¿Es el diseño inteligente una teoría científica o religiosa?

Autor: Santiago Collado
Publicado en: F.J. Soler Gil – M. Alfonseca (coords.), "60 preguntas sobre ciencia y fe respondidas por 26 profesores de universidad". Madrid: Stella maris, pp. 128-34
Fecha de publicación: 2014

Darwin, Creacionismo, Religión y Diseño Inteligente

El darwinismo se encontró con detractores desde el mismo momento en que fue propuesto de manera sistemática y extensa en El Origen de las Especies, en 1859. En la segunda mitad del siglo XX, algunas de las críticas al darwinismo, como teoría que da razón de la complejidad y el orden en la Naturaleza, han buscado adoptar un enfoque estrictamente científico. El "Diseño Inteligente" (DI) ha sido, desde los años 90, una voz que se ha sumado al coro de los que, especialmente desde el creacionismo, pretenden desacreditar el darwinismo y sus desarrollos.

El creacionismo defiende la necesidad de ajustar los resultados científicos a lo que se dice en la Sagrada Escritura. El problema es que lo escrito en los textos sagrados se interpreta en sentido literal. Esto ha llevado a los creacionistas a defender algunas hipótesis que, como la que establece la edad de la Tierra, han sido rebatidas de manera contundente por la ciencia. El creacionismo, en sus múltiples variantes, ha fracasado repetidamente en el ámbito académico y científico. No obstante, en USA conserva numerosos seguidores hoy en día.

El DI, por otra parte, se presenta a sí mismo como alternativa y nuevo paradigma estrictamente científico para la comprensión de los procesos propios de los seres vivos. Su aparición en los Estados Unidos ha estado también acompañada por una agria polémica. Los enfrentamientos han llegado a los tribunales, como ocurrió con el creacionismo cuando intentó estar presente en el sistema educativo de los Estados Unidos e incluso desplazar a las teorías evolutivas. En este caso, a diferencia de los creacionistas, el DI está perdiendo la partida desde el principio. El conflicto ha tenido eco en Europa, pero en medida mucho menor.

El tono poco sosegado de los debates entre detractores y defensores del DI ha hecho difícil poder abordar los importantes temas de fondo que subyacen al enfrentamiento. Desde un bando consideran al Diseño Inteligente como una variante actual y sofisticada del creacionismo, que está al servicio de los mismos intereses: el DI sería religión vestida de ciencia. Esto lo niegan rotundamente sus defensores, que insisten en que no se salen del ámbito estrictamente científico, aunque no tienen problema en admitir que coinciden con el creacionismo en el objetivo de conseguir una ciencia que no sea materialista.

¿Qué defiende el Diseño Inteligente?

El Diseño Inteligente defiende que se pueden encontrar caminos científicos para determinar la presencia de diseño en un sistema cualquiera, lo cual sería equivalente a afirmar que dicho sistema ha sido posible gracias a algún tipo de inteligencia. En palabras de William Dembski, el teórico más activo del movimiento:

«el DI (…) busca señales de diseño en el mundo natural y, como tal, no se preocupa de la naturaleza última de la inteligencia. Muestra que existe una inteligencia detrás del mundo, pero no intenta conectar esa inteligencia con una doctrina religiosa en particular.» *(1)

La herramienta metodológica que emplea el DI para encontrar esas señales es la "inferencia de diseño". Con palabras del mismo Dembski:

«La inferencia de diseño dice esencialmente que algunas coincidencias son demasiado poco probables como para atribuirlas al azar y por tanto deben atribuirse a una inteligencia diseñadora. Un ejemplo que empleo a menudo es el de la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Si se detecta una señal de radio del espacio exterior que proporciona una lista de números primos (números divisibles tan solo por sí mismos y por la unidad), podría ser naturalmente atribuida al diseño. ¿Por qué? Por dos razones: es compleja y por tanto no es fácilmente reproducible por azar; y corresponde además a un patrón identificable e independiente (en este caso un patrón tomado de las matemáticas). La inferencia de diseño explota esta coincidencia entre patrones independientes identificables y un suceso altamente improbable de otras maneras.» *(2)

El texto anterior pone de manifiesto que el ámbito metódico en el que pretende moverse Dembski para conseguir sus objetivos es básicamente matemático. Esta noción de inferencia de diseño formaliza las ideas desarrolladas con anterioridad por otro de los defensores del DI con más impacto: el bioquímico Michel Behe. La bioquímica actual, según Behe, hace posible la inferencia de diseño en el ámbito biológico. Denomina "complejidad irreductible" (CI) a la noción que le permite conseguirlo.

