigas pensaba que el estudio del caso Galileo tenía una importancia especial por concentrar, por vez primera y de manera singular, todos los argumentos que en los últimos siglos han sido empleados en el debate entre la ciencia y la religión, y más en particular, entre ciencia e Iglesia. Con demasiada frecuencia se han interpretando los hechos del "Caso Galileo" de una manera sesgada, parcial e incluso faltando a la verdad de los mismos hechos: en no pocas ocasiones se ha empleado este caso como un arma arrojadiza contra la Iglesia. Esto ha sido un fuerte incentivo para que Artigas, en su afán de servicio a la Iglesia y a la verdad, le consagrara una especial atención consciente de su importancia. Dedicó un gran esfuerzo a lo largo de su vida a aclarar pacientemente qué había sucedido realmente, a deshacer errores comunes y a tratar de ofrecer todos los elementos históricos y epistemológicos necesarios para poder hacer un juicio ecuánime y equilibrado de lo que ocurrió. En sus escritos no se encuentra una historia de buenos y malos sino las vicisitudes de un personaje y de un episodio histórico complejo, como es la aparición de un nuevo tipo de racionalidad, la científica, que cambió el curso de la historia y exigió una importante maduración filosófica. En el tiempo en que vive Galileo dicha reflexión filosófica estaba sólo iniciándose.

Como hemos señalado, la "Teoría de la Evolución" ocupó también un amplio espacio en su producción intelectual desde su inicio: Como ya ha sido mencionado, "Las fronteras del evolucionismo" fue uno de sus primeros libros publicados. El Darwinismo ha sido otro de los ámbitos en los que se han producido frecuentes fricciones entre distintas facciones contendientes. Se ha presentado no pocas veces como un nuevo enfrentamiento entre la Iglesia y la Ciencia. Mariano Artigas ha contribuido a poner de manifiesto cómo la Iglesia, con la experiencia del caso Galileo como telón de fondo, ha tratado siempre las diversas propuestas evolucionistas con exquisita prudencia. "Negotiating Darwing" es un claro ejemplo en el que Mariano Artigas, con sus dos coautores, muestran la actuación prudente de la Iglesia en relación con dicha teorías. Artigas examina el proceder de las autoridades eclesiásticas frente a los escritos de seis católicos evolucionistas de finales del siglo XIX.

En "Oracles of Science" consigue, junto con su coautor Karl Giberson, ofrecer un ejemplo de cómo abordar las relaciones entre ciencia y fe en el estudio de planteamientos que provienen de autores que se sitúan al margen o incluso en contra de la fe. En palabras de Juan Arana: "A mi juicio Oráculos de la ciencia constituye una aportación de primer nivel al campo de las relaciones entre ciencia y religión, y no sólo ni principalmente por la cuidada, completa y ajustada exposición de los seis científicos expuestos, sino porque los autores han conseguido dar con una fórmula para discutir las connotaciones religiosas de la ciencia que constituye todo un modelo a seguir"  * (4)

Pero a mi modo de ver, sus tres títulos más significativos, donde Artigas recoge el núcleo de su contribución a la filosofía, están escritos con anterioridad a los recientemente mencionados. Uno de ellos mereció un premio de la fundación Templeton y recoge lo que podríamos calificar como su síntesis de madurez en relación con los temas que había tratado hasta entonces con más profundidad: epistemología, filosofía de la naturaleza y, en especial, la relación entre ciencia y religión. Lleva por título "La mente del universo". Fue publicado en castellano en 1999 y, muy poco después, en el año 2000, apareció en inglés publicado por la fundación Templeton.

El cardenal Poupard escribe en el prólogo al libro: "La religión podría parecer estar ausente de la ciencia, pero no lo está. Precisamente con este espíritu, Mariano Artigas aborda en este libro el reto de construir una conexión viable, un "puente" entre la ciencia experimental y la religión en general. Se trata de una tarea que no es fácil, especialmente si se ha de respetar meticulosamente el carácter específico de ambos campos y el desfase metodológico que garantiza su autonomía mutua. (…) El análisis de Artigas se encuentra marcado por su sencillez y honestidad, pero ciertamente no es superficial. De hecho, consigue construir un puente filosófico que sirve para fundamentar, sobre una base sólida, un diálogo genuino entre ciencia y religión. Considerando la novedad de su perspectiva, su valor intrínseco, y la fecundidad de las perspectivas que abre para el lector, La mente del universo puede considerarse no sólo una contribución destacada, sino también un avance importante en el área del diálogo contemporáneo entre fe y ciencia"  * (5).

