Aplicaciones anidadas

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Admiradas y censuradas

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Aunque se suele pensar lo contrario, en los años 20 y 30 las mujeres fueron reconocidas en el ámbito cultural y literario. En España, muchas eran leídas, reseñadas, publicadas y valoradas como críticas literarias.

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La Gaceta Literaria

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Por ejemplo, en 1928 comenzó en La Gaceta Literaria una sección titulada “El secreto de los poetas”. La primera autora entrevistada fue Ernestina de Champourcin. Esto despertó la envidia de Federico García Lorca, quien escribió el siguiente poema a Melchor Fernández Almagro, director de la revista:

"Creo que ya tú no me estimas.
¡Quién fuera Melgarejo!
¡Quién fuera Ernestina!
¡Quién fuera Maruja Mallo!"

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Sin embargo, también encontraban dificultades:

• Los ambientes culturales como cafés y tertulias, donde se desarrollaba la vida intelectual, se consideraban exclusivamente masculinos. Por ello, las mujeres tuvieron que fundar espacios propios, como el Lyceum Club Femenino, donde desarrollar su vida cultural e intelectual.

• En otros casos, colaboraron con sus maridos en obras de creación y traducción sin que aparecieran sus nombres al firmar las obras.

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Madrid, década de 1930. Las estancias del Lyceum Club Femenino fueron mucho más que un lugar de reunión: allí se celebraban conferencias, lecturas, conciertos y exposiciones, y se tejían redes de amistad, colaboración y creación entre mujeres vinculadas a la vida cultural de la época. El club se convirtió así en un espacio de encuentro y participación femenina en la vida intelectual y artística.

Una estancia del Lyceum Club Femenino.

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Con todo, el verdadero problema fue posterior. Durante la guerra civil se dispersó aquella generación de autoras y, con la dictadura franquista, muchas se silenciaron o censuraron. Posteriormente, también los críticos e historiadores omitieron los nombres femeninos, borrando su legado.

En las últimas décadas, gracias a diversos trabajos de investigación y divulgación, se ha reconocido su importancia y el papel que jugaron en su época.