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Sol, arena y verdad

Mariana Betancourt, alumna de doble grado en Filosofía y Periodismo, nos analiza la importancia del papel del periodismo en una crisis de poder como sucedió en la Isla de Puerto Rico


El verano puertorriqueño perdió su cotidianidad en el 2019. No se escuchaba salsa en las calles, el olor del mar se esfumaba y la cálida brisa del verano caribeño desaparecía. Entre multitudes y reclamos solo se respiraba lucha, una dignidad novedosa y extraña para cualquier puertorriqueño. El huracán María que arropó a la Isla de Puerto Rico en el 2017 hizo que la mediocridad política nos fuera evidente. Sin embargo, la tarea periodística hizo de aquello un hecho innegable. El periodismo fue el protagonista. Puso en evidencia la más trillada verdad y confirmó que las categorías políticas no son equivalentes a las categorías éticas.

La inestabilidad política y condiciones económicas habían sentado el ambiente sobre el que se desarrollarían estas protestas no partidistas. El presidente Barack Obama instaló en el año 2014 la Junta de Control Fiscal (JCF), junta de miembros electos por el presidente, cuya función era, y aún sigue siendo, reestructurar la economía de la Isla para pagar a los acreedores. Sin embargo, el Gobierno de Puerto Rico declaró la quiebra de manera oficial en el 2017 bajo el mandato del entonces gobernador electo Ricardo Rosselló. El manejo de fondos públicos durante el huracán María resultó ser nefasto y vino acompañado con el cierre de más de cuatrocientas instituciones educativas. Meses después, la Secretaria de Educación, Julia Keleher, fue arrestada e imputada por nueve cargos criminales, entre ellos conspiración y fraude. A un pueblo dormido le urge un gallo despertador, el nuestro fue el Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico.

El Centro de Periodismo Investigativo, (CPI) filtró un chat de Telegram donde habían participado altos ejecutivos del Gobierno de Puerto Rico. Entre ellos el gobernador de turno, Ricardo Rosselló y el Secretario de Hacienda, Christian Sobrino. También participaron el publicista Edwin Miranda y altos funcionarios de la rama ejecutiva quienes compartían información privilegiada. En el documento de ochocientas ochenta y nueve páginas se hablaba de todo: memes, mujeres y hasta el peso de oponentes políticos y del entonces presidente del senado, Jhonny Méndez. “Ja! ¡Gran trabajo guys! Cogemos de pendejos hasta a los nuestros”, esa fue una de las frases que tecleó el gobernador en el chat de Telegram. “No tenemos algún cadáver para alimentar a nuestros cuervos?”, preguntaba Sobrino refiriéndose a los cadáveres que dejó el huracán María y tildando de cuervos a los manifestantes.

El periodismo nos otorgó una sensación extraña, como cuando tomas un chicle de manera casi automática. Pasan horas sin darte cuenta que llevas masticando una goma dura e insípida por la mitad de la jornada. La decepción de masticar tanto y tan fuerte desembocó en una furia que no miró hacia atrás. El pueblo de Puerto Rico se detuvo por doce días consecutivos de protestas nacionales. Los ciudadanos gritaban “¡Ricky renuncia y llévate a la Junta!”, exigiendo un cambio de gabinete y estructuras de poder democráticas. Los poderes constitucionales se vieron retados hasta la noche del 24 de julio cuando Ricardo Rosselló dimitió de su cargo.

Todo ciudadano es un periodista en potencia. Con la ágil evolución de los medios comunicativos todo el mundo se vuelve capaz de informar, de educar y de entretener. El ciudadano Lorenzo Delgado Torres se convirtió en uno cuando encontró un almacén repleto de alimentos y suministros desperdiciados un año después de aquel verano. Los suministros como agua, comida enlatada y artículos de primera necesidad llevaban casi cuatro años tomando polvo y guardando cenizas. Harvard College estimó que 4,645 personas murieron tras el paso del huracán María, tanto por el desastre natural como por la falta de servicios esenciales, atención y alimentos. Aquel almacén no fue el único, siguieron apareciendo uno tras otro. Negligencia tras negligencia y fiscalización tras fiscalización.

El futuro de la Isla caribeña es tan incierto como su estatus político. Vamos flotando en un mar donde falla la memoria histórica y colectiva. Un mar salado donde las promesas nunca se materializan. Aun así, ante este escenario de incertidumbre nunca faltará la salsa, la playa o el sol. Y tras el ´verano del 2019´ tampoco faltará verdad en afirmar que ante un estado disoluto el poder fiscalizador recae en la tarea periodística y de documentación. Hacer buen periodismo es servir al prójimo, es dar extensión a la verdad. El buen periodismo dignifica el orden democrático de la sociedad, lo eleva. Mientras haya buen periodismo no existirá mañana en la que un país se levante sin escuchar al gallo despertador.


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