Los dos libros que, junto con el anterior, considero más importantes por contener su contribución más genuina a la epistemología y a la filosofía de la naturaleza, respectivamente, son: "Filosofía de la Ciencia Experimental", cuya primera edición fue publicada en el año 1989 y "La inteligibilidad de la Naturaleza" del año 1992.

En "Filosofía de la Ciencia Experimental" hace un detallado y fino análisis de lo que constituye a la ciencia como tal: su método y sus presupuestos filosóficos. Se nota perfectamente cómo Artigas había paseado por un edificio científico de tanta envergadura como la Física. Es esta ciencia la que tiene especialmente presente cuando va desarrollando cada uno de los argumentos. Este conocimiento le permitió adentrarse también en el interior de otras ramas de la ciencia como es la Biología.

En este volumen Artigas dialoga principalmente con las corrientes epistemológicas que nacen al principio del siglo XX y con los autores más representativos de esta misma época y posteriores. Trata de dar respuesta al neopositivismo del Círculo de Viena y a las oscilaciones entre planteamientos lógicos y sociológicos encarnados principalmente por Popper y Kuhn. Su perspectiva es esencialmente filosófica, metafísica, podríamos decir. Pero consigue ofrecer dicha perspectiva sin desconectarse, o mejor aún, sumergiéndose en las contribuciones más genuinas de los autores de este tiempo. Otro libro que encierra el conocimiento que Artigas poseía de los actores más importantes en el debate epistemológico de esta época es "El desafío de la racionalidad", donde hace una crítica de algunos de los autores más destacados en este debate.

Artigas se nos muestra en este libro como un realista convencido. Su realismo no es sentado por principio o según un a priori, sino que busca que se imponga por sí mismo al ir desgranando los entresijos del método científico. Para conseguirlo, clarifica en qué consiste la objetividad científica y por qué podemos decir que la ciencia llega a auténticas verdades, o dicho de otra manera, que la ciencia es una empresa verdaderamente cognoscitiva. En este punto es muy importante la noción de "verdad contextual", desarrollada con amplitud en el texto y cuyo análisis requeriría más espacio del aquí disponible. Pienso que esta noción constituye la piedra de toque de su realismo científico y de su búsqueda por especificar la verdad que se corresponde, de una manera ajustada, con la ciencia. En este punto su propuesta es deudora y acreedora a la vez, de una manera particular, del pensamiento de Evandro Agazzi. Entre ambos llegó a establecerse una sintonía intelectual muy especial. Agazzi lo decía así recientemente: " Además de esta profunda amistad, hubo también una comunicación intelectual muy fecunda. De hecho, todo lo que he oído aquí acerca del pensamiento de don Mariano es resultado de una interacción entre lo que él pensaba, lo que yo pensaba… Él mismo, como siempre persona de grandísima honestidad intelectual, lo menciona explícitamente. Yo también tengo que reconocerlo porque el desarrollo de mi pensamiento también es resultado de haber discutido y profundizado ciertos temas con don Mariano. Y por eso estoy de acuerdo con casi todo en su manera de concebir la ciencia, la filosofía, la religión y sus relaciones"  * (6).

En "La inteligibilidad de la naturaleza" busca hacer una descripción filosófica de la naturaleza para la que su aportación en el libro anteriormente comentado es clave. En este volumen da unidad y consistencia a sus aportaciones principales, ya esbozadas en otros escritos anteriores, a la filosofía de la naturaleza. Nos ofrece una visión de la naturaleza consistente de un tejido en el que se entrelazan entidades y dinamismos, articulados entorno a pautas o patrones, en una unidad cuya descripción desarrolla a lo largo del libro. Es especialmente en esta obra donde queda más claro su intento de recuperar las nociones de la filosofía tradicional, pero asumiendo un punto de partida más cercano a una mentalidad que se ha formado a la sombra y con el impulso de la ciencia contemporánea. No se le escapaba a Artigas que la crisis de la metafísica, en cierta medida consecuencia del cientificismo imperante, supone un serio obstáculo tanto para la comprensión de la misma actividad científica, como para una adecuada comprensión de la naturaleza.

Es importante destacar en este punto la defensa que hace de la existencia de una jerarquía real en el mundo natural. Defender una jerarquía real en la naturaleza lleva consigo implicaciones ontológicas. Las consecuencias van siendo extraídas a lo largo de las páginas de este libro y se van desplegando en diálogo constante con un gran número de importantes autores.

