Del contraste de hipótesis convencional en ciencia a la hipótesis de la evolución

Autor: Miguel Ángel Martínez, catedrático de Medicina Preventiva y experto en Bioestadística en la Universidad de Navarra
Fecha de publicaciónPamplona, 21 de diciembre de 2011

El concepto de causalidad es central en salud pública y en medicina preventiva. Si no se afrontan las causas de la enfermedad, no se puede hacer prevención eficaz. La epidemiología moderna se ha desarrollado principalmente al ocuparse de la búsqueda de las causas de la salud y la enfermedad. Una herramienta indispensable en este empeño es la bioestadística.

La bioestadística usa abundantemente el contraste de hipótesis. En teoría, el azar podría explicar cualquier asociación o fenómeno de la naturaleza, por extraño o improbable que pareciese. Pero la bioestadística usa el contraste de hipótesis para estimar la probabilidad de encontrar un resultado al menos tan extraño como el observado, si todo fuese debido meramente al azar. Convencionalmente, cuando tal probabilidad es baja, inferior a 0.05, se rechaza la hipótesis de que el azar podría explicarlo todo y se afirma en cambio que existe una asociación estadísticamente significativa. Estas dos últimas palabras han plagado la literatura científica actual, quizás con la excepción de la biología evolutiva, en la que no parecen ser tan abundantes. Pero una mera asociación, por muy significativa que sea, no demuestra causalidad.

La epidemiología supone un paso más, pues usa una serie de criterios y modelos para dar el paso de la "asociación estadísticamente significativa" a la auténtica relación de causa a efecto. En estos modelos la fracción atribuible a la causalidad se opone frontalmente a la fracción atribuible al azar. Nada más lejano de mis pretensiones que negar que exista algún tipo de evolución, pero no deja de ser al menos intrigante para un epidemiólogo que el evolucionismo radical parezca equiparar azar con causalidad.