Tradición y descubrimiento en la epistemología de Michael Polanyi

Autor: Francisco Gallardo
Publicado en: Tradición y descubrimiento en la epistemología de Michael Polanyi, en Ildefonso Murillo (ed.), Actualidad de la Tradición Filosófica, Ediciones Diálogo Filosófico, Colmenar Viejo (Madrid), pp. 843-850
Fecha de publicación2010

Tradition and discovery es el título de una revista que se viene publicando desde 1974, dedicada al estudio del pensamiento de Michael Polanyi (1891-1976), un científico y epistemólogo de origen húngaro que desarrolló una brillante carrera científica, primero en el Kaiser Wilhelm Institut *(1), en Berlín, adonde se trasladó en 1919, y a partir de 1933 en Manchester. Destacó en diversas ramas de la química, como la cinética de reacciones y el estudio de los cristales a través de los rayos X. Como nota anecdótica, su carrera científica inicial fue la medicina, que realizó en Budapest, pero sólo la ejerció durante la Primera Guerra Mundial, en la que participó como oficial médico del ejército austrohúngaro.

De modo paulatino a su actividad científica fue ampliando sus campos de interés: se ocupó de temas de economía y sociedad en relación con la ciencia, entre los cuales destacó el tema del papel de la tradición dentro de la comunidad científica. Su reflexión sobre estas temáticas le llevó a terminar por dejar la ciencia en pro de una mayor profundización en cuestiones concernientes a la epistemología y filosofía de la ciencia, en las que, según él, había que encontrar la solución a los problemas planteados. En su obra principal, cuya primera edición es de 1958, lleva por título Personal Knowledge *(2), desarrolló una original "teoría del conocimiento personal" –pocos años después optaría por la expresión "conocimiento tácito"–, con la que subrayó el papel importante que desempeñan en el conocimiento ciertos aspectos tácitos, que no pueden explicitarse, pero que a su vez forman parte constitutiva del proceso cognoscitivo.

Desde la perspectiva de Polanyi, una determinada tradición está a la base de ese conjunto de aspectos tácitos que permiten el avance del conocimiento: al contrario de lo que podría parecer a primera vista, el ejercicio de la autoridad desde una tradición podría impedir dicho avance. Es precisamente lo que viene a afirmar Bertrand Russell: «Los triunfos de la ciencia son debidos a la sustitución de la tradición por la observación y la inferencia. Todo intento de restablecer la autoridad en el campo intelectual es un paso atrás» *(3). Polanyi cita esta afirmación de Russell en un artículo de 1963 que contiene algunas reflexiones suyas en torno a una teoría de la adsorción que elaboró él mismo al inicio de su carrera científica, y que pasó por diversos avatares, algunos de ellos relacionados precisamente con el ejercicio de la autoridad en la ciencia. En ese artículo concluye que, sin minusvalorar el peligro que puede conllevar una tradición que se impone de modo totalitario, todo avance científico necesita de una tradición que lo sustente *(4).

Autoridad y libertad en la actividad científica

Ya desde su juventud, Michael Polanyi se interesó por cuestiones sociales en el ámbito de la ciencia. Durante sus años de estudiante de medicina en Budapest fue cofundador de una sociedad, llamada "Círculo Galileo" (Galilei Kör), de la que su hermano Karl *(5) fue presidente, que se propuso como fin la defensa y propagación de una ciencia sin prejuicios. Distanciándose de los fines de esa sociedad, pues sus colegas consideraban la investigación científica como un arma en la batalla de reformas socio-políticas, Polanyi promovió posteriormente en Berlín unos seminarios de economía que culminaron en 1935 con la publicación de un pequeño libro, U.S.S.R. Economics *(6), sobre la economía en la Unión Soviética, en el que critica la planificación estatal de la economía y de la ciencia, así como el régimen totalitario. La idea de trasladar al ámbito científico la propuesta de planificación estatal de la economía tuvo eco en Inglaterra, a través de John D. Bernal, Lancelot Hogben y otros *(7). Estos científicos presentaron, sin duda, motivos de peso, como la necesidad de afrontar el extraordinario desarrollo alcanzado por la ciencia y las aplicaciones a la industria y a fines militares. No obstante, los principios inspiradores de su doctrina tenían raíces marxistas *(8), a lo que Polanyi no dejó de oponerse desde el principio, como así consta en algunas de sus obras publicadas a partir de años 30 en las que abordó el tema de la organización de la actividad científica, de las que destacan The Contempt of Freedom *(9), Science, Faith and Society *(10) y The Logic of Liberty *(11).