El planteamiento realista de su filosofía en general, y de este libro en particular, le lleva, como una consecuencia natural de su estudio, a enfrentarse con la trascendencia del hombre respecto de la naturaleza, al particular papel que juega la ciencia en este proceso y a cómo el conocimiento de la naturaleza nos conduce, a su vez, al conocimiento de lo que le trasciende: el ser humano y Dios. Este ámbito es explorado en la última parte de este libro y después, con mayor detenimiento, en "La mente del universo".

Como hemos visto, la filosofía de Mariano Artigas es de largo alcance e invita a que se le estudie de una manera reposada y profunda. Los méritos de su aportación no han pasado desapercibidos ni al gran público, a quien dirigió gran parte de su esfuerzo, ni a los especialistas. A los ya mencionados encargos y distinciones otorgadas por diversos organismos eclesiásticos, podríamos añadir el de ser miembro de la Asociación Europea para el Estudio de la Ciencia y la Teología; miembro correspondiente de la Academia Internacional de Filosofía de las Ciencias; profesor honorario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, Perú); y miembro del comité que guía el proyecto "Science & Human Values". En 1995 recibió un premio de la Fundación Templeton por su actividad docente en el ámbito de las relaciones entre ciencia y religión. Recientemente había sido nombrado miembro de la Sociedad Internacional para Ciencia y Religión, asociación que tiene su sede en la Facultad de Teología de la Universidad de Cambridge.

Como fruto de ese afán de servicio a la verdad y de llegar a todo tipo de audiencias, en los últimos años de su vida catalizó la formación de un grupo de investigación interdisciplinar que fue titulado por sus promotores "Ciencia, razón y fe" (CRYF): el título de su primer libro. El grupo cuenta ahora con una página Web (http://www.cryf.org) que ha alcanzado desde su inicio, en el año 2003, casi un millón de visitas y cuyas actividades se han seguido desarrollando y ampliando después de su muerte. En la misma semana de su fallecimiento recuerdo mis dos últimas entrevistas con él en la Clínica de la Universidad de Navarra. En la primera examinamos algunos puntos relativos a la reunión que tendríamos los miembros del CRYF al día siguiente. A pesar de la situación en la que se encontraba, y siendo bien consciente de lo que tenía, su cabeza estaba llena de proyectos para el futuro. En la segunda siguió con atención el informe que le di del desarrollo de la reunión: falleció cuatro días después.

***

El Prof. Artigas falleció el 23 de diciembre de 2006 en la Clínica Universitaria de Pamplona, de madrugada, a las 00:15. Cuando tres días antes el médico le comunicó que no se podía hacer nada más y que el desenlace era inminente le respondió con gran serenidad que estaba preparado tanto física como espiritualmente.

Termino con unas palabras pronunciadas por el rector de la Universidad de Navarra en la intervención que cerraba el acto académico in memoriam de Mariano Artigas: "Ciertamente, el Profesor Artigas tuvo la valentía de enfrentarse a cuestiones arduas y complejas, que, a la vez, son relevantes para el hombre de la calle y su visión de la persona y del mundo. A menudo a contracorriente de la opinión científica dominante, supo pensar y dialogar con los mejores, en las fronteras últimas de la Filosofía de la Ciencia, pertrechado con las armas del rigor, la honradez y una perspicacia, todo hay que decirlo, poco común, que no le impedía, por cierto, ser muy sencillo"  * (7).

Notas

  1. Karol, M., Orden natural y persona humana. La singularidad y jerarquía del universo según Mariano Artigas, Eunsa, Pamplona 2000.
  2. Mons. Sánchez de Toca, Acto académico in memoriam del profesor Artigas celebrado el día 23 de noviembre de 2007 en la Universidad de Navarra. Documento consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homams.pdf [Consulta 27/12/2007].
  3. El documento se publicó en el artículo «Un nuovo documento sul caso Galileo: EE, f. 291 r-v», Acta Philosophica 10 (2001) 199-214.
  4. Juan Arana, Acto académico in memoriam. Documento consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homaja.pdf [Consulta 27/12/2007].
  5. Mariano Artigas, La mente del Universo , Eunsa 2000, pp. 15-16.
  6. Evandro Agazzi, Acto académico in memoriam. Documento consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homaea.pdf[Consulta 27/12/2007].
  7. Gómez Montoro, Ángel J. Documento consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homaag.pdf [Consulta 27/12/2007].