Encuentros en el Lyceum
El fin del Lyceum era "defender los intereses morales y materiales de la mujer, admitiendo, encauzando y desarrollando todas aquellas iniciativas y actividades de índole exclusivamente económica, benéfica, artística, científica y literaria que redunden en su beneficio" (Estatutos).
Fotografía del homenaje que hizo el Lyceum a Ernestina de Champourcin en 1936.
Su Sección de Literatura organizaba conferencias, recitales, aconsejaba a autoras que buscaban abrirse camino. Sus integrantes fueron las primeras en reivindicar la obra de muchas mujeres que, a pesar de su importancia, no habían sido reconocidas a lo largo de la historia.
El Lyceum Club despertó burlas y recelos. Sus socias fueron llamadas «marisabidillas», «frívolas» o «peligrosas», y al propio Club se le conocía como «el club de las maridas». Jacinto Benavente se negó a dar allí una conferencia con una frase que se hizo célebre: «No puedo dar una conferencia a tontas y a locas».
Sin embargo, también otros autores les apoyaron, como Lorca, que hizo allí una de sus primeras lecturas públicas de Romancero gitano.
"El viernes o sábado tendrá lugar el 'torneo poético femenino' en el Lyceum. Toman parte en él Santa Teresa, sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Avellaneda, Carolina Coronado, en fin, todas las precursoras y luego… nosotras; es decir, Concha Méndez Cuesta, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Isabel Buendía, Pilar Valderrama, tú y yo".
(Epistolario, 9/5/28)