La oposición de Polanyi a estos planes de centralización total no debe interpretarse como la propuesta de una anarquía total en el ámbito de la comunidad científica. Pero en realidad no rechaza cualquier tipo de coordinación entre los científicos, sino más bien la organización totalmente centralizada. Es muy elocuente la metáfora "república de la ciencia" con la que titula un artículo publicado en 1962 *(12): mediante esta metáfora, Polanyi quiere subrayar que considera la ciencia como una actividad ejercida por la comunidad de los científicos en modo tal que se asemeja en ciertos aspectos a una organización política, y trabaja según principios económicos similares a quienes regulan la producción de los bienes materiales *(13). De manera análoga a como la sociedad civil resulta de la unión de individuos con vistas a conseguir ciertos fines –en definitiva, el bien común–, la "república de la ciencia" se constituye como una comunidad que se propone alcanzar como fin el satisfacer sus deseos de conocer la naturaleza.

Polanyi insiste en que debe existir una coordinación de fuerzas entre los científicos para favorecer el desarrollo de la ciencia, aunando esfuerzos. Pero tal coordinación se ha de realizar mediante mutuo ajuste de iniciativas independientes y coordinadas, porque cada una tiene en cuenta las demás iniciativas presentes en el ámbito del mismo sistema. Resulta conveniente la ayuda mutua entre personas que trabajan en regiones limítrofes y, por el contrario, si existiera una centralización total retardaría la solución, al coartar la iniciativa de los individuos.

En la coordinación entre los científicos, cada uno de ellos ha de considerar y juzgar los resultados a que han llegado los demás, lo que Polanyi designa como el principio del "control recíproco". Dicho principio consiste en el hecho de que los científicos se observan entre sí, de manera que cada uno está sujeto a cierta autoridad, ejercida mediante la crítica, tanto positiva como negativa, por parte de los demás. Así como una comunidad política necesita una fuerza que la aglutine, es decir, una autoridad, del mismo modo la comunidad de científicos requiere una organización sustentada por una autoridad. Ésta es la manera en que la opinión científica se forma, ya sea mediante el refuerzo de las conclusiones a las que llega la ciencia o a través de la regulación de la distribución de las posibilidades profesionales y las subvenciones de investigación *(14). Así, los científicos de campos diversos se dan su mutua confianza y se sostienen entre sí, al transmitirse un conjunto de conocimientos, mediante los que ejercen entre sí una autoridad relativa, no absoluta. Por el contrario, una autoridad única y central no está en condiciones de decidir sobre el futuro de la ciencia *(15).

Polanyi considera que los conocimientos alcanzados por la ciencia se transmiten de manera análoga a las tradiciones relativas al saber popular, mediante un acto de confianza del discípulo respecto al maestro, como sucede en el desarrollo de las capacidades artísticas, transmitidas de maestro a alumno. En estos casos, el maestro confía de alguna manera en la capacidad que tiene su alumno de asimilar siguiendo su ejemplo, sin que le tenga que dar explicaciones detalladas de todo; y el alumno confía en el maestro y no espera una exhaustiva demostración de cada una de las enseñanzas que recibe *(16).

En conjunto, esta explicación de la transmisión de la ciencia quizá podría considerarse utópica. Así lo han considerado algunos autores, como por ejemplo Agassi, para quien Polanyi se inspira en un modelo de sociedad medieval, basada en gremios, donde los conocimientos se trasmiten siguiendo una estructura muy elemental, de maestro a aprendiz *(17). De todos modos, Polanyi matiza al afirmar que «la relación entre maestro y discípulo es tan sólo un ejemplo y una faceta de un conjunto más amplio de instituciones que se encargan de la confianza y disciplina mutuas entre los científicos, por la cual se ordena la práctica del descubrimiento y se fomentan y desarrollan los principios de la ciencia» *(18). En cualquier caso, la imagen del maestro-aprendiz para ilustrar la influencia de la tradición, sin tener por qué aplicarla en su literalidad, es una pauta útil a la que también otros autores, como MacIntyre, le ha sacado partido *(19). Todo ello, teniendo presente que la organización que la ciencia requiere actualmente no se reduce a una simple coordinación de iniciativas independientes: son necesarias fuertes inversiones para poner en marcha algunos proyectos, como por ejemplo grandes aceleradores de partículas, o instalaciones hospitalarias con técnicas avanzadas.