Para Behe, un sistema cualquiera con una función bien definida presenta complejidad irreductible cuando las partes que lo componen son perfectamente identificables y son todas necesarias para que el sistema cumpla con su función: si falta una sola, el sistema deja de funcionar.

Una típica trampa para cazar ratones sería un ejemplo sencillo de sistema que presenta complejidad irreductible: una tabla de madera, un muelle, un pasador y un pestillo donde se pone el queso... El ejemplo lo usa el mismo Behe. Si faltara alguna de estas piezas, o sólo una careciera de las propiedades y ubicación pertinentes, la ratonera no podría cumplir con su función de capturar ratones. Esta propiedad del sistema, que exige tener todo, cada cosa en su lugar, para que funcione, es la que hace que el sistema tenga complejidad irreductible. Parece razonable afirmar que la formación de sistemas con esta propiedad no se puede explicar mediante cambios graduales y azarosos, según el esquema darwiniano: todos los pasos intermedios necesarios para llegar al sistema final carecen de las ventajas competitivas necesarias para cumplir con su función de atrapar al ratón. Cuando se hace la trampa, no se va probando a ver si añadiendo esos elementos se atrapa mejor al ratón, sino que ya se ha pensado inicialmente cómo hacerla para que funcione: hay que diseñarla antes de ponerse a hacerla.

Behe afirma que la determinación de complejidad irreductible en un sistema permite afirmar científicamente que dicho sistema ha sido diseñado. El siguiente paso es el importante. Behe considera probado que la bioquímica actual permite identificar las partes "elementales" (proteínas y otras biomoléculas) de los sistemas bioquímicos, de los que también conocemos su función. Lo que esto significa para Behe es que dichos sistemas se pueden examinar de manera equivalente a como se puede estudiar la estructura de una ratonera, es decir, como si fueran mecanismos. Por tanto, se podría determinar si presentan complejidad irreductible o no. Si alguno de ellos presentase complejidad irreductible, pondría de manifiesto la presencia de diseño. En su libro de 1996 La caja negra de Darwin, Behe examina desde esta perspectiva varios sistemas biológicos, llegando a la conclusión de que el cilio, el flagelo bacteriano o el sistema de coagulación de la sangre, entre otros, presentan complejidad irreductible.

Behe ha ido refinando estas ideas en publicaciones posteriores, especialmente en lo que respecta a la determinación de la complejidad irreductible, pero sigue manteniendo lo expuesto anteriormente. Dembski ve la inferencia basada en la complejidad irreductible como un caso particular de su inferencia de diseño en el ámbito biológico. Los debates entre defensores y críticos del DI suscitados por estas ideas han sido muchos, pero no parece que se hayan movido las posiciones de los contendientes: más bien parece que se han afianzado con el tiempo.

¿Es científico hablar de ciencia? La ciencia del diseño inteligente.

No parece que se pueda responder a la pregunta que nos ocupa adjudicando sin más al DI la etiqueta de religión o de ciencia, como si ésta fuera la única alternativa posible. Si nos atenemos a los textos escritos por sus representantes más importantes, hemos de concluir que el DI no es religión. Otra cosa distinta es que algunos de sus miembros esgriman los argumentos del movimiento para defender sus creencias. También hay materialistas que utilizan argumentos científicos para defender el materialismo. Esto último no hace a la ciencia materialista, como dan por supuesto no pocos defensores del DI y muchos creacionistas. Sin embargo, a la pregunta de si el diseño inteligente es ciencia, la respuesta no es tan sencilla.

Los trabajos de Dembski y Behe contienen ciencia. También, al menos en el caso de Behe, contienen buena divulgación científica. ¿Por qué entonces tanta polémica? Algunas limitaciones de una teoría, o incluso de toda una disciplina, pueden comprobarse científicamente. Esto es lo que hace el teorema de Gödel con la matemática. Dembski pretende establecer un resultado similar para la ciencia en general, no sólo para las matemáticas. El intento parece legítimo. Sus defensores creen haber demostrado esa limitación, al menos en los sistemas biológicos. Pero, por si lo anterior fuera poco, dan un paso más, al mantener que la afirmación de que hay diseño en los sistemas naturales es la respuesta teórica, científica, a dicha limitación. Aquí no se pueden abordar todos las implicaciones de estas afirmaciones, pero sí podemos tratar de resumir una de las dificultades centrales que dichas tesis presentan.

