Ernestina de Champourcin
Fue una de las poetas más destacadas de la generación del 27. Tuvo un gran prestigio como crítica literaria y como poeta en los años anteriores a la guerra. De hecho, es una de las dos mujeres que aparecen en la Antología de Gerardo Diego.
Su obra poética estuvo en constante evolución. En la primera etapa, su lírica es amorosa y está en tensión entre la poesía pura y el vanguardismo. Durante su exilio en México, su poesía adquiere un tono más maduro, a veces místico y trascendente, pero siempre con una intensa carga emocional.
En su obra conviven imágenes de la modernidad, el amor, el deseo de libertad y una sensibilidad que trasciende la frialdad intelectual para alcanzar una gran intensidad lírica.
ESPERA
¡Amor! Aún no has llegado y ya me ciñes toda
ligándote a mi cuerpo como un rosal herido.
¡Enderézame tú! Que mi raíz obscura
absorba hasta esponjarse el zumo que redime.
Amor, silencio insomne, espera entretejida
de pálidos fantasmas que juegan a ser besos,
dulzura sin apoyo, latido soterrado
en el último pliegue del sueño más oculto.
Amor, bruma y estrella, secreto paraíso
que se gana y se pierde con la misma caricia:
rinde a mi paso errante tus pórticos sin nombre.
¡Mi desnudez intacta se vestirá de ti!
Si me niegas tu éxtasis, no me niegues tu herida.
Doy el goce que enerva por el dardo que abrasa.
Iníciame en la gloria de tu dolor más hondo
y cantaré, muriendo, mi cántico inefable.
Quizás no llegues nunca. Mi espíritu que vela
aguarda sin cansarse tu signo misterioso.
¿En qué brisa nocturna florecen ya tus labios,
en qué cenit de soles me impregnará tu unción?
(Cántico Inútil, 1936)