Fe en la tradición recibida y conocimiento de la realidad

Al extremo opuesto del autoritarismo de raíces marxistas, ya considerado, está la actitud de rechazo a toda tradición constituida en autoridad. Esto último es precisamente lo que propone la duda metódica cartesiana, a la que Polanyi alude haciendo referencia a la imposibilidad de llevarla a cabo de un modo congruente *(20). Lo cual no excluye el hecho de que Descartes inaugurara una nueva tradición de corte racionalista, que condujo al idealismo crítico kantiano y posteriormente al idealismo absoluto, a la que Polanyi se opuso, proponiendo como alternativa una "filosofía post-crítica", expresión que incluyó en el subtítulo de Personal Knowledge.

Para llevar a cabo este proyecto, Polanyi opta por retomar algunos elementos de la tradición filosófica medieval, inspirándose en san Agustín, particularmente en sus obras Contra Academicos y De Magistro. En esta última, se acentúa la importancia de ejercitarse en la subordinación a una autoridad como requisito previo de un aprendizaje verdadero *(21), doctrina que se halla expresada en Personal Knowledge *(22). Es ésta una práctica común en la ciencia: «nadie puede convertirse en científico a menos que suponga que la teoría y el método científicos son fundamentalmente ciertos y que sus principios últimos pueden ser aceptados sin discusión. Tenemos aquí un ejemplo del proceso descrito de una manera epigramática por los Padres de la Iglesia en las palabras: fides quaerens intellectum, fe que quiere entender» *(23). Y en Contra Academicos, Polanyi encontró argumentos contra las posiciones relativistas, haciendo notar que el hombre puede alcanzar verdades seguras, estando la fe a la base de esas verdades *(24).

Esta perspectiva, al menos a primera vista, puede plantear algunas dificultades: ¿no cabe el riesgo de incurrir en un subjetivismo? Desde luego, se trata del planteamiento opuesto al del positivismo, que era la corriente dominante en la primera mitad del siglo xx, y podría considerarse, al menos en parte, heredera del criticismo anteriormente mencionado. En particular, el movimiento filosófico surgido alrededor del Círculo de Viena pretendió dar una interpretación lógica y científica del mundo. Considera que el conocimiento se reduce a la recolección de los datos de observación y a la elaboración de construcciones lógicas, con el objetivo de dotar a la ciencia de un criterio explícito que permitiera dar respuesta a la cuestión de la validez de las teorías. Éste es el "principio de verificación empírica", según el cual se admiten como proposiciones válidas del lenguaje científico aquellas que se pueden verificar empíricamente; las que no pueden verificarse son declaradas proposiciones sin sentido *(25).

Polanyi reaccionó contra este punto de vista. Su crítica al positivismo, avalada por un dilatado ejercicio de la actividad científica, se centra básicamente en la imposibilidad de describir el desarrollo de la ciencia mediante factores exclusivamente lógicos. Para él, desempeñan un papel fundamental en el conocimiento científico otros elementos extra-lógicos, que no se pueden explicitar, a los que denomina "factores tácitos". Así, el progreso de la ciencia no está determinado por unos criterios estrictamente lógicos, sino más bien por ciertos indicadores que permiten juzgar las contribuciones de los científicos *(26). Pero afirmar esto no implica considerar que la ciencia sea arbitraria, pues se rige por unos patrones rigurosos, esbozados en el apartado anterior, relacionados con la confianza –fe– en los colegas y predecesores en el ejercicio la ciencia de que se trate. Precisamente esta idea es la que Polanyi ilustra con la expresión "conocimiento personal": se trata de una componente no explicitable, que permite conocer con objetividad, lejos de caer en un subjetivismo arbitrario *(27).

En este contexto se entiende una afirmación de Polanyi que a primera vista puede resultar bastante sorprendente, sobre todo si tenemos presente que procede de un científico: al referirse a la ciencia, afirma que es «un sistema de creencias con las que estamos comprometidos» *(28). Con esta frase, Polanyi no se refiere a la ciencia considerada en su conjunto. Si se interpretara de esta manera, se llegaría a la conclusión de que suscribe una especie de fideísmo o de creencia ciega en una serie de principios, lo que resulta bastante inverosímil en un hombre de ciencia. Más bien resalta el papel importante que ejerce la tradición en la que hemos sido formados, que nos proporciona una serie de principios recibidos sin requerir demostración. Incluso Polanyi subraya que esas creencias son asumidas no de una manera distante, sino a través de un compromiso por el que las hacemos propias. Ese compromiso posee una componente emocional, se ejerce apasionadamente, lo cual no implica que sea irracional *(29). Esta pasión se puede ilustrar con la emblemática exclamación "eureka" puesta en boca del científico que acaba de descubrir una nueva ley, de la que está plenamente cierto.