Pienso que el problema más importante que tiene el DI consiste en que, desde la biología o la física, y con más razón desde las matemáticas, es metódicamente inalcanzable la noción de diseño, tal como se concibe dentro del movimiento: disposición intencional de las partes. Es injustificado el salto metódico desde la improbabilidad al diseño, llámese complejidad irreductible o complejidad especificada (otra formalización de la CI, propuesta por Dembski). Se incurre en incongruencia, porque la probabilidad o improbabilidad de alcanzar una determinada complejidad en una estructura no autoriza en general a hablar de inteligencia. Esta se mueve en un plano metódico distinto. Desde la matemática "no se sabe" lo que es la inteligencia, y menos aún desde la probabilidad.

En realidad, en la inferencia de diseño que se hace en relación con lo artificial, el salto está justificado, porque ya se sabe que la inteligencia existe, y sólo se quiere determinar si ha intervenido o no. Pero la inteligencia es entonces un a priori, y de ahí inferimos si algo ha surgido de manera natural, accidental, o ha sido construido por el hombre. Si nos referimos al mundo natural, la inteligencia no debería considerarse como un a priori. No se trata de determinar si lo natural es artificial, que es la pregunta absurda a la que se podría responder con el método propuesto.

Meter la inteligencia en el proceso de inferencia desde el principio, a priori, es incurrir en una circularidad que invalida el método. Para inferir diseño, es necesaria la existencia de inteligencia; pero es la inteligencia, el diseño, lo que se quiere inferir. Para que fuera válido este método, habría que expresar la inteligencia en términos matemáticos, pero no es esto lo que hacen los teóricos del DI. Y si lo consiguieran, podría decirse que habrían dado la razón al materialismo, en lugar de expulsarlo de la ciencia.

Los defensores del DI justifican el uso de la inteligencia como un a priori en la inferencia de diseño, afirmando que, gracias a la bioquímica, podemos analizar un sistema biológico en términos mecánicos. De ser esto cierto, no habría nada que objetar, pero no parece que esta afirmación esté justificada, más bien parece lo contrario. Un sistema biológico no es reducible a un sistema mecánico, aunque se puedan analizar sus mecanismos, y además es muy útil hacerlo. Este tipo de análisis pierde de vista, precisamente, lo que es esencial a la vida.

La incongruencia metódica señalada se puede explicar por el afán de los miembros del DI de permanecer en el ámbito de la ciencia. Si fuera así, sería posible expulsar de ella, y desde ella, al materialismo. Pero la ciencia se ocupa únicamente, y no es poca cosa, de las transformaciones de carácter material. Esto no hace a la ciencia materialista: la ciencia no es materialista. Lo incoherente es afirmar o negar desde la ciencia lo que su método no alcanza. Es entonces cuando se incurre en materialismo, o en una incongruencia de signo opuesto que es, en mi opinión, la que presenta el DI: tratan de expulsar de una casa a un ocupante que en realidad no vive en ella. Para conseguirlo, no tienen más remedio que definir casa como todo lo habitable, o confundir a otro ocupante de la casa con el que ellos andan buscando. El diseño que identifican los miembros del DI no es propiamente inteligente, salvo que tomen la inteligencia de un método distinto al que dicen emplear (la casa de la ciencia no es tan grande), o confundan lo que llaman diseño con algo que no lo es: la improbabilidad, por sofisticada que sea, no es inteligencia.

Referencias

  • Alfonseca, M., Revista Religión y Cultura, Vol. LIII:240, Ene.-Mar. 2007, pp. 137-153.
  • Artigas, M., "Diseño Inteligente", es el capítulo 8 de Mariano Artigas y Daniel Turbón, Origen del hombre. Ciencia, Filosofía y Religión, Eunsa, Pamplona 2008, pp. 111-122.
  • Collado, S., Teoría del Diseño Inteligente (Intelligent Design), en Fernández Labastida, F. – Mercado, J. A. (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL:http://www.philosophica.info/archivo/2008/voces/diseno_inteligente/Diseno_inteligente.html
  • Collado, S. Panorámica del debate creacionismo-evolucionismo en los últimos cien años en USA, Anuario de Historia de la Iglesia XVIII/2009, pp. 41-53. URL: http://www.unav.es/cryf/panorama.html

Notas

  1. Entrevista realizada a William Dembski por Eduardo Arroyo y Mario A. López y publicada en el elmanifiesto.com. URL: http://www.elmanifiesto.com/articulos_imprimir.asp?idarticulo=638
  2. Ibidem.