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En esta ocasión Cristina Febrer Nafría, estudiante de 4º del Grado en Filosofía, Política y Economía (PPE), genera una reflexión en torno al valor de la verdad en nuestra vida inspirándose en el musical Tick Tick… Boom! de Lin-Manuel Miranda. Cristina nos abre la puerta tanto a la Filosofía como al Cine. Este ensayo fue escrito para la asignatura de Filosofía del Lenguaje impartida por el profesor Jaime Nubiola en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra.


Tick Tick… Boom!, la verdad y la mejor vida


Todos los hombres por naturaleza desean saber”[1]. Así empieza la Metafísica de Aristóteles. ¿Y qué es lo que desean saber? Me parece que no descubro nada a nadie si digo que lo que las personas deseamos saber es la verdad.

Recientemente he ​​finalizado la lectura de un artículo del profesor Jaime Nubiola. En él repasa brevemente la noción de pragmatismo y lo que se deriva de él. ¿Y qué tiene que ver eso con la primera frase de la Metafísica? Pues que el profesor Nubiola sugiere algunas pautas para conocer la verdad. Me centraré en dos de sus citas, que seguramente no fueron escritas con la intención de suscitar a nadie una reflexión detenida sobre ellas, pero que me han llevado a pensar unas cuantas cosas.

La primera dice así: “la verdad es lo que los seres humanos nos entregamos unos a otros para forjar relaciones significativas entre nosotros”[2]. Me parece importante la reflexión en torno a la palabra “relación”. ¿Qué nos lleva a relacionarnos con los demás? Con muchas personas nos llevarán las propias circunstancias: compañeros de clase o de trabajo, familia, amigos, etc. Pero cuando una relación se vuelve más fuerte (pienso en una verdadera amistad, un noviazgo o incluso en el matrimonio) lo que queremos es conocer a la otra persona. En una relación seria deseamos saber acerca de la otra persona, queremos conocer su verdad.

Lo contrario a la verdad es la falsedad, la mentira. Por eso pienso que no nos gusta cuando nos mienten, cuando los demás “posturean” y quieren aparentar algo que no son. Nos gusta la naturalidad, la sencillez. Nos gusta conocer la verdad, aunque eso a veces conlleve descubrir defectos.

¿Y cuál es la verdad de una persona? Sinceramente, no lo sé. Se han dado tantas aproximaciones a lo largo de la Historia de la Filosofía… El profesor Enrique Alarcón nos enseñó que, en la persona humana, esencia y sujeto se identifican. Es decir: sólo yo soy yo y sólo tú eres tú. Quizás aquí empieza la verdad de uno mismo: descubrir que es único y que sólo él puede desempeñar su papel. En el templo de Delfos rezaba aquello de “conócete a ti mismo”. Uno debe conocerse, debe conocer su propia verdad, para poder entregarla a los otros y no mentirles.

Esto de conocer la propia verdad me recuerda a lo que le dice Rilke en Cartas a un joven poeta a Franz Xaver Kappus. Hablando del amor se lamenta de cómo los jóvenes se entregan a él antes de estar completos. Se fusionan unos con otros siendo dos mitades que no llegan a formar un uno entero. Lo que Rilke le aconseja a Kappus es que se forje él primero como un mundo que después pueda entregar al otro. Enlazándolo con lo que dice Jaime Nubiola, el ser un mundo es encontrar la verdad (incluyendo la propia) para así poder entregarla a los otros.

La segunda cita habla de una escala de maneras de pensar las cosas: hay maneras de pensar mejores y peores. “Mediante el contraste con la experiencia y el diálogo racional los seres humanos somos capaces de reconocer la superioridad de un parecer sobre otro”[3] dice Nubiola. Me recordaba esto a un artículo de Miguel Ángel Quintana Paz en el que decía que hay vidas mejores que otras. No se refería con esto a que una persona tenga más dignidad que otra, sino a que merecía más la pena vivir ciertos tipos de vida que otros. Creo que en esto también se puede llegar a un consenso.

No me resisto a añadir a este ensayo la letra de una canción del musical Tick Tick… Boom!: ‘Michael doesn’t see why Johnny holds so tight to the things that Johnny feels are true’[4]. En el momento de escucharla no pensé en relacionarlo con lo que dice Quintana Paz, pero veo que habla de vidas mejores y peores. Michael y Jonathan son dos amigos artistas que cogen caminos contrarios: Michael, al ver que no triunfa, decide “venderse” y dedicarse al marketing y la publicidad que Jonathan considera engañosas; Jonathan (Johnny) decide seguir siendo un artista pobre que obedece al arte y no al capitalismo.

Andrew Garfield interpreta a Jonathan Larson en el musical de Miranda, Rolling Stone.Lo que me gustaría resaltar es que Jonathan siente que lo que él hace es la verdad: vivir para el arte. Busca su verdad (él es artista) y crea su mundo (vive conforme a su vocación). Su vida parece mejor que la de su amigo, más auténtica, pues vive conforme a lo que cree.

Como vemos, todos buscamos saber la verdad y a cada uno corresponde descubrir la suya propia para poder ofrecérsela a los demás. La vida mejor será la vida auténtica, y habrá vidas peores cuando se vivan falsamente, en contra de la propia vocación, en contra de la propia verdad.

[1] Aristóteles, Metafísica, 980a

[2] Nubiola, J. “Pragmatismos y relativismo: C. S. Peirce y R. Rorty” en Unica. Revista de Artes y Humanidades de la Universidad Católica Cecilio Acosta, II/3,2001, pp. 9–21

[3] Ibídem

[4] Larson, J. Johnny Can’t Decide. En “Tick, Tick… Boom!”, RCA Victor, 1990.


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