La componente tácita de la tradición

Desde la perspectiva polanyiana, es clave la idea de que «podemos saber más de lo que podemos expresar» *(30). Esto no expresa una limitación, antes bien al contrario: un intento de explicitar hasta el último detalle aquello que permanece tácito sería un "análisis destructivo", como le sucedería a un pianista si, al interpretar una melodía, en lugar de concentrarse en la música, lo hiciera sobre el movimiento de los dedos: muy probablemente será incapaz de continuar. Este análisis tendría, por tanto, un carácter destructivo *(31). De hecho, la ciencia está sustentada por unos fundamentos sólidos, unos presupuestos sin los que no podría desarrollarse, que Polanyi denomina "premisas de la ciencia". Entre ese conjunto de principios que constituyen la tradición recibida de nuestros antepasados se encuentra la certeza de que todo lo que sucede en el mundo tiene una explicación racional: se trata, en el fondo, de los principios de no contradicción y de causalidad.

Las premisas de la ciencia en gran medida constituyen una componente tácita, lo cual no implica que no se deban analizar *(32). Para Polanyi, esas premisas no se obtienen directamente de la experiencia por inducción, mediante determinadas reglas fijadas de antemano, sino que vienen a ser como un presentimiento sobre lo que está a la base de la experiencia que nos circunda *(33). Distingue dos clases de premisas: por una parte, supuestos generales acerca de la naturaleza de la experiencia cotidiana; y por otra, supuestos particulares sobre los que se apoya el proceso del descubrimiento científico y su comprobación *(34). Los supuestos generales hacen referencia principalmente a la visión racional de la naturaleza, por la que se acepta que todo efecto tiene su causa. A esta visión Polanyi la llama interpretación "naturalista", contrapuesta a una interpretación "mágica" que explica todo fenómeno al margen de la racionalidad *(35). Así, sin excluir el que otras cosmovisiones puedan tener consistencia interna *(36), considera que la visión "naturalista" se ha de aceptar como más positiva porque proporciona una visión más acertada del orden natural. En efecto, si no confiáramos en que podemos encontrar respuestas razonables a los hechos de experiencia, entonces la ciencia no tendría sentido.

Esos presupuestos del conocimiento constituyen una tradición cultural no escrita, no explicitada, que además no se impone, pues son conocimientos que al adquirirlos los hacemos propios, o los rechazamos como falsos. De alguna manera los vamos descubriendo mediante nuestros propios hábitos intelectuales *(37). El hecho de subrayar la importancia del papel de los conocimientos recibidos por tradición no quiere decir que la persona elija caprichosamente un conjunto de conocimientos "a la carta", pues detrás de esa elección subyace una convicción de que se alcanza un conocimiento verdadero, válido para todos.

La tradición como catalizadora de descubrimientos

En el proceso de los descubrimientos influye de manera determinante la preconcepción que el hombre posee de la naturaleza. Detrás de esta consideración se trasluce el papel que Polanyi otorga a la tradición: no se puede separar la tarea de investigación de un científico de la visión de la realidad que ha recibido. Esto mismo se puede expresar con la noción kuhniana de paradigma, pues no en vano es un lugar común considerar que la concepción de ciencia de Polanyi es similar a la de Kuhn *(38). De todos modos, Polanyi difiere de Kuhn principalmente al considerar que sí hay progreso en la ciencia, y se trata de un progresivo acercamiento a la verdad.

A este respecto, al inicio de Personal Knowledge Polanyi señala algunas claves interpretativas que contribuyen a dar luz en particular sobre aquellos factores, en relación con la visión previa de la realidad, que hicieron posible el avance de la ciencia experimental. Remontándose al pensamiento griego, señala que en los comienzos de la ciencia experimental se suceden dos visiones diferentes de la naturaleza. La primera de ellas, la escuela pitagórica, describe la naturaleza en términos de relaciones matemáticas. Esta tradición considera que en los números está la última razón de las cosas. Así, según Polanyi, la concepción de la astronomía de Copérnico encuentra su inspiración en la tradición pitagórica. Todavía de una manera más clara, Kepler se basa en esa tradición, por su interés en la búsqueda de relaciones que dan cuenta del movimiento de los planetas *(39).

Además de la tradición pitagórica, Polanyi considera que la ciencia en la Edad Moderna se ve influida progresivamente por la tradición jónica, y en particular a Tales de Mileto. Esta escuela describe el universo en términos de ciertos elementos materiales, y en este sentido se dice posee una concepción de la naturaleza de tipo materialista o atomista. Así, las relaciones matemáticas con las que Copérnico y Kepler describían los movimientos de los planetas pasaban a ser expresiones de leyes mecánicas a las que están sometidas las partículas. Siguiendo la descripción llevada a cabo por Polanyi, esta concepción de carácter mecanicista perduraría hasta inicios del siglo xx *(40). En la ciencia moderna, el paso de la tradición pitagórica a la jónica se produjo de un modo paulatino, ya que –como señala Polanyi–, la tradición pitagórica influyó durante un siglo después de Copérnico. Por ejemplo, en Galileo se constata cómo aún permanece parcialmente dicha tradición, en lo relativo al estudio de la dinámica celeste: éste considera que los cuerpos celestes, a diferencia de los terrestres, deben seguir un movimiento perfecto, es decir, circular *(41).

Aun Polanyi habla de una tercera etapa, cuyo comienzo tiene lugar en el siglo xx. En esta etapa predomina una visión de la naturaleza no basada ya en la descripción de la evolución mecánica de un sistema de partículas. Los sistemas físicos pasan ahora a ser descritos en términos de invariantes matemáticos, tal como se lleva a cabo en la mecánica relativista y en la mecánica cuántica *(42). Para Polanyi, esta etapa supone en cierta manera una vuelta a la perspectiva pitagórica, aunque con un enfoque distinto, por su intento de describir la naturaleza de una manera racional recurriendo a las relaciones matemáticas. Por este motivo, para él los cambios introducidos por la física el siglo xx no han supuesto un cambio esencial en la concepción racional de la realidad.

Al margen de que se consideren más o menos acertadas estas consideraciones –habría que introducir las ampliaciones y matizaciones pertinentes, lo cual está fuera del alcance de esta exposición, por fuerza breve–, lo que deseamos hacer notar aquí es la influencia decisiva de la tradición de cara al avance de la ciencia, lo que Polanyi ha destacado de un modo muy sugerente a lo largo de toda su trayectoria intelectual.

Notas

  1. Se trata de la prestigiosa institución académica que después de la Segunda Guerra Mundial pasó a llamarse Max Planck Institut.
  2. Michael Polanyi, Personal Knowledge: Towards a Post-critical Philosophy, 2ª ed., Routledge & Kegan Paul, London 1962 (en lo sucesivo, citado como PK).
  3. Bertrand Russell, The Impact of Science on Society, University Press, Oxford 1946.
  4. Michael Polanyi, The Potential Theory of Adsorption, "Science", 141 (1963), pp. 1010-1013. Unos años después sería publicado como capítulo sexto en Knowing and Being, Routledge & Kegan Paul, London 1969, un elenco de artículos de Polanyi recopilados por Marjorie Grene (en lo sucesivo, citado como KB).
  5. Karl Polanyi (1886-1964) es conocido principalmente por sus trabajos en economía con un enfoque sociológico, que desarrollo principalmente en Estados Unidos y en Canadá. Su obra más difundida se titula The Great Transformation. Y como dato adicional, John Polanyi, hijo de Michael, llegó a obtener el premio Nobel de química.
  6. Michael Polanyi,U.S.S.R. Economics, Manchester University Press, Manchester 1935.
  7. Cfr. John D. Bernal, The Social Function of Science, Routledge, London 1938.
  8. Michael Polanyi, The Growth of Thought in Society, "Economica", 8 (1941), p. 428.
  9. Michael Polanyi, The Contempt of Freedom, C. A. Watts, London 1940.
  10. Michael Polanyi, Science, Faith and Society, Oxford University Press, London 1946. De ahora en adelante, citada como SFS la traducción castellana de M. D. Cuadrado: Ciencia, fe y sociedad, Taurus, Madrid 1961.
  11. Michael Polanyi, The Logic of Liberty, Routledge & Kegan Paul, London 1951.
  12. Cfr. Michael Polanyi, The Republic of Science, Its Political and Economic Theory, "Minerva", 1 (1962), pp. 54-73. Este artículo fue recogido en Knowing and Being como capítulo cuarto (KB, pp. 49-72).
  13. Cfr. KB, p. 49.
  14. Cfr. KB, pp. 84-85.
  15. Cfr. KB, p. 85.
  16. Cfr. PK, p. 53.
  17. Cfr. Joseph Agassi, Science and Society. Studies in the Sociology of Science, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht 1981, pp. 1-2.
  18. SFS, p. 44.
  19. Cfr. Alasdair MacIntyre, Three Rival Versions of Moral Enquiry. Encyclopaedia, Genealogy and Tradition, University of Notre Dame Press, Notre Dame (Indiana) 1990, p. 63.
  20. Cfr. PK, p. 269.
  21. Cfr. Patrick Grant, Michael Polanyi: The Augustinian Component, "The New Scholasticism", 48 (1974), p. 441.
  22. Cfr., por ejemplo, PK, pp. 53-54. Una cita explícita a De Magistro se encuentra en PK, p. 92.
  23. SFS, pp. 41-42.
  24. Cfr. Grant, Michael Polanyi: the Augustinian Component, cit., p. 442.
  25. Cfr. Mariano Artigas, El desafío de la racionalidad, Eunsa, Pamplona 1994, pp. 32-33.
  26. Cfr. por ejemplo el capítulo II de Ciencia, fe y sociedad, titulado "Autoridad y conciencia" (SFS, pp. 38-61).
  27. Cfr. PK, p. 195.
  28. PK, p. 171.
  29. En esta línea, es significativa la expresión "intellectual passions", que aparece en el título de un extenso capítulo dePersonal Knowledge (cfr. PK, pp. 132-202).
  30. Michael Polanyi, The Tacit Dimension, Anchor Books, London 1966, p. 4.
  31. Cfr. PK, p. 50.
  32. Esta idea, desarrollada con profundidad en Personal Knowledge (cfr. PK, p. 163), se encuentra ya incoada en Ciencia, fe y sociedad: «Las premisas de la ciencia no pueden ser formuladas de una manera explícita y únicamente en la práctica de la ciencia es donde se ponen de manifiesto, tal como han sido conservadas por la tradición científica. Esto no quiere decir que neguemos utilidad al análisis de las premisas de la ciencia» (SFS, p. 87).
  33. Cfr. SFS, p. 38.
  34. Cfr. SFS, pp. 38-39.
  35. Cfr. SFS, pp. 19-20. La contraposición entre dos tipos de interpretación del mundo, "naturalista" y "mágica", no debe interpretarse en el sentido que le da Kurt Hübner. Este autor se apoya en dicha distinción para afirmar una pretendida superioridad de la ciencia respecto a la filosofía, que considera como interpretación mítica (cfr. Mariano Artigas, Filosofía de la ciencia experimental, Eunsa, Pamplona 1989, pp. 373-378), opinión que, por otra parte, Polanyi no compartiría. En el fondo, con la expresión "interpretación naturalista" Polanyi alude a una interpretación racional de la realidad.
  36. Para avalar esta afirmación, Polanyi alude a los estudios realizados por Evans-Pritchard sobre la tribu africana de los Azande (cfr. PK 287-288).
  37. «Las tradiciones se nos transmiten desde el pasado, y a su vez llegamos a ellas dentro del contexto de los problemas actuales a los que nos enfrentamos» (PK, p. 160).
  38. De hecho, en su obra principal Kuhn menciona expresamente a Polanyi como quien ha desarrollado en Personal Knowledgeuna teoría similar a la suya sobre los paradigmas (cfr. Thomas S. Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de cultura económica, México, D.F. 1971, p. 82).
  39. Cfr. PK, pp. 6-7. Es bien conocida la imagen pitagórica del mundo que subyace en Kepler, al considerar que las órbitas de los planetas se derivarían mediante consideraciones exclusivamente geométricas.
  40. Artigas señala que este mecanicismo sufrió una evolución, pues el mecanicismo materialista, de carácter reductivo, no apareció hasta finales del siglo xviii. Aunque el interés de Galileo y Newton se centraba en el estudio de la mecánica, no por esto poseían una concepción materialista del universo (cfr. Artigas, Filosofía de la ciencia experimental, cit., pp. 311-312).
  41. Cfr. PK, pp. 7-8.
  42. Cfr. PK, p. 164.